Lo que el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Mohammad Asif, llama "guerra abierta" con Pakistán es una escalada que viene de una acumulación de tensiones que se arrastran desde el regreso del talibán al poder en 2021.
5 claves de la “guerra abierta” entre Afganistán y Pakistán
El ministro de Defensa de Pakistán habló este viernes de "guerra abierta" contra el talibán de Afganistán, un conflicto se viene gestando desde 2021.
Asif señaló en la red social X que su país había esperado que, tras la retirada de las fuerzas de la OTAN, el talibán se dedicara a trabajar por el bien del pueblo afgano, pero, afirmó, se ha convertido en una "colonia de India", plataforma de insurgentes de todo el mundo y "exportador de terrorismo".
Sus declaraciones se produjeron horas después de que Pakistán llevó a cabo ataques aéreos en la capital afgana, Kabul, así como en Kandahar, en el sur, y en la provincia suroriental de Paktia, según funcionarios paquistaníes y el portavoz del gobierno afgano, Zabihullah Mujahid, citados por AP. De acuerdo con Islamabad, fue una represalia por las incursiones transfronterizas afganas.
La escalada de esta semana marca un dramático punto de inflexión en unas relaciones históricamente cordiales pero que en los últimos años se habían complicado y derivado en enfrentamientos esporádicos.
Estas son algunas claves para entender lo que ocurre.
1. De aliados incómodos a enemigos declarados
Durante años, la relación entre Islamabad y los talibanes estuvo marcada por una ambigüedad estratégica. Pakistán fue acusado internacionalmente de mantener vínculos con el movimiento insurgente, pero tras su regreso al poder en Kabul, la expectativa era que esa cercanía se tradujera en estabilidad fronteriza.
Pero, como constató Asif, esa expectativa no se materializó, al contrario. Islamabad acusa a Kabul de dar cobijo a militantes que lanzan ataques contra su territorio, algo que las autoridades afganas niegan categóricamente.
La actual escalada comenzó tras ataques aéreos pakistaníes el fin de semana en provincias afganas fronterizas, que Islamabad describió como respuesta a atentados suicidas recientes en su territorio. Kabul calificó esos bombardeos como violaciones de su soberanía y respondió con una ofensiva transfronteriza.
El resultado es una grave escalada desde los intercambios esporádicos a lo largo de la Línea Durand a ataques aéreos contra grandes ciudades y una declaración explícita de “guerra abierta”.
2. Torkham: la frontera donde la guerra golpea primero
El paso fronterizo de Torkham se convirtió en uno de los epicentros visibles de la escalada. Allí, periodistas reportaron disparos de artillería desde la mañana y enfrentamientos que alcanzaron el campo de Omari, donde se alojan afganos repatriados.
Testimonios recogidos en el lugar describen escenas de pánico: mujeres, niños y ancianos corriendo entre tiendas de campaña; personas que huyeron dejando documentos y dinero; reportes de menores heridos y desaparecidos en medio del caos.
Mientras los gobiernos intercambian cifras de bajas militares —55 muertos según Kabul, dos según Islamabad, 133 combatientes afganos muertos según portavoces pakistaníes— en Torkham el impacto inmediato es civil: evacuaciones, campamentos alcanzados por misiles y comunidades atrapadas entre dos ejércitos.
La tensión se produce además en el contexto de una masiva campaña de expulsión iniciada por Pakistán en octubre de 2023 contra migrantes sin documentación. Millones han cruzado de regreso a Afganistán desde entonces, incluidas personas que habían vivido décadas en suelo pakistaní.
3. “Colonia de India”: la retórica que amplía el conflicto
Uno de los elementos más llamativos en la declaración del ministro Asif fue acusar a Afganistán de haberse convertido en una “colonia de India”. Pakistán acusa frecuentemente a India de respaldar al Ejército de Liberación de Baluchistán y al Talibán pakistaní, acusaciones que Nueva Delhi niega.
Al vincular a Kabul con esa narrativa, Islamabad de alguna manera involucra en la crisis su rivalidad histórica con India.
La acusación también tiene una lectura en clave interna: refuerza el argumento de que Pakistán enfrenta agresiones externas coordinadas, no solo insurgencia local. Eso eleva el tono político y dificulta una desescalada rápida.
Kabul no ha respondido directamente a la acusación de “colonia”, pero sí ha insistido en que sus acciones fueron represalias frente a bombardeos previos y ha negado dar refugio a militantes que ataquen a su vecino.
4. El fantasma del Estado Islámico a ambos lados de la frontera
Una sombra que ha alimentado desconfianza y justificaciones de seguridad en Islamabad: la presencia y actividad del Estado Islámico – Provincia de Jorasán, también conocido como EI-K o ISIS-K.
Esta organización es una rama regional del Estado Islámico que opera principalmente en Afganistán y en partes de Pakistán, y que busca desestabilizar gobiernos y reemplazarlos por su visión extremista de un “califato”. Su base principal históricamente ha estado en Afganistán, especialmente en las zonas orientales cercanas a la frontera, y también ha perpetrado atentados mortales en suelo pakistaní.
Aunque los talibanes afganos y el EI-K comparten una ideología islamista, son enemigos irreconciliables: EI-K ha atacado tanto a fuerzas talibanes como a civiles en Afganistán y Pakistán, incluyendo masivos atentados como el doble ataque en el aeropuerto de Kabul en 2021 que dejó más de 180 muertos.
En los dos últimos años, las autoridades pakistaníes han justificado ataques fronterizos y operaciones aéreas señalando que militantes del EI-K y del Talibán Pakistaní (TTP) se refugian en territorio afgano para preparar atentados suicidas y otros hechos de violencia en su país. Kabul lo ha negado y tilda estas acusaciones de pretexto para ataques que violan su soberanía.
5. Irán y China: voluntarios para mediar
La escalada encendió alarmas regionales. Irán, que comparte frontera con ambos países, se ofreció a facilitar el diálogo y ayudar a reducir tensiones. Ya lo había hecho en una ronda previa de hostilidades en octubre.
China expresó “profunda preocupación” y pidió un alto el fuego inmediato. El gobierno de Xi Jinping mantiene una estrecha relación con Pakistán y, al mismo tiempo, ha cultivado vínculos con las autoridades talibanas desde 2021.
Pekín ha invertido miles de millones de dólares en infraestructura y proyectos energéticos en Pakistán y ha solicitado garantías para la seguridad de sus ciudadanos y proyectos en la región.
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Campamento de refugiados afectado
Ambas partes también informaron de intercambios de disparos en la zona fronteriza de Torkham.
Las autoridades afganas estaban evacuando un campamento de refugiados cerca del paso fronterizo de Torkham después de que varios refugiados resultaran heridos, dijo Qureshi Badlon, jefe de la Junta de Información y Concienciación Pública de Torkham. El Ministerio de Defensa dijo que 13 civiles resultaron heridos en un ataque con misiles contra el campamento, entre ellos mujeres y niños.
En el lado pakistaní de la frontera, la policía informó que los residentes también estaban siendo evacuados a zonas más seguras, mientras que algunos refugiados afganos que esperaban para cruzar de regreso a Afganistán también fueron trasladados a lugares seguros. Pakistán lanzó una amplia campaña de represión contra los migrantes en octubre de 2023 y ha expulsado a cientos de miles de personas.
La policía pakistaní informó que varios morteros disparados desde Afganistán habían caído en aldeas cercanas, pero no se reportaron víctimas civiles.
"Pakistán tomará todas las medidas necesarias para garantizar su integridad territorial y la seguridad de sus ciudadanos", afirmó el Ministerio de Información de Pakistán en una publicación en X.
El ejército afgano difundió imágenes de vídeo de vehículos militares moviéndose por la noche y el sonido de intensos disparos. El vídeo no pudo ser verificado de forma independiente.
Meses de tensión
La tensión entre los dos vecinos ha sido alta durante meses, con enfrentamientos mortales en la frontera en octubre que causaron la muerte de decenas de soldados, civiles y presuntos militantes. La violencia se produjo tras las explosiones en Kabul que las autoridades afganas atribuyeron a Pakistán. Islamabad, en ese momento, llevó a cabo ataques en el interior de Afganistán para atacar los escondites de los militantes.
El alto el fuego mediado por Catar entre los dos países se ha mantenido en gran medida, pero ambas partes siguen intercambiando disparos ocasionalmente a través de la frontera. Las varias rondas de conversaciones de paz celebradas en noviembre no lograron alcanzar un acuerdo formal.
El domingo, el ejército pakistaní llevó a cabo ataques a lo largo de la frontera con Afganistán, afirmando que había matado al menos a 70 militantes.
Afganistán rechazó esta afirmación, alegando que habían muerto decenas de civiles, entre ellos mujeres y niños. El Ministerio de Defensa afirmó qu e se habían alcanzado "varias zonas civiles" en el este de Afganistán, entre ellas una madraza religiosa y varias viviendas. El Ministerio afirmó que los ataques constituían una violación del espacio aéreo y la soberanía de Afganistán.
La violencia militante ha aumentado en Pakistán en los últimos años, y Pakistán culpa en gran medida de ello a los talibanes paquistaníes, o TTP, y a los grupos separatistas baluchis ilegales. El TTP es independiente de los talibanes afganos, pero está estrechamente aliado con ellos. Islamabad acusa al TTP de operar desde el interior de Afganistán, una acusación que tanto el grupo como Kabul niegan.
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