Masacre en Orlando

El imán de la mezquita de Omar Mateen culpa a internet de su radicalización

El líder de la mezquita de unos 130 asistentes regulares "predica contra ISIS cada viernes". Colgó un comunicado condenando el "ataque monstruoso" en un club gay de Orlando.
12 Jun 2016 – 6:37 PM EDT

FORT PIERCE, Florida. Omar Mateen fue a orar el viernes por última vez a la mezquita de Fort Pierce, donde ha acudido toda su vida.

Ninguno de los feligreses dice saber qué pasaba por su cabeza cuando seguía el rezo del imán Shafeeq Rahman, que concluyó a la medianoche. Solo 26 horas más tarde abriría fuego contra 50 personas en un club gay de Orlando, en el que ha sido considerado como el tiroteo masivo más mortífero ocurrido en la historia de Estados Unidos.

Como de costumbre, a Mateen le acompañaba en la mezquita su hijo de tres años con quien bregaba para que dejara de corretear por la alfombra y trataba de sentarlo de rodillas delante de él.

Como solía, Mateen no intercambió palabra con las decenas de asistentes con los que tampoco compartió la cena de Ramadán, el mes de ayuno que comenzó el lunes pasado.

"Solía llegar con su hijo, rezaba y se iba", asegura el imán Rahman. Nunca le pedía consejo espiritual y tampoco rompía el ayuno con los demás.

"Poco afable"

A Mateen le lavaron el cerebro en internet, asegura Rahman. "Lo que ha hecho no tiene nada que ver con las enseñanzas y rezos de nuestra mezquita", dice en una entrevista en su templo, aún en estado de shock, pocas horas después de conocer que Mateen mató a 50 personas.

Mateen llevaba toda su vida asistiendo al Centro Islámico de Fort Pierce, la ciudad del centro de Florida donde se crió. Aquí él, sus padres y hermanas son caras conocidas, pero él apenas tenía amigos en esta mezquita donde asisten regularmente unos 130 feligreses.

Un asistente de Rahman dijo que su comportamiento era arisco: "Tenía aspecto de culturista, muy poco afable".

Rahman y varios de sus asistentes dijeron no haber notado nada especialmente extraño en Mateen recientemente. Aquí asistía unas dos o tres veces por semana, dicen. Siempre de la mano de su hijo. No daba indicaciones de haber sido radicalizado, ni de tratar de reclutar a otros para su causa.

"Me sorprende que haya hecho eso y no haya pensado en su hijo", dice Adel Mefzi, el segundo imán de la mezquita. "Le besaba, le abrazaba. Era un padre muy cariñoso".

Sus tres hermanas y sus padres, residentes en la vecina Port Saint Lucie, tenían un trato más cercano con los líderes de la mezquita. Las hermanas ayudaban con la limpieza y otras tareas de mantenimiento.

Pero según el imán, la relación entre Mateen y el resto de su familia no era estrecha, motivo por el cual no tenía mucha información sobre el joven.

"Esta es una mezquita abierta, aquí no pedimos membresía para entrar, ni tenemos control de quien viene", se excusa Rahman al no poder aportar más datos sobre el autor de la masacre.

El imán también dice que en el caso de haber notado algún comportamiento sospechoso lo habría reportado a las autoridades, algo que no ha tenido que hacer desde que tomó las riendas del centro hace poco más de una década.

"Yo les digo (a mis fieles) todo el tiempo, 'No sean extremistas', 'No sean extremistas', porque no hay espacio en el Islam para este tipo de cosas".

La mezquita se encuentra en una zona residencial de casas aisladas en Fort Pierce. En la misma calle hay varias iglesias evangélicas. Los fieles proceden en su mayoría de esta ciudad y de la vecina Port Saint Lucie.

Shafeeq Rahman dijo que el Centro Islámico tiene buenas relaciones con los vecinos. Pero para evitar algún tipo de ataque, un auto policial se encontraba apostado en las inmediaciones a solicitud del propio imán.



"Somos personas normales"

El imán abrió este domingo las puertas del Centro Islámico a los periodistas, cuando aún no había sido interrogado por las autoridades. Explicó al mediodía a un puñado de periodistas que quería el máximo de transparencia para dejar claro que no existe ninguna conexión entre la masacre y la fe que él predica en su mezquita.

En la noche, decenas de periodistas entraron a la zona de rezo tras quitarse los zapatos. Allí, mientras él respondía a sus preguntas, otros creyentes rezaban arrodillados. Más tarde, los líderes de la mezquita invitaron a la prensa a comer junto a casi un centenar de fieles.

El propósito, explicó el imán, era demostrar que los musulmanes no son peligrosos: "Queremos que vean que somos personas normales".

Mientras los creyentes cenaban en la mezquita acompañados de algunos reporteros, dos policías hacían guardia en la puerta. No estaban allí para interrogar al imán o a los asistentes regulares, sino para proteger el lugar como medida de precaución.

Rahman asegura que en su plegaria ataca constantemente al grupo terrorista autodenominado ISIS (EI o Estado Islámico) que se atribuyó el atentado. "Todos los viernes hablo contra ISIS", exclama. "Ellos nos causan más problemas que nadie".

También agregó que en sus discursos la homosexualidad no es un asunto habitual. "Aquí yo hablo de que no hay que mentir, no hay que engañar, no hay que robar, no hay que matar, hay que ser honesto".



En cuanto se enteró de lo sucedido, el líder de esta mezquita ordenó subir un comunicado a la web en el que condenaban el ataque e informaban sobre los centros de Orlando donde era posible donar sangre para las víctimas.

"Condenamos este ataque monstruoso y ofrecemos nuestras sentidas condolencias a las familias y seres queridos de todos los muertos y heridos", dice el mensaje.

"La comunidad musulmana de Fort Pierce se une a los demás estadounidenses en el repudio de cualquiera o cualquier grupo que asegure justificar o excusar tal acto de violencia horrendo".


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