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Redadas

“Vivimos una cacería humana”: las escuelas también se preparan para las redadas de ICE

Las maestras y los padres con documentos, tanto hispanos como anglosajones, se organizan en esta escuela de Carolina del Norte para ayudar a los padres sin papeles que corren el riesgo de ser deportados y separados de sus familias, en algunos casos, luego de vivir décadas en Estados Unidos.
3 Mar 2019 – 3:14 PM EST

DURHAM, Carolina del Norte.- Justo la mañana que vio a los agentes de migración rondando por su calle, Teresa* había hecho una lista de teléfonos de emergencia a los que su esposo o sus hijos podrían llamar si la detenían o la deportaban por vivir sin documentos en Estados Unidos desde hace 14 años.

“Me dije: tengo que dejarles contactos. Si fuera mi esposo al que detienen, yo sé a quién llamar porque tengo en mi teléfono los contactos. Pero si es a mí, ellos no van a saber a quién hablar. Le dije a mi hija: ‘ Si pasa algo, no te espantes, llama a estas personas y ellos van a saber qué hacer por mí, a quién recurrir’”, cuenta Teresa, que nació en Puebla, México, y ahora tiene más parientes acá que allá.

Pegó la lista junto a la puerta de entrada de la casa, entre los retratos familiares, y salió a las 8:30 de la mañana para llevar a los niños a la escuela. Cuando estaban los tres en el carro, antes de encender el motor para salir, reconoció una de esas camionetas van negras que usan los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para moverse en Carolina del Norte.

“Traté de no alarmar a mis hijos pero tengo una hija de 14 y a ella es imposible engañarla. Les dije: ‘Ese carro se me hace como sospechoso. Vamos a bajarnos sin abrir las puertas del lado donde ellos puedan ver, vamos a meternos a la casa y ahorita veo cómo le hago’”, recuerda.

Entonces los tres entraron a la casa y durante dos semanas Teresa no se atrevió a salir.

“Nos encerramos. Yo no salí para nada y mi esposo ya no trabajó al siguiente día. La comida la mandé a pedir. Antes se había escuchado que Migración andaba por aquí, por Durham, pero nunca como esa cacería que se vió en estos días. Porque se vivía así: como una cacería de humanos. Pero es la comunidad de Durham quien nos está echando, es un berrinche federal”, dice Teresa.

Los agentes de ICE (como se le conoce a la agencia por sus siglas en inglés) ejecutaron un operativo especial de redadas en Durham y otros seis condados de Carolina del Norte que no colaboran con las políticas del gobierno federal para la detención de migrantes. Entre el miércoles 6 y el viernes 8 de febrero, detuvieron a más de 225 personas, según informó la agencia, y aún no hay información oficial disponible sobre cuántos eran indocumentados y cuántos ya fueron deportados.

Esa semana, las maestras y los padres de la escuela primaria a la que asiste el hijo menor de Teresa crearon grupos de Whatsapp para entrar en contacto y ayudar a los padres indocumentados que no se atrevían ni a llevar a sus hijos al colegio. La sorpresa de Teresa es que muchos de estos padres son blancos anglosajones.

“Padres de familia americanos, anglos, hicieron el favor de raidiar (darle aventón) a mi hijo y a mi hija a escuela. En ese momento me sentí protegida y di muchas gracias de que hay personas así. Pero pasando los días digo: si queremos vivir en este lugar, no podemos vivir encerrados”.

A Teresa la contactó Abby: una neoyorquina de 42 años que hace poco se mudó con su familia a Durham, en Carolina del Norte, huyendo del frío y con la idea de construir “un nuevo sur” menos racista que el antiguo. A la pregunta de por qué lo hizo, por qué ayudó a Teresa, Abby responde con otra pregunta: ¿cómo no iba a hacerlo?

“Yo tengo un auto, un estatus legal, ¿y qué hago con todo eso si los amigos de mis hijos tienen miedo? ¿Cuánto hay que confiar, cuán desesperada tienes que estar para entregarle a tus hijos a una desconocida para que los lleve a la escuela?”, vuelve a preguntar Abby y vuelve a contestar: “Estamos construyendo confianza. ‘Ellos’ somos ‘nosotros’, una sola una comunidad. Son nuestros amigos, nuestros vecinos. Compartimos la ciudad, las calles, las escuelas. Es nuestra responsabilidad ayudarlos”.

Abby es de las que piensa que el balance entre quienes toman riesgos debe cambiar, que más ciudadanos con documentos deben tomar acciones, pequeñas o grandes; organizarse para lidiar con el presente que les tocó y vivir, y a la vez construir la sociedad del futuro.

“Mi esposo es negro y estamos acostumbrados a ser objeto de ataques. También soy judía y mis ancestros se escondían, tenían miedo. Si más gente los hubiese ayudado, yo habría tenido más familiares vivos. Los migrantes no son solo gente que se esconde, son gente inteligente que quiero tener a mi lado”, afirma ella.

El esposo de Abby es también profesor: enseña inglés como segunda lengua. Y desde principio de febrero, antes de enviar a los alumnos a casa, llama a los padres de algunos de ellos que no tienen documentos para saber si siguen en casa.

Cada vez hay más padres estadounidenses que le escriben a las maestras de esta escuela de Durham para sumarse a los grupos de voluntarios en Whatsapp. Uno de ellos, padre de un niño que cursa el tercer grado, es abogado de migración y organizó una charla en el comedor para responder preguntas y aconsejarle a las madres sin documentos qué hacer si ICE llega a sus casas o las detiene en las calles.

Una de las profesoras que trabaja como vínculo e intérprete entre el departamento de escuelas públicas del condado y la comunidad hispana dijo a Univision Noticias que la organización en torno al tema de las redadas, que se dio espontáneamente entre los padres y el personal de la escuela del hijo menor de Teresa, no es común encontrarla en otros planteles a los que asisten incluso más estudiantes hispanos, con urgencias todavía mayores.

“Visito escuelas donde el 50% de la población es latina, pero donde no hay esa fuerza de parte de la administración o del personal que quiere hacer algo. Allí no consigues esta organización que hay acá, donde hay grupos de Whatsapp de padres y vecinos que se unieron para ayudar”, explica la docente, que pidió mantener su nombre en reserva.

Hay escuelas de Durham donde estudian hasta 380 estudiantes latinos y que solo cuentan con un profesor de origen hispano. “Y allí no hay tanto apoyo para la población; no porque los profesores no quieran, sino porque no se dan abasto”.

Esta maestra está poniendo especial atención en dos casos de niños hispanos que han dejado de asistir a la escuela: el primer caso es el de una niña de sexto grado que ya no quiso volver cuando a su padre lo deportaron; y el segundo es el de dos hermanas que pierden semanas enteras de clases cada vez que a su mamá le toca presentarse en las cortes de migración de otro estado.

En medio de tanta dificultad que enfrentan los alumnos hispanos, de padres con documentos o sin ellos, Bastidas confía en que las cargas estarán más balanceadas en el futuro: “Yo siento que mañana o pasado, cuando seamos unas ancianas, voy a estar contenta de ver a la mitad de la población de este país con nuestros rostros, ubicados en puestos a los que hoy no tenemos derecho”.

* Teresa es un pseudónimo, el personaje de este historia pidió expresamente no revelar su nombre por temor a ser identificado y detenido por las autoridades migratorias.

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