"Los planes no salieron como queríamos": esta migrante de la caravana fue atropellada y perdió a un primo y un amigo en Tijuana

Salió de El Salvador con su esposo, su primo y dos amigos con el sueño de llegar a Estados Unidos. Ahora Yanira Lisbeth Cunza de Martínez está varada en Tijuana, donde perdió a un amigo en un accidente laboral y a su primo atropellado por un auto, en un incidente en el que ella también resultó herida. Esta es su historia.
8 Dic 2018 – 8:10 PM EST

TIJUANA, México. - Sentada en una silla de ruedas que le donaron se encuentra Yanira Lisbeth Cunza de Martínez, una migrante originaria de Sonsonate, El Salvador, que se unió a la caravana migrante y ahora espera su turno para pedir asilo en Estados Unidos en el interior del albergue de El Barretal, ubicado en la colonia Mariano Matamoros en la zona este de Tijuana. Le acompaña su esposo Carlos Hernández, mientras platica con otros migrantes.

A lo lejos se percibe el vendaje que cubre gran parte de su cabeza, con el que protege una sutura de veinte puntadas producto del atropellamiento del que fue víctima el pasado viernes 30 de noviembre afuera del propio albergue y en el que perdió la vida su primo Nelson Armando, quien les acompañaba en este largo viaje. Su semblante denota tristeza, pero ella dice que es en realidad por el terror que tiene de seguir en México.

Las amenazas que han recibido, los insultos de la gente en esta ciudad, las malas condiciones del albergue y haber perdido a su primo y también a otro de sus amigos que le acompañaban en un accidente laboral en Tijuana le apagaron los sueños que en algún momento tuvo de quedarse en esa ciudad mexicana, donde ya tenía ofertas de trabajo.

Ahora solamente piensa en el asilo en Estados Unidos. Su esposo y ella tienen la ficha 1692 y espera que se lo concedan porque en México ya no quiere quedarse y a su país dice no querer regresar jamás porque sería “regresar a su propia muerte”.

“Nuestro objetivo era pedir asilo en EEUU”

Yanira Lisbeth se fue de su natal Sonsonate el día 31 de octubre, junto con dos amigos de nombres Lázaro Daniel y Luis Mendoza, además de su primo Nelson Armando y su esposo. Salieron por su propia cuenta, pero se unieron a la caravana una vez que cruzaron territorio mexicano, en Huixtla, Chiapas.


Dicen que se fueron porque a su esposo intentaron matarlo unos pandilleros. En El Salvador, ella se dedicaba a elaborar pizzas y él las repartía o salía a venderlas. Como el hombre andaba por todos lados ofreciéndolas, asegura que lo confundieron o pensaron que era detective y que nada más andaba viendo dónde se ocultaban los pandilleros.

Según su relato, en una ocasión lo estuvieron esperando en un sitio en el barrio para matarlo, pero su hermano se enteró y logró avisarle a tiempo que no pasara por ese lugar. Y, aunque esa vez pudieron evitarlo, después llegaron las amenazas directas que les llevaron a poner una denuncia a la policía. Al no ver respuesta ni garantías de seguridad salieron.

Con el contingente mayor de la caravana comenzaron a caminar y transitar por todo México con la idea de estar protegidos y resguardados. En ese camino no les pasó nada y agradecen que encontraron a muchos mexicanos que les brindaron comida, bebida, ropa y calzado.

Hasta que llegaron al albergue que se instaló en la unidad deportiva Benito Juárez, en la zona norte de la ciudad y les tocó en la parte terregosa. La fuerte lluvia que cayó el día jueves 29 de noviembre provocó daños severos y condiciones inhabitables.


Esa misma noche, de manera improvisada, las autoridades abrieron como refugio el antiguo centro de espectáculos de El Barretal, a donde comenzaron a llevar a los migrantes con la idea de que estarían “más seguros” y con mejores condiciones.

Dos accidentes en pocos días

Yanira Lisbeth, su esposo y su primo accedieron ir al nuevo albergue. Para aquel momento, el grupo de cinco se había quedado reducido a tres. Uno de los amigos con los que partieron, Lázaro Daniel, había conseguido empleo en la construcción en Tijuana con un tío suyo. Un día trabajaba en una obra de reparación de una red pluvial en una calle de la colonia Mariano Matamoros Norte cuando se produjo un derrumbe, quedó soterrado y falleció.

Pero no era la única tragedia que le esperaba al grupo. El viernes 30 de noviembre, sobre las 4:00 de la tarde, Yanira Lisbeth regresaba de buscar comida con su esposo y su primo cuando, a media cuadra del albergue, su esposo le dijo que tuviera cuidado y le jaló de la mano.

“Solamente sentí el impacto en mi cuerpo del lado izquierdo y que me aventó contra la pared y reboté cayendo al suelo. Sentía que me faltaba el aire y le decía a mi esposo: ‘Me muero, me muero’ y él me pedía que no dijera eso y gritaba pidiendo auxilio”, recuerda. “Yo le decía: ‘¿y Nelson, cómo está Nelson?’, pero mi esposo me cubría el frente y no lo miraba. Gracias a Dios por ahí está el Hospital Bethel y de ahí salió un médico, corrió hacia mí para auxiliarme, me puso un vendaje en la cabeza y un collarín, pero yo le decía que atendiera a Nelson”.

Solo fue cuando el médico se retiró que vio a su primo debajo del pick up con su cuerpo prácticamente doblado a la mitad y con las rodillas destrozadas. "Mi esposo les pedía que lo atendieran a él y, a como pudieron, tres personas levantaron el carro y cayó al piso pero ya como un trapito. El médico le tomó los signos vitales y dijo que ya estaba muerto”, lamenta.

Mientras suplicaba por la pérdida de su vida, los doctores subieron a Yanira Lisbeth a una ambulancia y la llevaron al hospital. "Ya estando ahí sacaron a mi esposo y se acercó una enfermera, me preguntó que de dónde era y le dije que de El Salvador, le expliqué lo que me pasó y todavía me dijo: ‘Ya ves, para que te venías para acá’. Yo no le quise contestar ni le dije nada porque pensé que si le tocaba atenderme me trataría mal”.

La mujer recibió una sutura de casi 20 puntos en mi cabeza y aunque no tiene nada roto sí que recibió bastantes golpes que le impiden caminar. "Por eso ando en silla de ruedas, pero yo le doy gracias a Dios porque me dio una segunda oportunidad de vida y él sabe el propósito que tiene con nosotros”, dice.

Teme por su vida

Pese a que hasta el momento del accidente, Yanira Lisbeth y su esposo se habían planteado quedarse en Tijuana, lo sucedido les ha hecho replantearse las cosas: “Yo tenía planes de quedarme ya acá a trabajando, tenía ofertas de trabajo y ya había pedido la visa humanitaria. Estábamos muy contentos de que íbamos a trabajar los dos, pero con esto que me pasó yo definitivamente acá no me quedo, tengo miedo”, dijo.

Ahora la pareja no sale del albergue. Es tanto su temor que prefieren “conformarse” con lo que ahí dentro les dan y solo esperan con ansias que les toque su turno para solicitar el asilo. Si no se lo dan, se regresarán a su país aunque sea peligroso porque allá se quedaron sus dos hijos adolescentes.

Sobre el cuerpo de su primo, ella se comunicó con el cónsul de El Salvador en México, quien se encargará de realizar todos los trámites para que lo puedan trasladar hasta su tierra natal con su familia.

Por otra parte, tras el accidente, desde la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) se informó que se había detenido al conductor que atropelló a los salvadoreños de nombre José Isidro "N”, originario del estado de Chiapas, quien presentaba aliento alcohólico, por lo que fue remitido con las autoridades correspondientes.

“Mi sueño solo es sacar adelante a mis dos hijos que están en El Salvador. Los planes no nos salieron como queríamos, pero queremos superarnos como personas, vivir un poquitito mejor porque en El Salvador no vivíamos muy bien”, dijo finalmente la señora.

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