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Elecciones 2016

"¿Qué va a pasar? ¿Qué podemos hacer?": Los trabajadores indocumentados en el campo despiertan con miedo e incertidumbre

La victoria de Donald Trump trajo un amanecer de conversaciones preocupadas y consultas legales entre las filas de plantas de fresas en el Valle de Salinas, en California.
9 Nov 2016 – 6:28 PM EST

SALINAS, California — Eran las 7:00 de la mañana cuando Silvestre Guzmán Méndez llegó a trabajar a un campo con cientos de filas de plantas de fresas, cubiertas con plásticos grises.

Recién entonces se enteró de que Donald Trump será el nuevo presidente de Estados Unidos. Era el tema de conversación entre las decenas de trabajadores, hombres y mujeres a los que apenas se les veía el rostro por los sombreros y sudaderas de capucha y manga larga que usan para estar protegidos cuando el sol levanta.

Guzmán, un inmigrante indocumentado de Oaxaca, México, se había ido a dormir a las nueve de la noche, sin esperar el resultado de la elección. Ahora, tras escuchar la noticia, el hombre de 51 años piensa que sus planes de retirarse en México en unos años podrían acelerarse, contra su voluntad.

Al fin y al cabo, el presidente electo prometió deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados.

"Si sigue con las amenazas, mejor irse para su país", dice Guzmán en una pausa del trabajo, cuando el sol de la mañana ya empieza a picar en las espaldas. La alternativa, explica, será "estar ahí, con temor de que nos van a atrapar en las carreteras, con las redadas".

Como Guzmán, hay miles de indocumentados en la región agrícola alrededor de Salinas, en la costa central de California, la 'ensaladera del mundo' que hicieron famosa las novelas del escritor local John Steinbeck. La victoria sorpresiva desató temor en la zona por las medidas que Trump pueda tomar contra los 'sin papeles' y también la incertidumbre de no saber qué hacer.

"La gente está demasiado... desolada. Esa sería la palabra", dice, con la voz temblando, la mexicana Teresa Barrera, una proveedora de servicios de inmigración del grupo sin fines de lucro Proyecto de Ciudadanía, en Salinas. "Ellos tienen mucho temor".

Barrera había preferido no mirar la tele la noche de la elección. A las seis de la mañana, empezó a recibir llamadas de trabajadores del campo.

"¿Qué va a pasar?", le preguntaban. "¿Qué tenemos que hacer?"

Pero no tiene respuestas para darles. Trump asumirá la presidencia el 20 de enero y no hay un cronograma específico para las medidas que pueda tomar sobre inmigración.

En su plan migratorio, el que se apresta a ser el presidente 45 de Estados Unidos prometió deportar a dos millones de indocumentados con antecedentes criminales, más otros cuatro millones que se pasaron en la estadía de su visa. También dijo que los otros cinco millones de indocumentados deberán salir del país, aunque esto sería una pesadilla logística para el propio gobierno.


En el Valle de Salinas, casi todos los trabajadores del campo son indocumentados, dice Barrera, por lo que es posible estimar que poco más de la mitad de la población de unos 160,000 habitantes está allí sin papeles.

Toda la mañana de este miércoles, Barrera recibió llamadas de padres preocupados por sus hijos que aprovecharon la acción ejecutiva DACA para ampararse de la deportación y empezar a construir una vida normal en Estados Unidos. Estos jóvenes lograron que los campos de fresas, alcachofas o lechuga no sean su única alternativa laboral y empezaron a trabajar en oficinas, clínicas o restaurantes. Pero Trump prometió anular todas las acciones ejecutivas migratorias del presidente Barack Obama.

"¿Qué va a pasar con mi hijo?", le preguntaban. "¿Recibirá su permiso de trabajo, se lo cancelarán?"

"Estos muchachos, quitándoles los permisos, se quedan a la deriva", dice Barrera, que llegó indocumentada desde la Ciudad de México hace 28 años y se amparó en la amnistía del presidente Ronald Reagan en 1986. "No sé qué contestarles, yo misma no sé que sigue, qué nos espera".

La única esperanza, agrega, es que Trump no sea tan duro, que lo suyo haya sido "una máscara" para ganar votos. Finalmente, suelta una risa: "Y, que igual que otros presidentes, no cumpla las promesas".

El mal humor y la desazón estaban en todos lados al día después del sacudón electoral. En el pueblito de Castroville, que se ufana de ser 'el centro mundial de las alcachofas' con un cartel en la calle principal, María Hernández, de 61 años, dice que sus familiares amanecieron "todos tristes".

"Mi nieta, de 12 años, me había dicho: 'pídale a Dios que no gane, porque todos los de pelo negro nos vamos a ir de aquí'. ¡Y ella es nacida aquí!".

Su marido Javier, camionero de la empresa de materiales Granite, la había despertado cuando se confirmó la victoria de Trump. Ya no se pudo dormir por un rato. A la mañana, una amiga pasó por su casa, enojada: "No se me quita el coraje, ¿no ve que ganó el de pelos rojos?", le dijo.

Cuando llegó a un supermercado hispano en Salinas, se dio cuenta del silencio. Los empleados no habían querido ni encender la radio. El humor era similar cuando pasó por un salón de belleza en la calle principal de Castroville. "Es triste –dice–, porque... tanta esperanza que había".

"Si deportan, afectarían mucho al trabajo del campo", dice la peluquera Susana Mondragón, de 35 años, que también da clases en un gimnasio y el martes llegó tarde a una clase porque estaba votando por Hillary Clinton. "La fresa, la lechuga, se quedarían sin empleados. Es lo único que pueden hacer (los indocumentados)".

Para varios, el temor a las redadas fue una de las primeras sensaciones. Pero otra era la resignación.

"Ni modo, ¿qué se le puede hacer?", pregunta el oaxaqueño José Manuel Hernández, de 24 años, mientras descansa en su coche del sol y del trabajo duro del campo, al lado de la carretera que va de Salinas hacia Monterey.



Por la mañana, uno de sus tíos en México le preguntaba por WhatsApp qué va a pasar. Su respuesta fue: "Ni modo, ya ganó".

"Mientras no ponga las redadas, hay que seguir trabajando", dice.

Hernández vive a 45 minutos al sur de allí, en Greenfield. Le preocupa que lo puedan parar, ya que maneja sin licencia, y que una detención termine en una deportación.

"Por el trabajo, anda uno en carro y lo pueden parar a uno", dice. "No sabes qué puede pasar".


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