¿Qué pasaría en caso de un empate entre Trump y Clinton?

Si se cumplen los malos pronósticos que indican las encuestas, Donald Trump no tendrá opciones viables para llegar a los 270 votos electorales que se necesitan para ser presidente de EEUU. Lo más que puede aspirar por ahora es un empate.

La diferencia en Pensilvania a favor de Hillary Clinton se está agrandando, una mala noticia para Donald Trump, que, si se cumplen las encuestas, se está quedando sin opciones viables para llegar a los 270 votos electorales que se necesitan para ser presidente.

Larry Sabato, el politólogo de la Universidad de Virginia, ya ha pasado oficialmente Pensilvania de la columna de “se inclina hacia los demócratas” a la de “probablemente demócrata”.

En este escenario, Trump tendría que aspirar a ganar todos los estados donde tiene ahora ventaja y todos los estados donde van por delante los demócratas.

Estos estados marcados en gris son los que tienden hacia Clinton y por los que Trump podría luchar.


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Ganar todos sería difícil para Trump, pero estos estados que tienden hacia Clinton son los más ajustados. En algunos casos, mucho, como Iowa, Florida o Carolina del Norte, y en otros, menos, como New Hampshire. Si el candidato republicano consiguiera batir esta tendencia y quedarse con todos estos estados, estaría ante el escenario que ahora mismo sería lo máximo por lo que podría luchar: el empate a 269 votos electorales.

Así quedaría el empate.


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Esta web, 270towin, muestra 32 posibles escenarios de empate. Todos muy improbables, pero no imposibles.

¿Qué pasaría en ese caso?

Si hay un empate, la responsabilidad pasa a la Cámara de Representantes, que lleva más de un siglo sin intervenir en el resultado de unas elecciones presidenciales.

En realidad, nunca ha habido un empate exacto del colegio electoral entre dos candidatos a presidente. Pero en tres ocasiones en la historia, la Cámara ha tenido que intervenir por falta de mayoría del candidato a presidente, cuando las reglas y los números eran distintos.

Sucedió en las elecciones de 1800, cuando los candidatos a presidente y a vicepresidente del mismo partido, Thomas Jefferson y Aaron Burr, recibieron el mismo número de votos; en 1824, cuando los votos quedaron divididos entre cuatro candidatos y ninguno logró la mayoría del total; y en 1896, cuando tres estados tuvieron una disputa interna sobre a quién votar.

De hecho, un empate exacto del colegio electoral es un ejercicio de ficción. Así ha sucedido en la última temporada en la serie Veep, también con una mujer aspirante a ser elegida la primera presidenta de Estados Unidos.


Lo que sucedería en caso de empate es que las 50 delegaciones estatales de la Cámara de Representantes tendrían que votar. Cada una de esas delegaciones, donde habitualmente hay congresistas republicanos y demócratas, tendría que decidir primero internamente el voto.

La situación actual de la Cámara es que los republicanos tienen el control de la mayoría de las delegaciones estatales: 33 estados de dominio republicano contra 14 de control demócrata. Hay tres estados empatados, es decir donde hay el mismo número de congresistas demócratas que republicanos: New Jersey, New Hampshire y Maine.

“Cada estado tiene un voto en la Cámara, y las delegaciones votan internamente. Si hay un empate, pueden anunciar eso o simplemente no votar. No ha pasado en mucho tiempo”, me explica el profesor de Harvard Alex Keyssar, que está escribiendo un libro sobre el colegio electoral que espera publicar antes de las elecciones.

La Cámara de Representantes que tendría que votar no es la actual, sino la que salga de las elecciones del 8 de noviembre. Los demócratas tienen difícil recuperar la mayoría, pero tienen esperanzas en los escaños más disputados en lugares como Nueva York o Pensilvania. Aun así, ni siquiera el control de la mayoría de los sitios significa el control de la mayoría de las delegaciones estatales, según explicaba muy bien en enero Kyle Kondik, el director de Crystal Ball, la web de Sabato. Además, si Trump lograra ganar los estados que ahora se inclinan hacia Clinton, eso significaría que los demócratas tienen un mal resultado en noviembre.

Por ello, en un escenario de empate, lo más probable es que los republicanos siguieran controlando la mayoría de las delegaciones estatales. Eso, en teoría, le daría la mayoría de votos al candidato republicano. Ahora bien, el de este año no es cualquiera, y Trump no tendría garantizado todos los votos de sus colegas de partido.

Hay varios congresistas que ya han anunciado que no apoyarán a Trump en noviembre. Ileana Ros-Lehtinen, de Florida, dice que escribirá “Jeb Bush” en su papeleta aunque el exgobernador no se presente. Fred Upton, de Michigan, dice que no votará. Charlie Dent, de Pensilvania, también dice que se abstendrá. Adam Kinzinger y Bob Dold, de Illinois, aseguran que no pueden votar a Trump, aunque no han aclarado si votarán a otro candidato.

El Atlantic va actualizando aquí la lista de los republicanos que se están pasando a Clinton o al libertario Gary Johnson o que aseguran no votarán por Trump.

Si la Cámara no diera al menos 26 votos a ningún candidato, en ese caso la responsabilidad pasaría al Senado, que tendría que elegir al vicepresidente. Si no hubiera una mayoría para el presidente, el vicepresidente ocuparía su puesto, según la enmienda número 20 de la Constitución.

En esta cámara, ahora los republicanos también tienen mayoría, pero los demócratas pueden reconquistarla en noviembre. Además, contarían con un voto más, el del vicepresidente Joe Biden.

En ese escenario, el demócrata Tim Kaine tendría más fácil ocupar el puesto de presidente que Mike Pence, el elegido por Trump de segundo.


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