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Elecciones 2016

¿Qué camino tomará el odio que destapó la campaña en el país de Donald Trump?

El empresario devenido en presidente llevó a cabo una campaña incendiaria en la que normalizó sentimientos de xenofobia y racismo en ciertos sectores del país. La pregunta ahora es si la victoria de Trump envalentonará aun más a los extremistas que lo siguen.
10 Nov 2016 – 01:53 PM EST

La victoria de Donald Trump arroja una sombra de duda sobre un país dividido: ¿qué camino tomará el odio que afloró durante una campaña política tóxica?

Si miramos lo que ocurre al otro lado del Atlántico, donde el discurso xenófobo y nacionalista cobró un impulso similar al de Trump, el panorama no es muy alentador. Allí, la ola populista y antiinmigrante que inunda algunos países europeos ha dejado sus secuelas.

Después de que los británicos votaran a favor de salir de la Unión Europea en un referendo conocido como Brexit, se dispararon los crímenes de odio contra las minorías étnicas. The Guardian citó en junio pasado cifras de un sitio web que monitorea este tipo de crímenes: en apenas cuatro días, aumentaron un 57%.

En Grecia, después que el partido neonazi Amanecer Dorado entrara al parlamento por primera vez en 2012, los ataques contra inmigrantes y refugiados alcanzaron “proporciones alarmantes”, según Human Rights Watch.

La islamofobia aumentó en Francia después de los atentados terroristas que conmocionaron al país en noviembre del año pasado. El Colectivo contra la Islamofobia en Francia (CCIF) registró más de 200 actos de violencia contra musulmanes tras los ataques perpetrados por seguidores de Estado Islámico (EI, también conocido como ISIS).

Estados Unidos apenas ha tenido tiempo de asimilar el ascenso inesperado de Trump. Pero el día después de su elección, cunde el miedo entre las minorías que fueron atacadas por el magnate. ¿Qué futuro les depara bajo un presidente que ganó enarbolando la bandera de la intolerancia? Si la campaña es el punto de referencia, les esperan días sombríos.

Las iniciativas que preocupan

El magnate neoyorquino inauguró su candidatura acusando a los indocumentados mexicanos de ser “criminales” y “violadores”. Prometió acabar con el ingreso de refugiados sirios. Llamó a prohibir la entrada en EEUU de los musulmanes. Durante las primarias republicanas, se tomó su tiempo en rechazar el apoyo entusiasta que le dio David Duke, un exlíder del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan (KKK).

Su retórica normalizó sentimientos racistas y xenófobos que se venían gestando en ciertos sectores del país. En 2015, el año en que Trump lanzó su candidatura, el odio pareció estar en alza. Según investigadores de la Universidad Estatal de California, los abusos contra musulmanes aumentaron un 78% en 2015. Llegaron a su nivel más alto desde los atentados del 11 de septiembre en 2001. Estos crímenes se dieron en el marco de un aumento en “los prejuicios, el terrorismo recurrente y la polarización política”.

La fundación Southern Poverty Law Center publicó a comienzos de este año un informe sobre el “odio y el extremismo” en 2015. Según dice, los episodios violentos y ataques como la masacre de Charleston, en Carolina del Sur, estuvieron acompañados de una “retórica incendiaria” por parte de varios políticos. El informe menciona al empresario devenido en presidente. “Las declaraciones demonizadoras de Donald Trump contra los latinos y musulmanes electrificaron a la derecha radical”, sostiene.

En su primer discurso tras haber ganado las elecciones, Trump dio un mensaje conciliador dirigido a todos los estadounidenses. “Ha llegado el momento de estar unidos como un solo pueblo”, afirmó. “Prometí que sería el presidente de todos y eso es importante para mí”. Su contrincante, Hillary Clinton, pidió al día siguiente tener una “mente abierta” con Trump y “darle la oportunidad de liderar”.

Pero más allá del tono que vaya a adoptar como presidente, le será difícil desandar el camino que trazó durante su campaña virulenta. Tampoco hay señales de que tenga intención de hacerlo, más allá de sus palabras moderadas del martes.

Sus seguidores más extremistas parecen sentirse reivindicados por su victoria. El martes por la noche, nacionalistas blancos y miembros de la Alt-Right (derecha alternativa) celebraron la noticia que conmocionó al mundo. Algunos incluso dijeron que era el comienzo de la “revolución blanca”, según Southern Poverty Law Center, que monitorea grupos extremistas del país.

La fundación hizo un listado de los mensajes llenos de orgullo que publicaron rostros visibles de la Alt-Right, que agrupa a internautas blancos y ultranacionalistas, neonazis y miembros del Ku Klux Klan. Uno de ellos fue David Duke, el exlíder del KKK.


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