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Elecciones 2016

Por qué presentarse como el candidato de ley y orden no es la mejor estrategia para Trump

Los disturbios raciales en varias ciudades y las masacres de Baton Rouge, Dallas y Orlando han ofrecido al candidato republicano la oportunidad de presentarse como el antídoto a un entorno convulso.
19 Jul 2016 – 3:11 AM EDT

Ley y orden son argumentos habituales para cualquier republicano inmerso en una carrera presidencial. Pero pocos aspirantes han subrayado tanto esos dos argumentos en las últimas décadas como Donald Trump, que los convirtió en el centro de la primera noche de la convención.

Los disturbios raciales en varias ciudades y las masacres de Baton Rouge, Dallas y Orlando han ofrecido al candidato republicano la oportunidad de presentarse como el antídoto a un entorno convulso. Trump aspira a reinventarse como el hombre llamado a pacificar un país dividido pero antes debe exagerar esa división.

Así cabe entender las soflamas a favor de la policía del shérif de Milwaukee o los testimonios contra los indocumentados que se escucharon este lunes en la convención. También los testimonios de los supervivientes del ataque de Bengasi, que dejaron detalles demasiado gráficos para una convención que emiten las grandes cadenas en ‘prime time’.

El plato fuerte de esta jornada de ley y orden fue la intervención de Rudy Giuliani, que ejerció como alcalde de Nueva York durante los atentados contra las Torres Gemelas e intentó sin éxito en 2008 una carrera presidencial. Giuliani protagonizó una intervención eléctrica que puso en pie al auditorio y canalizó el ruido y la furia que exuda la campaña del candidato republicano de 2016.


“La mayoría de los americanos no se sienten seguros. Temen por sus hijos, por sí mismos y por sus agentes de policía, a quienes disparan por la espalda”, dijo Giuliani antes de agradecer su trabajo a los policías de Cleveland sin importar su raza o su orientación sexual”.

Fue un discurso apasionado y lleno de guiños a la gestión de Giuliani como alcalde de Nueva York. “No hay una América blanca y otra negra. ¡Sólo hay una América! ¿Qué fue de ella? Yo transformé Nueva York, que dejó de ser la capital del crimen y pasó a ser la ciudad más segura de Estados Unidos. Lo que yo hice por Nueva York Donald Trump lo hará por América”.

Fue una de las frases más aplaudidas de la primera jornada de la convención. Pero Giuliani no sólo mencionó su gestión municipal. Habló también de la amenaza terrorista, del acuerdo nuclear con Irán y de Hillary Clinton, de quien dijo que su experiencia “es justo la razón por la que no debe ser presidenta”.

La encendida intervención de Giuliani no es un detalle casual en esta convención republicana. Donald Trump aspira a emular a Richard Nixon, que ganó en 1968 presentándose como el hombre llamado a suturar las heridas de un país dividido por los disturbios raciales y la intervención en Vietnam. Así explicó la analogía el propio candidato una entrevista reciente: “Creo que lo que Nixon comprendió es que cuando el mundo salta en pedazos, la gente quiere un líder fuerte cuya máxima prioridad es proteger primero a América. Los años 60 fueron muy malos y ahora las cosas están muy mal. Los americanos sienten el caos de nuevo a su alrededor”.

¿Funcionará la estrategia de Nixon 48 años después? Algunos expertos creen que no. No sólo porque la situación es bien distinta que a finales de los años 60. También porque muchos votantes no ven como una persona de orden a un líder que ha incitado en sus mítines a la violencia, ha cortejado el apoyo de líderes racistas y ha fomentado la tensión racial.

“Nixon tuvo éxito en 1968 porque comprendió lo que quería el país”, dice Nicole Hemmer, historiadora y profesora auxiliar de del Miller Center de la Universidad de Virginia.

“Tanto Nixon como George Wallace usaron el lema de ley y orden en 1968”, explica Hemmer sobre aquella campaña. “Wallace era un candidato racista y no transmitía la calma que transmitía Nixon. Esa calma es muy importante. Nixon era el candidato tranquilo en una carrera marcada por el desorden. Los demócratas eran justo lo contrario. Ahora hay protestas de demócratas contra republicanos. Pero en 1968 hubo protestas de demócratas contra demócratas. La policía del alcalde Daley contra quienes protestaban contra la guerra en las calles o los propios delegados, que llegaron a las manos en la convención. Esta vez el caos no viene de los demócratas sino de los republicanos. ¿Puede ser el candidato de ley y orden alguien que hasta ahora hemos asociado con desórdenes?”.

Los disturbios y las masacres recientes transmiten una imagen que no concuerda con la realidad. Los homicidios no han dejado de caer en las últimas dos décadas según demuestran las cifras del FBI.


Esa mejora no tiene que ver con las políticas de ningún presidente y no se ha alterado durante los peores años de la Gran Recesión. Las cifras de delincuencia tocan techo entre los años 70 y 90 y luego bajan hasta sus niveles más bajos del último medio siglo.


El gráfico superior detalla la evolución del número de violaciones por cada 100,000 habitantes desde 1960 hasta 2014. El de debajo indica el número de robos en casas en el mismo periodo. Los dos gráficos reflejan delitos a la baja y no la espiral de crimen que presenta Trump.


Las cifras tampoco indican que en los últimos meses se haya recrudecido la violencia policial. Las muertes a manos de la policía en los primeros seis meses de 2016 son muy similares a las de 2015, según las cifras de esta base de datos recopilada por el Washington Post, aunque están incompletas las de julio de 2016.


“La violencia que sufrimos hoy no tiene nada que ver con la de 1968”, advierte la profesora Hemmer. “Hoy nos abruma una combinación de terrorismo internacional y tiroteos domésticos. Pero hace medio siglo el país sufría disturbios donde morían decenas de personas y magnicidios como los de Bobby Kennedy, John F. Kennedy y Martin Luther King”.

El único demócrata que se atrevió a presentarse como el candidato de la ley y el orden fue paradójicamente Bill Clinton. Es posible que su mujer intente hacer esta vez algo similar por oposición a Trump pero no lo tiene fácil. Ley y orden son argumentos que aún pueden sonar racistas y espantar el voto de los afroamericanos, que los demócratas necesitan para ganar.

Fuera de la convención, una monja de Chicago preguntaba este lunes a los delegados por sus recetas para terminar con los disturbios, el crimen y las divisiones de la sociedad. Por supuesto, tenía sus propias recetas. “Yo soy de Chicago y no puedo comprender algunos mensajes que nos separan y nos hacen peores a todos”, decía junto a la sede de la convención.

“En Chicago tenemos la tasa de homicidios más alta del país y sólo podemos reducirla si rebajamos la desigualdad. Nuestra economía está construida sobre la venta de armas, drogas y personas. No podemos seguir así”.

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