Elecciones 2016

La última esperanza de los republicanos díscolos: así es el espía de Utah que desafía a Donald Trump

Evan McMullin anunció este lunes su propósito de lanzarse como independiente a la carrera presidencial. Su candidatura tiene el respaldo de un grupo de activistas y donantes republicanos que no quieren votar a Hillary Clinton y que buscan desde hace meses una alternativa a Donald Trump.
8 Ago 2016 – 7:54 PM EDT

Evan McMullin anunció este lunes su propósito de lanzarse como independiente a la carrera presidencial. Su candidatura, desvelada por Buzzfeed en este artículo, tiene el respaldo de un grupo de activistas y donantes republicanos que no quieren votar a Hillary Clinton y que buscan desde hace meses una alternativa a Donald Trump.

A priori, se antoja difícil que McMullin vaya a llegar más lejos que otros independientes. ¿Pero quién es y por qué ha esperado hasta ahora? ¿Está a tiempo de presentarse? ¿Tiene alguna opción de ganar?

1. ¿Quién es el candidato?

Evan McMullin nació en Provo (Utah) el 2 de abril de 1976 y se graduó en diplomacia y derecho internacional por la Universidad Brigham Young. Al terminar, ejerció como misionero mormón en Brasil y como voluntario en un campo de refugiados de Jordania. En 1999 se convirtió en oficial de la CIA, donde trabajó como agente secreto hasta 2010.

Al abandonar la agencia, McMullin cursó un MBA en Wharton School, la escuela de negocios de Pensilvania donde se graduó Donald Trump. Unos meses después, aceptó un empleo en Goldman Sachs.

En 2013, empezó a trabajar como asesor para el comité de asuntos exteriores de la Cámara de Representantes y en 2015 fue nombrado responsable de políticas de los republicanos de la Cámara. Ese puesto lo asumió de la mano de la congresista Cathy McMorris-Rodgers y lo abandonó antes de lanzarse a la carrera presidencial.

2. ¿Con qué mensaje se presenta?

Al igual que Trump, McMullin no ha ejercido ningún cargo público ni se ha presentado a unas elecciones. Al contrario que el millonario neoyorquino, es un desconocido para la inmensa mayoría de los ciudadanos y eso es un problema a la hora de emprender una carrera presidencial.

Al anunciar su candidatura, el aspirante ha publicado esta carta en la página de su campaña. Es un texto en el que presenta su decisión como el fruto de su decepción con los candidatos de los dos grandes partidos y como una defensa de unos principios que según dice vulneran Clinton y Trump.

“Había esperado que este año nos trajera mejores candidatos que pese a sus diferencias ofrecieran visiones atractivas de un futuro mejor”, escribe McMullin. “En lugar de eso, las primarias nos han dejado dos candidatos que no están preparados para la responsabilidad por la que compiten”.

El exagente de la CIA se presenta como una alternativa a los candidatos de los dos grandes partidos. Pero su mensaje está trufado de guiños a los votantes republicanos que se resisten a votar por Trump.

Habla de la deuda pública y de la seguridad nacional y presenta al millonario como una persona inestable cuyos coqueteos con demagogos y dictadores como Putin representan “lo contrario de los valores de América”.

3. ¿Tiene alguna opción?

A priori, McMullin tiene muy pocas opciones de llegar a la Casa Blanca. Desde 1852 la carrera presidencial la ha ganado siempre un demócrata o un republicano. Ni siquiera un candidato tan atractivo como Theodore Roosevelt logró cambiar esa tendencia como candidato progresista en 1912: apenas logró un 27% de los votos y 88 votos en el colegio electoral.


Aun así, es cierto que los sondeos reflejan algunos detalles alentadores para un aspirante independiente. Clinton y Trump son los candidatos más impopulares de la Historia y más de un 20% de los ciudadanos se muestran abiertos a apoyar a un tercer aspirante.

El problema de McMullin es que es un desconocido y apenas le queda tiempo para darse a conocer. Su futuro inmediato dependerá del respaldo de personajes respetados entre los republicanos. El respaldo de Romney o de la familia Bush podría dar un impulso a su candidatura pero antes debe salvar el primer obstáculo: presentar su candidatura en el mayor número posible de estados.

4. ¿Todavía puede presentarse?

A priori McMullin ya no podrá presentarse en todos los estados. Como se puede apreciar en esta tabla, el anuncio de su candidatura llega cuando se ha cerrado el plazo en 26 estados. Entre ellos, territorios como Pensilvania, Florida o Carolina del Norte, que se perfilan decisivos para la carrera presidencial.

No es el único obstáculo que debe salvar el candidato. Este miércoles se le agotan los plazos en siete estados (entre ellos Ohio, Colorado y New Hampshire) y el próximo lunes en Utah, el estado donde nació y quizá el lugar donde más fácil lo tiene para sorprender a Trump.


Presentar una candidatura presidencial es un proceso especialmente difícil para un advenedizo. Requiere una atención y unos recursos que pondrán a prueba la campaña de McMullin y que podrían acabar con su candidatura antes de empezar.

“Un candidato tiene que tener mucho dinero para reunir las firmas necesarias para presentarse en todos los estados”, me dice Richard Winger, fundador de la página Ballot Access y experto en legislación electoral. “McMullin lo tendrá difícil para presentarse en los estados donde todavía no se ha cerrado el plazo. Pero mi impresión es que aún podría presentarse en los cinco estados cuyos plazos se cerraron en mayo y en junio: Texas, Illinois, Indiana, Nuevo México y Carolina del Norte. El Supremo ha fallado contra varios estados con plazos tempranos y yo creo que esta vez los jueces emitirían un fallo similar”.

Winger hace campaña desde hace años por un sistema electoral más justo para partidos pequeños y candidatos independientes como McMullin. “Este sistema absurdo es el único motivo por el que Estados Unidos aún tiene los mismos partidos que en el siglo XIX”, dice. “El sistema está diseñado para ayudar a demócratas y republicanos”.

5. ¿Hubo alguien que se lanzara tan tarde?

Desde la II Guerra Mundial, sólo un candidato se ha lanzado tan tarde a la carrera presidencial: el californiano John G. Schmitz, que se presentó como heredero de las ideas racistas de George Wallace en las elecciones de 1972.

Schmitz ejercía como congresista desde 1965 y presentó su candidatura por despecho hacia Nixon, que había apoyado a su adversario en unas primarias después de una polémica sobre política exterior.

El candidato se lanzó a la carrera a mediados de agosto y logró presentar su candidatura en 33 estados. Sacó algo más de un millón de votos: un 1,4% de los sufragios emitidos y más de un 5% en Idaho, Alaska y Alaska.

6. ¿Dónde lo tiene más fácil McMullin?

El estado más propicio para su candidatura es Utah, donde se crió, donde viven sus padres y donde muchos se resisten a votar por Trump.

“Le espera una batalla muy difícil”, me dice Hal Boyd, columnista del diario Deseret News. Boyd recuerda que los republicanos han ganado todas las presidenciales desde 1968 y han sacado más del 60% de los votos en todas desde el año 2000.

“Utah tiene una profunda cultura religiosa y la mayoría de sus habitantes pertenecen a la Iglesia mormona”, explica Boyd cuando le pregunto por el impacto de Trump. “Aunque la Iglesia es neutral, hemos observado que el carácter de un candidato les importa mucho a los votantes de Utah. También es cierto que la economía del estado va bien y quizá los votantes prefieren mantener las cosas como están y no votar por un cambio radical. McMullin lo tendrá difícil porque nadie lo conoce. Pero si se hace oír, tiene una oportunidad de conquistar a los republicanos desencantados que han expresado su voluntad de votar por el libertario Gary Johnson”.

7. ¿A quién perjudicaría su candidatura?

A priori el perjudicado sería Trump porque McMullin se dirige a los republicanos decepcionados con su candidatura. Su presencia complicaría su triunfo en estados como Utah o Arizona y haría casi imposible su triunfo en la carrera presidencial.

McMullin podría arrebatarle votos al libertario Gary Johnson y llegar a ganar algún estado como Utah. Pero sólo podría tener un impacto en la carrera si lograra colarse en los debates que se celebran en otoño. Como explica este texto, para eso debe alcanzar el 15% en los sondeos. Un objetivo que se antoja muy difícil en apenas un mes.


Más contenido de tu interés