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Elecciones 2016

El peligro para Clinton de que Sanders se transforme en 'movimiento'

El senador luce dispuesto a llegar hasta el final de las primarias, pese a que Hillary Clinton tiene las matemáticas de su lado. Muchos recuerdan con temor lo que pasó en 2000 con otro candidato “rebelde”, Ralph Nader.
20 Abr 2016 – 07:35 AM EDT
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Hillary Clinton se impuso cómodamente en las primarias de Nueva York y da más material a sus representantes para que repitan el mantra de cómo la exsecretaria de Estado tiene ya más ventaja en votos y delegados que la que obtuvo en la malograda (para ella) campaña del 2008 el hoy presidente Barack Obama.

De hecho, en su discurso de celebración la noche del martes, Clinton ni mencionó a Bernie Sanders, aunque le dio una estocada retórica al decir que el resultado neoyorquino demostraba que no era suficiente hablar de los problemas, sino decir cómo se van a resolver. Ninguna referencia más.

Pero los que siguen a Clinton tienen una preocupación: la renuencia del senador a tirar la toalla y su insistencia en promover su mensaje sobre la necesidad de una “revolución” liberal para cambiar la manera de hacer política en el país.



En el proceso, el senador ha intensificado las críticas a su rival, y se hace palpable la creciente antipatía de sus seguidores hacia la exprimera dama. Es difícil ver cómo harían si tuvieran que plegarse a una campaña presidencial encabezada por esa figura del establishment que hoy dicen detestar.

En una entrevista con CNN la mañana del martes, Joel Benenson, jefe de estrategia de la campaña de Clinton, acusó a Sanders de estar “hiriendo” al partido Demócrata

“¿Va él a tratar de apoyar al partido (…) o se convertirá en algo que dijo que no iba a hacer y ser un Ralph Nader y tratar de destruir el partido cuando se trata de derrotar a los republicanos en noviembre?".

¿Quién es Ralph Nader?

Quizá muchos no recuerden a Nader, aunque gracias a él se manejan autos más seguros con cinturones de seguridad obligatorios, se comen carnes más sanas, se respiran aires más limpios y hay una manera de forzar al gobierno y las empresas a entregar información que no quieren que se sepa.

En su biografía Nader se describe como defensor del consumidor, abogado, escritor y recuerda que la revista Time lo nombró uno de los estadounidenses más influyentes del siglo XX. Además ha sido candidato presidencial cinco veces.



En 1965 Nader se hizo famoso al encabezar una campaña que condujo a la aprobación de la ley sobre Seguridad Vehicular de 1966. Luego trabajó por mejorar las condiciones de salubridad en la industria cárnica, fue parte del movimiento que desembocó en la Ley de Aire Limpio de 1970 y en la Ley de Libertad de Información de 1967.

Pero la razón por la que su figura está siendo invocada como anatema es por haber sido el tercer candidato, nominado por el partido Verde, en las recordadas elecciones de 2000 que el entonces vicepresidente Al Gore perdió por unos cientos de votos de Florida frente a George W. Bush.

Muchos demócratas no le perdonan a Nader los 97,000 votos que sacó en Florida porque aseguran que dividió el campo liberal y le entregó la Casa Blanca a los republicanos.

Las premisas de Nader se parecen mucho a las de Sanders: los dos partidos están secuestrados por los intereses corporativos y del gran capital, por lo que no sorprende que se sienta más identidicado con el senador.

En febrero Nader dijo en una entrevista con FOX News que cree que el senador es visto por muchos como “más auténtico” sobre Wall Street que Clinton, pero eso no significa que haya estrategias similares de buscar la presidencia fuera de los grandes partidos.

El “movimiento Sanders”

Más allá de esa queja acusatoria de Benenson, no hay ningún indicio de que Sanders esté pensando presentar una candidatura independiente en caso de no lograr la nominación republicana.

Pero los temores se han venido reforzando por el tono de la campaña, con Sanders criticando cada vez más fuertemente los vínculos de Clinton con el mundo corporativo, algo que siembra dudas en algunos sobre su probidad como funcionaria pública.

Ciertas voces recuerdan que Sanders no es demócrata porque no milita en el partido del cual quiere ser candidato.



Aunque suele alinearse con la bancada demócrata en el Senado, Sanders se define como independiente, ayudado por el hecho de que en su estado no hay registro partidista.

Quizá el problema mayor no esté en la posibilidad de una temida tercera candidatura en noviembre, como en el efecto que está teniendo entre las masas que su campaña ha movilizado, sobre todo generaciones jóvenes.

El peligro es que ese discurso más radical cree una brecha entre sus seguidores y Clinton que no solo dificultará a la eventual candidata presidencial obtener el apoyo de ese electorado, sino que puede crear una fisura ideológica dentro del partido.

El fantasma que algunos pueden estar temiendo es que Sanders, al contrario de Nader, se transforme en un movimiento que termine escindiendo el ala izquierda de los demócratas.

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