El lugar donde fracasó el 'trumpismo' antes de Trump

En Manassas, en el norte de Virginia, los hispanos vivieron la persecución del condado con leyes anti-inmigrantes. Pero también vieron cómo el movimiento fracasaba y animaba a la comunidad a interesarse por la política.
25 Oct 2016 – 9:16 PM EDT

MANASSAS, Virginia.- En la plaza principal de Manassas, con un quiosco de música, un grupo pop ensaya para un concierto en la parte histórica de la pequeña ciudad campo de batalla de la guerra civil y destino habitual de aspirantes a la Casa Blanca. Un poco más allá, enfrente de la estación de principios del siglo XX que hoy es un museo, se escuchan por toda la calle las canciones de mariachis que vienen de un restaurante mexicano.

Aquí hizo su último mitin de campaña Barack Obama en 2008, aquí debutó Paul Ryan tras ser elegido candidato a vicepresidente en 2012 y aquí lanzó Donald Trump una de sus primeras diatribas contra los inmigrantes al principio de su carrera presidencial.

En 2000, el 15% de la población se describía como hispana, según el censo. En 2015, el porcentaje de hispanos subió al 35%. Mientras tanto, la población ha pasado de 35.000 a casi 42.000. Su proximidad a Washington, la tranquilidad de la zona y los precios relativamente asequibles de las casas han atraído a inmigrantes en busca de un lugar donde asentarse.

El paseo de casitas de ladrillo rojo con un centro donde se puede caminar tiene el aspecto de pacífico. Cuesta recordar la tensión que se ha vivido aquí por la llegada de nuevos habitantes. Hace una década, algunos políticos del condado, Prince Williams, empezaron una cruzada para intentar repeler a los inmigrantes en la zona.

La ola anti-inmigrante

En 2007, una ordenanza animaba a las autoridades locales a pedir la documentación a cualquiera sospechoso de no tener permiso de residencia (ésta es una función que en el país cumplen agentes federales) y a negar servicios básicos de atención médica o educación. El Ayuntamiento de Manassas incluso intentó perseguir a las familias numerosas que vivían bajo el mismo techo. Un grupo ciudadano llamado Help Save Manassas recaudaba dinero para promover medidas contra los inmigrantes sin papeles. Interrogado sobre aquellos años, un miembro del grupo dice ahora que él “no habla con Univision”.

Algunos activistas latinos entonces organizaron protestas con huelgas y boicot de los negocios de propietarios blancos. Tras las protestas, el condado suavizó sus reglas, por ejemplo haciendo que los policías locales sólo pidan los papeles en caso de arresto.

Trump vino aquí a principios de diciembre para hacer un alegato por la construcción de un muro con México. Atrajo a cientos de personas, pero se quedó muy lejos de aquellos 100.000 que reunió Obama en 2008.

Trump ganó en las primarias republicanas en Virginia, pero fue derrotado en este condado por Marco Rubio.

Las encuestas indican en Virginia ganará Hillary Clinton gracias, en especial, a los votos de condados como éste, cercanos a Washington. En este condado ganó Obama por 28 puntos hace cuatro años. En Virginia, la candidata demócrata aventaja al republicano en más de 10 puntos según la media de las encuestas.

La derrota del mensaje racista

Para la comunidad hispana de este condado el mensaje de Trump suena familiar. Pero también lo es su derrota.

No sólo se ha contenido la ola de medidas agresivas contra los nuevos residentes, sino que los republicanos han pagado un precio en un distrito cambiante.

El alcalde de Manassas, el republicano Hal Parrish, se presentó al Senado estatal el año pasado y perdió contra el candidato demócrata, Jeremy McPike. En esa campaña, activistas hispanos se movilizaron para pedir el voto por el rival de Parrish como castigo a los republicanos más agresivos con los inmigrantes.

Algunos de los latinos no pueden votar porque no son ciudadanos, pero sí pueden ser voluntarios para ir de puerta en puerta. Ahora muchos están haciendo campaña contra la congresista republicana Barbara Comstock, que hace dos años comparó a los inmigrantes mexicanos con paquetes de FedEx en los que había que poner una etiqueta para rastraer.

La comunidad hispana más numerosa de la zona es la mexicana, pero en estos condados pegados a Washington la salvadoreña ha crecido en los últimos años gracias a las facilidades para inmigrantes centroamericanos.

El primero de Manassas

En la parte más moderna de Manassas, en una plaza junto a una librería cristiana llamada El encuentro, está la casita donde Orlando Campos tiene su negocio inmobilario.

Él es salvadoreño y llegó a Estados Unidos en los años 80, cuando era un adolescente huyendo de la guerra. Gracias a la regularización de Ronald Reagan consiguió la residencia y después de la ciudadanía.

Tras probar suerte en Texas, Carolina del Norte y Florida, Campos se instaló en 1989 en Manassas, donde empezó a trabajar como intérprete y después se pasó a la construcción. Ahora tiene su propio negocio inmobiliario que comparte con su mujer y donde también enseña a sus dos hijos veinteañeros. La familia ha visto crecer a Manassas de un lugar que se cruzaba en diez minutos y estaba dominado por los ranchos a una ciudad con mucha actividad de personas que trabajan en Washington o en Alexandria. “Esto era un pueblo rural. Ahora cada vez que añaden un carril en la carretera, se llena”, explica Campos en su despacho, rodeado de banderas y placas de la comunidad.

También vivió el éxodo de algunos hispanos cuando el condado se centró en perseguir a los inmigrantes indocumentados.

“La gente honesta que querías proteger a su familia se va para los estados alrededores, se salen de Manassas”, cuenta.

Campos recuerda cómo el condado llenó las cárceles mientras los oficiales de inmigración no daban abasto para procesar sus detenciones y al final tuvieron que ceder. La mayoría de los inmigrantes, en cualquier caso, tenían papeles y la comunidad se fue acostumbrando.

El lenguaje de Trump le recuerda a aquellos días en Manassas, pero el haber pasado por esa experiencia también le ayuda a ver al final.

Uno de los resultados fue que la comunidad hispana se empezó a interesar más por la política.

“Tenemos que preocuparnos por todo lo que hay alrededor. El concejo en una ciudad es el que decide, especialmente en Virginia… Las decisiones se toman aquí en la mesa”, explica. “La comunidad tomó conciencia”. Enumera a los alcaldes o senadores locales de origen latino elegidos desde entonces en Virginia y también en pueblos vecinos de Maryland.

Del grupo “tipo Trump” de Save Manassas, según Campos, ya no queda nada. “Eso es lo que pasa. Son un grupito muy pequeño y cuando la ley no los apoya desaparecen”. Tampoco ve que la tensión haya vuelto a subir por la influencia de Trump.

En las elecciones generales, Campos dice que ha votado a presidentes de los dos partidos. Le gusta Ronald Reagan y Bill Clinton. Considera que Barack Obama es demasiado poliico. “Me prometió jugo al 100% y al final me dejó con agua”, bromea.

Su mujer, Ruth Henriquez, se muestra escéptica como muchos sobre las opciones este año. “Quisiera estar más convencida con uno. No estoy a favor de Donald, pero no estoy en plan animadora de Hillary por todo su bagaje”, cuenta.

Campos dice que Clinton le ha convencido más, aunque cree que también será dura con los inmigrantes. La “reforma migratoria” es una manera bonita, según él, de decir que “construirá un muro”, como Trump.

Su lección pese a los años de tensión en Manassas es que todos los residentes de un lugar están de acuerdo en que se queden las familias honestas y trabajadoras que conocen de inmigrantes indocumentados. “Todo el mundo conoce a alguna, me lo decía el jefe de policía”.

Otro ambiente

Cerca de Manassas, en una plaza de Woodbridge se encuentra el consulado de El Salvador. Al lado, hay una pastelería salvadoreña de dulces con muchos colores. Aquí delante activistas hispanos se han instalado en estas elecciones algún fin de semana para registrar a ciudadanos y animarlos a votar el 8 de noviembre.

En este consultado atienden a los 200.000 salvadoreños que se estima viven en Maryland, Washington y Virginia. La construcción atrajo a muchas familias aquí.

El cónsul, Rudy Lazo, cuenta que también es responsable de ayudar a los ciudadanos en Carolina del Norte con servicios consulares unos días. Él estuvo de enviado diplomático a la frontera y ahora el puesto en el norte de Virginia le parece más fácil.

El cónsul lleva un año y medio en Virginia y lo que describe ahora no tiene nada que ver con el pasado del que ha oído hablar. “El ambiente es muy tolerante. Yo lo veo tranquilo”, cuenta. “Cuando había leyes más duras la gente se movió a Maryland y la economía empezó a bajar porque los inmigrantes dejaron sus casas y dejaron de gastar. Hoy volvieron… Y están comprando casas”.

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