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Elecciones 2016

Cuando el hijo del multimillonario quiere convencer al ciudadano común

El único sector en el que los estadounidenses no muestran las riquezas acumuladas como una credencial de progreso es en la política, donde los muchos millonarios que hay, adoptan una actitud recatada. Salvo Donald Trump.
20 Jul 2016 – 2:59 AM EDT

Por lo general los políticos estadounidenses no hacen alarde de riqueza, hasta que llegó a la escena Donald Trump.

No es que sean pobres. La clase mandante estadounidense, suele ser en su mayoría bastante patricia. Pero son recatados a la hora de mostrar su bienestar.

Por eso llama la atención el que la noche del martes, ante la Convención Nacional Republicana reunida en Cleveland, Donald Trump Jr. hablara sin ambages de la riqueza de su familia, reforzando la línea definida por su padre, quien no se cansa de decir que tiene una fortuna de 10.000 millones de dólares (la mitad, según la revista Forbes).

“Somos los únicos hijos de multimillonarios (que están) tan cómodos en un (tractor) Caterpillar como en nuestros propios carros”, dijo Donald Jr., para ilustrar como la inmensa fortuna de su padre no los había aislado del resto de la gente.

Mucho se habla de que la esposa de Trump, Melania, y sus hijos mayores: Tiffany, Ivanka, Eric y Donald Jr. (Barron, de 10 años, no participa en la campaña) son los encargados de “humanizar” al magnate, cuyo estilo políticamente incorrecto le enajena simpatías entre algunos sectores como minorías o electorado femenino.

Es difícil imaginarse cómo una ex súper modelo europea, millonaria y con fuente acento eslavo, puede resultar una figura que conecte con la votante estadounidense promedio agobiada por las estrecheces de una economía que no termina de recuperarse con un ritmo suficientemente saludable.

O cómo ese hombre que el mercadeo electoral describe como “blanco y molesto”, con el que la campaña de Trump cuenta para inclinar la balanza en su favor en noviembre, se sienta atendido escuchando al hijo de un multimillonario de Nueva York que se refiere a él como un “estadounidense regular”.



Intereses especiales

La estrategia de Trump y los suyos, ahora involucrados en el nuevo negocio familiar que es la política, es apelar a esas masas afectadas por el debilitamiento del llamado sueño americano.

De hecho, la campaña republicana luce decidida a quitarle a su segura rival, Hillary Clinton, antiguos demócratas desencantados a quienes quizá haya movido la retórica socialista del Bernie Sanders, aunque más allá de la denuncia de los “malos acuerdos comerciales” que han causado la pérdida del poder industrial del país, Trump no tenga puntos ideológicos comunes con el senador.

“Fue el propio Bernie Sanders quien advirtió que una gran ola de nuevos trabajadores mantiene los sueldos bajos y la pobreza alta”, aseguró el martes Donald Trump Jr., siguiendo la línea de su padre de hacerle guiños a los votantes de Sanders que hayan quedado frustrados por el triunfo de Clinton.

La campaña de Trump habla de rechazo a los “intereses especiales”, aunque algún votante podría pensar que ellos están dentro de ese círculo de adinerados que corteja a los políticos para promover sus agendas.

Difícil imaginarse cómo se va a establecer esa conexión entre una familia que algunos aseguran que aspira a convertirse en la nueva dinastía política –aunque todavía no hay siquiera un alcalde que lleve el apellido- y el elector promedio estadounidense.

El solo hecho de que estemos hablando de eso indica que esa conexión es posible. Si Donald Trump sigue rompiendo los moldes de la política tradicional, no tendrá nada de raro ver al obrero desempleado votando entusiasta por alguien que la ortodoxia describiría como su enemigo de clase.

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