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Cómo los traumas de la niñez impactan la salud y la educación por el resto de la vida

El abuso, el descuido, el castigo físico y otros estresantes relacionados contribuyen a las enfermedades mentales, a la adicción, al ausentismo en la escuela y a toda una lista de otros resultados negativos sociales y de comportamiento que pueden incluso heredarse de generación en generación.
28 Feb 2018 – 02:17 PM EST
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El abuso, la violencia, el castigo físico, el descuido, la pobreza y otros estresantes relacionados ponen a los niños en riesgo de padecer problemas de desarrollo cognitivo, social y emocional, los cuales pueden interferir con el aprendizaje. Crédito: David McNew/Getty Images

La educación y la salud están interconectadas de forma profunda, y esto está ampliamente establecido.

Tome, por ejemplo, el cigarrillo. El tabaco continúa siendo una de las causas principales de muerte y de enfermedades prevenibles en Estados Unidos. El porcentaje más alto de uso del cigarrillo se ve en personas que no tienen un diploma de secundaria o un equivalente como el GED, y el uso más bajo está entre la gente con un diploma de universidad o más.

La misma correlación se observa en la gente que quiere parar de fumar: también varía mucho dependiendo del nivel de educación. Los adultos con un certificado de GED, los adultos sin un diploma de secundaria y los adultos con tan solo un diploma de secundaria han tenido históricamente las tasas más bajas de abandono del tabaco con éxito en comparación con el resto de los adultos en general.

Pero estos datos documentan la relación entre la salud y la educación cuando ya es muy tarde: los adultos no son los que abandonan la escuela, los niños sí.

El campo de la salud pública reconoce que la educación es un indicador de bienestar en general. Actualmente, los esfuerzos nacionales en educación se enfocan en promover el lenguaje y el alfabetismo, subir las tasas de los estudiantes que terminan la escuela y las de los que se inscriben en la universidad. Pero es crítico asegurar que los niños tengan experiencias de aprendizaje positivas cuando son jóvenes porque así no solo podrán alcanzar el éxito, también es la mejor manera de asegurarse que puedan vivir vidas más saludables como adultos.

Junto con otros investigadores hemos contribuido a un creciente cuerpo de evidencia e investigación que muestra que estas experiencias dejan una marca, para bien y para mal, en el transcurso de la vida y a través de las generaciones. El abuso, el descuido y los estresantes relacionados a esto contribuyen a toda una lista de otros resultados negativos sociales y de comportamiento más tarde en la vida.

El desarrollo en la infancia temprana

El cerebro humano no está desarrollado del todo al nacer. Un desarrollo cerebral acelerado ocurre en los primeros años de la vida y luego se estabiliza en la infancia y la adolescencia. El impacto en la biología y desarrollo del cerebro por la exposición a formas severas de estrés y trauma no son visibles inmediatamente.

El trauma infantil y el nivel de educación
Los adultos estadounidenses con menos educación tienen más probabilidades de reportar eventos adversos en la infancia (o ACEs por sus siglas en inglés), como el abuso físico, divorcio y encarcelamiento de un padre.


Pero el abuso, el descuido, la pobreza y otros estresantes relacionados ponen a los niños en riesgo de padecer problemas de desarrollo cognitivo, social y emocional, los cuales pueden interferir con el aprendizaje. Por esto, las investigaciones han mostrado que estas experiencias adversas en la infancia no solo contribuyen a resultados en la salud, sino también en los logros educacionales en la adultez.

Educación para todos

El trabajo infantil incrementó cuando comenzó la revolución industrial en EEUU a finales de los 1700 y a principios de 1800. Durante este tiempo, los niños trabajaban bajo condiciones infrahumanas por hasta 70 horas a la semana.

Después de muchos intentos por cambiar las leyes de trabajo infantil entre finales de 1800 y comienzos de 1900, el Congreso aprobó la Ley de Estándares Laborales de 1938. El propósito era asegurar la salud y seguridad de los niños y promover su bienestar a través de la educación.


A pesar de que todos los niños tienen derecho a una educación pública en EEUU, las desigualdades en los sistemas educacionales aún existen. Además, algunos niños entran a la escuela listos para aprender, mientras que otros, quienes experimentan abuso, descuido y otras formas de estrés tóxico, pueden tener dificultades aprendiendo.

El ausentismo, por ejemplo, muchas veces se ve y se trata como una forma de mala conducta sin identificar que muchas veces es síntoma de traumas en la infancia y sin determinar la razón que yace debajo de este comportamiento.

¿Qué nos están diciendo las investigaciones?

Los problemas con la regulación emocional que resultan del maltrato también pueden interferir con el ausentismo, la deserción y el desempeño escolar y con problemas en el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Incluso los estudiantes de edad universitaria que tienen una historia de trauma infantil pueden encontrar dificultades con su educación post-secundaria.

Los niños que han pasado por el sistema de cuidado temporal ( foster care en inglés) están particularmente en riesgo. La colaboración entre las familias y las escuelas y las conexiones escolares son factores especialmente importantes que pueden promover el aprendizaje aún bajo las circunstancias más difíciles.

A través de nuestras investigaciones hemos encontrado que diferentes ambientes educacionales deben incluir personal que tengan conocimiento sobre el trauma y sus síntomas. Más importante aún: los ecosistemas escolares, compuestos por el personal escolar, deben ser capaces de y estar preparados para proveerle a los niños ambientes seguros, solidarios. Por esto, crear soluciones efectivas requieren un enfoque multi-generacional, uno que se enfoque no solo en los niños afectados sino también en los adultos.

El estrés y el trauma en la infancia son una crisis de salud pública. A diferencia de las enfermedades infecciosas, el trauma no se puede desinfectar, no se puede vacunar en su contra, ni se puede tratar con antibióticos. La vergüenza y el secretismo lo mantienen como un problema oculto. Para promover el bienestar a través de toda una vida, es necesario invertir colectivamente en las necesidades de las generaciones futuras.

*Shanta R. Dube es profesora asociada de la Escuela Pública de Medicina de la Universidad Estatal de Georgia

The Conversation
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