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Educación Pública

Cómo estudiar de forma más inteligente

No es solo resaltar y volver a leer para prepararse para un examen. Las investigaciones demuestran que hay mejores formas de prepararse.
2 Dic 2017 – 10:04 AM EST

Mientras me preparaba para escribir esta columna, utilicé algunas técnicas de estudio típicas. Primero, como lo he hecho desde mis días de estudiante, resalté la información clave en mi lectura. Sobre la marcha, tomé notas, muchas de ellas al pie de la letra. Eso es muy sencillo copiando y pegando en un computador. (Me encanta el command-C y command-V). Luego releí mis notas y el texto resaltado.

¿Te suena familiar? Los estudiantes en todas partes adoptan estas técnicas y, sin embargo, resulta que no son formas particularmente buenas de aprender material nuevo. Al menos no si eso es lo único que se hace.

Los investigadores han dedicado décadas a estudiar cómo estudiar. La literatura de investigación es realmente abrumadora. Afortunadamente para nosotros, la revista Ciencia Psicológica en el Interés del Público, o Psychological Science in the Public Interest, en inglés, publicó un artículo acádemico hace unos años que sigue siendo la guía más completa que existe. Sus 47 páginas contienen valiosas lecciones para estudiantes de cualquier edad y cualquier materia, especialmente ahora, que se avecinan los exámenes de fin de semestre.

Los autores examinaron diez técnicas de estudio diferentes, que incluyen resaltar, releer, tomar exámenes de práctica, escribir resúmenes, explicar el contenido a usted mismo o a otra persona y usar dispositivos mnemotécnicos. Se basaron en los resultados de casi 400 estudios previos. Luego, en un acto de audacia que no se ve a menudo en las investigaciones académicas, otorgaron calificaciones: muy útiles, moderadamente útiles y poco útiles.

Las estrategias de estudio que no alcanzaron la calificación más alta no eran necesariamente ineficaces, explica el autor principal, John Dunlosky, profesor de psicología de la Universidad Estatal de Kent en Ohio, pero no había suficiente evidencia de que fueran eficaces o demostraron ser útiles solo en ciertas áreas de estudio o con ciertos tipos de estudiantes.

"Estábamos tratando de encontrar estrategias que tuvieran un amplio impacto en todos los dominios para todos los estudiantes", dice Dunlosky, "así que era una escala de calificación bastante difícil".

De hecho, solo dos técnicas obtuvieron la calificación más alta: tomar exámenes de práctica y "práctica distribuida", es decir, programar actividades de estudio espaciadas en el tiempo, o lo opuesto a estudiar compulsivamente (conocido como cramming en inglés).

Se pueden tomar pruebas de práctica de muchas formas: tarjetas didácticas (o flashcards), responder las preguntas al final del capítulo de un libro de texto, o responder cuestionarios en línea. Las investigaciones muestran que funciona bien para estudiantes desde preescolar hasta la educación profesional y de postgrado.

Las pruebas de práctica son especialmente efectivas cuando exigen el "recuerdo espontáneo" del contenido aprendido, en vez de lo que los investigadores llaman "tareas de reconocimiento" como preguntas de verdadero o falso o de opción múltiple. Y eso independientemente del formato que siga el examen final.

Autoevaluarnos funciona porque debemos hacer un esfuerzo para extraer información de la memoria, algo que no hacemos cuando simplemente revisamos nuestras notas o releemos el libro de texto.

"Sabemos que el acto de recuperación es una experiencia de aprendizaje extremadamente potente", dice el psicólogo cognitivo Thomas Toppino, quien preside el departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Universidad Villanova. "Tenemos muchísima evidencia sobre la efectividad relativa de la recuperación en lugar del reestudio".

En cuanto a la práctica distribuida versus el aprendizaje compulsivo, Dunlosky y sus colegas autores escriben que "estudiar compulsivamente es mejor que no estudiar nada", pero si vas a dedicar cuatro o cinco horas a estudiar para tu examen trimestral de biología, te iría mucho mejor si lo espaciaras durante varios días o semanas. "Te beneficias mucho más si distribuyes el estudio", me dijo Dunlosky.

Las razones para esto no se entienden del todo, pero probablemente tienen que ver con un proceso llamado consolidación de memoria. A medida que repasamos la información a lo largo del tiempo, la memoria se vuelve más estable y se interrumpe con menos facilidad. Los neurocientíficos creen que esto refleja en parte la transferencia de la memoria desde el hipocampo en el cerebro medio a las áreas de la corteza cerebral.

Repasar el contenido en diferentes momentos en días diferentes también significa que puede asociarse a más pistas, una idea llamada "variabilidad de codificación". Así que, si estás sentado en la biblioteca con el sol brillando por la ventana mientras estudias el Ciclo de Krebs, y luego lo estudias de nuevo unos días después con un compañero de clase merendando en la cocina, habrás adjuntado ese contenido a una serie de recuerdos asociados que pueden ayudarte a retenerlo.

La combinación de la autoevaluación con la práctica distribuida es especialmente poderosa. "Nunca te autoevalúes inmediatamente después de estudiar", dice Toppino. "Sobreestimarás exageradamente lo bien que conoces la información si te autoevalúas de inmediato".

Aún mejor es dormir un poco entre sus sesiones de estudio. Se sabe que la consolidación de la memoria ocurre durante el sueño. Un estudio realizado en 2016 por Toppino y varios colegas en Francia ha demostrado que si interpones el sueño entre dos sesiones de estudio, recordarás más, y de una forma mucho más duradera, que si estudias durante la misma cantidad de tiempo sin descanso.

Además, cuando regreses y revises el material después de dormir, lo dominarás más rápidamente. En el estudio de Toppino, que incluyó el aprendizaje de palabras en swahili, cuanto más tiempo dormían los estudiantes, más rápidamente dominaban las palabras del vocabulario en su sesión de estudio posterior al sueño y mejor las recordaban una semana después.


Aunque los investigadores han sabido durante años la mayor parte de esta información, no parece filtrarse a los estudiantes o sus profesores. Un informe publicado el año pasado por el Consejo Nacional de Calidad Docente descubrió, sorprendentemente, que el 85% de los libros de texto que se utilizan para capacitar a los maestros sobre cómo los estudiantes aprenden tenían menos de una página sobre estrategias validadas; el 59% de los 48 libros de texto de psicología educativa revisados no tenía ni una oración al respecto.

Los propios estudiantes a menudo están mal informados o simplemente desorganizados. Para aprovechar la práctica distribuida y el sueño, se deben planificar y programar los estudios. En cuanto a la autoevaluación, Toppino se lamenta, "hay una fuerte tendencia a que la gente piense que las pruebas son para la evaluación" y, sin embargo, pasan por alto que también son para evaluar sus propias lagunas de conocimiento y dónde enfocar sus esfuerzos.

También pueden ser útiles otras estrategias de estudio además de las dos primeras en el documento de Dunlosky. Por ejemplo, hay evidencia bastante buena para apoyar la "autoexplicación" y algo llamado "interrogación elaborada", en la que la persona se pregunta a sí misma por qué los hechos y conceptos que está aprendiendo son verdaderos.

Incluso hay momentos para resaltar. "El problema es que la estrategia que muchos estudiantes adoptan para aprender el contenido que han resaltado es simplemente releerlo una y otra vez", dice Dunlosky. "Necesitan hacer cosas más interactivas".

Resulta que a él le gusta resaltar tanto como a mí: "Todavía tengo mi resaltador favorito", me dijo. "Nunca lo dejaría".

Esta historia fue producida por The Hechinger Report , una organización independiente de noticias, sin fines de lucro, enfocada en la desigualdad y la innovación en la educación.

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