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Elecciones 2016

En la estrategia contra Donald Trump, el Ohio de Kasich tiene límites

La pérdida del estado ante John Kasich es un revés para el magnate, pero no consolida el frente que algunos quieren construir para detenerlo.
16 Mar 2016 – 6:19 AM EDT

Por Carlos Chirinos @carl_chirinos | Editor político de Noticias Univision

John Kasich se llevó Ohio y le quitó a Donald Trump la posibilidad de cantar una victoria más contundente la noche del tercer supermartes del proceso de primarias republicanas.

Sin embargo, ese triunfo parcial del gobernador en su estado no necesariamente es un revés insalvable para el magnate, quien luce despegado en el primer lugar de la carrera por la nominación del llamado Gran Viejo Partido (GOP, por sus siglas en inglés).

Por cuestiones de la matemática electoral, Trump, quien ha obtenido el 36% de los votos sufragados en este mes y medio de elecciones concentra el 46% de los delegados necesarios para asegurar la nominación presidencial.

Y aunque todavía no tiene embolsada la candidatura, es claro que los dos contrincantes que quedan en la contienda lo tienen aún más cuesta arriba, sobre todo Kasich.



Matemáticas electorales

Más allá de la lógica satisfacción (y el alivio) para el gobernador de ganar en el estado que maneja, su victoria no lo pone en un rumbo más claro para lograr la candidatura republicana para las elecciones presidenciales de noviembre.

Sin embargo, con la salida del senador Marco Rubio, la noche ayudó a despejar el campo republicano, que cada vez más luce encaminado a un pulso entre dos: el senador Ted Cruz y el magnate inmobiliario.


No hay manera que Kasich logre los 1,237 delegados que se necesitan para obtener la nominación en la convención republicana.

Aunque su victoria en Ohio le da oxígeno a quienes quieren impedir que Trump sea el candidato presidencial republicano para las elecciones de noviembre, es posible que el beneficiario sea el tercero en la disputa, Ted Cruz.

En condiciones más normales, esas que no ha habido en estas primarias, Kasich sería la opción del llamado establishment del partido. Un hombre moderado en sus ideas, pragmático, con un probado historial de servicio en diferentes ramas del gobierno.

Pero esas virtudes no dan votos por estos días en el GOP y Kasich se encuentra con que la milagrosa sobrevivencia de su candidatura puede no servirle para mucho, ni a él, ni al partido que quiere “proteger” del asalto de Trump.


¿Nunca Trump?

En el movimiento del Nunca Trump, esos donantes que apostaron por Marco Rubio para financiar campañas contra el magnate, ahora quizá piensen en respaldar a Cruz, quien controla un 30% de los delegados.

Además, tras invertir varios millones de dólares en publicidad para atacar al empresario-candidato en Florida, con aparentemente poco resultado, es posible que algunos se resignen a dar por perdida esta batalla y se hagan a la idea de Trump como nominado a la Casa Blanca.

Un problema adicional para la nomenclatura es que el senador por Texas no es una figura muy querida dentro de la estructura partidaria, como evidencia la falta de respaldos por parte de notables del partido. Solo esta semana, el senador por Utah Mike Lee se convirtió en el único de sus colegas en darle un espaldarazo.

Desde que llegó al Senado en 2010, Cruz ha sido una figura polémica y hasta antipática para el resto de la bancada, con la que chocó en más de una ocasión.


Chicago en la memoria

En su discurso victorioso en el exclusivo club de Mar-a-Lago, en Palm Beach, un Trump de discurso menos encendido que en celebraciones anteriores dio a entender que el establishment se estaba empezando a alinear en torno a su candidatura.

Y como ejemplo mencionó la “tremenda llamada” telefónica que recibió del presidente del Congreso Paul Ryan esta semana y del líder de la mayoría republicana en el Senado Mitch McConnell.

Sería lógico ese reacomodo táctico por parte de los líderes del GOP, porque insistir en bloquear el ascenso de Trump a la nominación puede ser riesgoso para la integridad el partido Republicano.

Están frescos aún los recuerdos de la convención demócrata de 1968, cuando el divorcio entre la élite del partido y la voluntad de la mayoría de los que participó en las primarias generó tensiones que se resolvieron con una violenta represión las calles de Chicago, que décadas después sigue siendo una mancha vergonzosa para la política estadounidense.

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