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Depresión

Estimado Donald Trump: atiendo a veteranos de guerra con estrés postraumático y no son gente débil

Una psiquiatra clínica e investigadora del trastorno refuta el comentario hecho por el candidato a la presidencia Donald Trump en una aparición pública en Virginia, el 3 de octubre, donde sugirió que algunos veteranos “no podían manejar” las secuelas de la guerra porque no eran lo suficientemente “fuertes”.
6 Nov 2016 – 3:40 PM EST

Sr. Trump, hay alguien a quien quisiera presentarle.

Bueno, no se trata de una persona en concreto, sino de los miles de veteranos de guerra a los que he tenido el privilegio de atender en mi calidad de psicóloga clínica durante los últimos 20 años. Ellos han servido a esta nación con orgullo —asumiendo las responsabilidades del mundo mientras otros se incorporaban a la universidad o a negocios familiares. Han actuado en zonas de guerra en Alemania, Japón, Corea, Vietnam, Irak, Afganistán y en lugares que algunos de ellos probablemente no serían capaces de pronunciar o de ubicar en un mapamundi.

Estos hombres y mujeres han experimentado el combate directo y sus secuelas, y su seguridad personal se vio sometida a amenazas extremas. Han vivido experiencias inconcebibles, como verse atacados por granadas propulsadas por cohete y fuego de artillería, haber visto los cuerpos de sus amigos reventados por la mitad o sus rostros destrozados, manejado restos humanos, matado intencionadamente a combatientes enemigos, y han padecido el tormento de haber acabado accidentalmente con la vida de mujeres y niños.


En la zona de guerra, la seguridad de nuestros valerosos hombres y mujeres a menudo corre peligro. En estado de alerta permanente, viven con el constante temor a ser atacados, les preocupa encontrarse con artefactos explosivos y se acercan a pocos pasos de su propia muerte. Aun en tiempos de paz, nuestras fuerzas armadas se enfrentan a situaciones de considerable estrés, ya sea prestando asistencia en caso de catástrofe y otras iniciativas humanitarias, exponiéndose a peligros y sustancias nocivas, o cumpliendo con demandas físicas extenuantes.

No solo he tratado a veteranos con trastorno por estrés postraumático (TEPT), sino que lo he estudiado de forma exhaustiva en varias de las instituciones de investigación más prestigiosas de nuestro país. Quisiera presentar algunas pruebas que exponen por qué nuestros veteranos de combate no son gente débil. Son las personas más fuertes que jamás haya conocido.

Y, por lo general, no desean cargar a otros con su dolor. La mayoría de ellos nunca aceptaría guardar rencores, ni divulgar sus experiencias en las redes sociales, ni echarle la culpa de sus dificultades a otro. Por ello, me parece importante, como psiquiatra clínica e investigadora, defender a estos hombres y mujeres que nos defendieron a nosotros.

Vidas alteradas

El trauma de combate es un poderoso pronosticador de distintos trastornos de salud mental. Si bien el TEPT es, por supuesto, la consecuencia más destacada, los veteranos que actuaron en zonas de guerra también padecen tasas alarmantes de depresión, ansiedad y abuso de sustancias. Además, en estos últimos años, la elevada tasa de suicidios entre militares de Estados Unidos se ha disparado hasta alcanzar un número estimado de 22 muertes por mano propia a diario.


Si estos datos no son suficientes para lograr que la mayoría de los estadounidenses —incluido usted— bajen la cabeza, expresen su agradecimiento y tal vez hasta se pongan a llorar, no estoy segura de qué haría falta.

Lamentablemente, los veteranos afectados de TEPT también padecen lo que los profesionales de la sanidad denominan una “ calidad de vida reducida”. Acuden al trabajo con menor frecuencia y utilizan más servicios de atención de la salud.

Salvo que sea tratado, por lo general el TEPT sigue un curso crónico y atormenta al individuo por muchos años o décadas. Es por ello que la considerable carga del TEPT no recae únicamente en los hombros del veterano, sino también en su familia, en su comunidad y en la sociedad.

Y en cuanto a aquellos que, como usted dijo, “no soportan” la guerra, existe una amplia bibliografía de investigación sobre los factores de riesgo que hacen que una persona sea más propensa a desarrollar el TEPT. ¡La ciencia sobre los factores de riesgo del TEPT no respalda la idea de que los veteranos sean gente débil! Los plazos de despliegue prolongados, la exposición más intensa al combate, las heridas físicas de mayor gravedad y las lesiones cerebrales traumáticas son algunas de las variables que contribuyen de forma más contundente al TEPT.

Sufrir en silencio hace la carga más pesada

Hace algunos años, cuando yo organizaba grupos grandes de psicoterapia para veteranos que sirvieron en la guerra de Vietnam y en la primera guerra del Golfo Pérsico, uno de los participantes me preguntó: “¿Por qué se dedica usted a esto?” Sin dudarlo un instante, y desde el fondo de mi corazón, le contesté: “Porque, de no ser por la gracia de Dios, allí estaría yo.”

No me cabe duda de que si yo hubiese vivido en carne propia o presenciado las situaciones que ellos vivieron, habría regresado con espantosas pesadillas invasivas, con visiones diarias de los rostros de los muertos repitiéndose en mi mente, y con el pensamiento continuo de que podría haber hecho algo distinto. Esto no son síntomas de debilidad. Son síntomas de humanidad —propios de almas afectuosas, cariñosas y extraordinarias.

Muchos de los veteranos de nuestra nación no reciben los servicios que necesitan y se merecen, o bien esperan décadas antes de obtener ayuda. Ello se debe a una multitud de razones, incluido negar o quitarle importancia a los problemas, el deseo de evitar los recuerdos y recordatorios del trauma, el estigma y la voluntad de resolver los problemas por cuenta propia.

No obstante, el mayor obstáculo que he observado en mi experiencia clínica, y que ha sido verificado mediante investigación, es el temor a ser considerado débil. Así que sufren en silencio —y lo han hecho por demasiado tiempo.

"Todos estos años pensé que estaba loco"

Hace aproximadamente una década, un veterano de la Segunda Guerra Mundial fue referido a mi consulta por un médico de atención primaria. Siempre cumplidor, acudió amablemente a mi consultorio bajo las órdenes de su médico, sin acabar de comprender por qué lo hacía. Conforme yo iba recitando algunos indicios y síntomas de trastornos relacionados con el trauma, sus ojos se agrandaron como queriendo decir: “¿Cómo sabe lo que me está sucediendo?” Pensó que había sepultado esos horrores en las profundidades de su alma y le asombró pensar que yo era capaz de verlos. Este octogenario grandulón y fornido me dijo entre sollozos: “Todos estos años pensé que estaba loco, que era perezoso, débil y defectuoso".


Yo también tuve ganas de llorar. Este hombre había sufrido en silencio por más de 60 años. ¿Acaso no es lamentable?

En el cumplimiento del deber y del servicio a nuestra nación, hay hombres y mujeres que se exponen a un impacto perdurable en su bienestar mental y físico, así como en el de sus familias. Se merecen que se los respete, no que se los avergüence.

* La doctora Joan Cook es profesora asociada en psiquiatría de la Universidad de Yale.

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