Crisis en Venezuela

Braulio Jatar no deja de escribir

Al día siguiente de publicar videos sobre la icónica protesta que desató la visita del presidente Nicolás Maduro a Villa Rosa, en la Isla de Margarita, Braulio Jatar fue detenido. Lo acusaron de legitimación de capitales. Uno de los testigos señalados en el expediente de la causa niega haber declarado. Esta es una de las 11 historias recopiladas por Ipys Venezuela en Crónicas Insumisas: periodistas y gerentes de medios, editores y caricaturistas venezolanos que se han negado a renunciar a su derecho a la libre expresión.
28 Feb 2018 – 3:20 PM EST



Braulio Jatar, editor del portal margariteño Reporte Confidencial, se levanta todos los días a las 4:00 de la mañana y hace su primer café. Toma una taza y a veces se asoma por la ventana a ver el amanecer. Luego se dedica seis o siete horas a escribir. Desde que en mayo de 2017 cambiaron su reclusión en la cárcel por arresto domiciliario, se sumerge en largas jornadas de lectura y escritura. Y se olvida del tiempo. Quizá para que pase más rápido.

Así, sentado frente a su computadora, estaba aquella noche del 2 de septiembre de 2016 cuando se enteró de que al presidente, Nicolás Maduro, Villa Rosa se le había convertido en un bosque de espinas.
Braulio veía, en los videos aficionados que le enviaban a su celular y que también circulaban por las redes sociales, la misma escena en la que el Jefe de Estado era apabullado por una multitud. Ocurría en Villa Rosa, esa alejada localidad al suroeste de la Isla de Margarita, en el estado Nueva Esparta, que había sido, en tiempos de Hugo Chávez, un bastión de la revolución. Pero con su heredero político algo había cambiado. Maduro había ido a entregar unas casas y no fue bien recibido en el pueblo. Las personas en las calles vociferaron consignas en su contra y tocaron la melodía metálica de las ollas. Tac, tac, tac, tac, tac, tac. Un estruendo. Tac, tac, tac, tac, tac.

El quizás sorprendido equipo de seguridad sacó al mandatario de allí. Pero el agua ya se había derramado. Las imágenes se habían vuelto virales en Internet.

Viendo todo aquello, Braulio le dijo a los otros editores de Reporte Confidencial que él se encargaría de subir la información a la página. Aunque abogado de profesión, le apasiona el oficio periodístico y fundó ese medio en 2005 como un pequeño impreso, que luego, en 2007, se convirtió en un sitio web de noticias.

Braulio quiso corroborar las informaciones que llegaban de Villa Rosa. Como el pueblo estaba a oscuras, y los videos eran artesanales, era difícil precisar si el hombre alto acorralado por la gente era, realmente, el presidente de la República. Así que aunque otros medios replicaban los materiales audiovisuales, él esperó. Y solo cuando estuvo seguro, colgó el contenido en la página.

Mientras aquellas imágenes le daban la vuelta al mundo, el gobierno comenzó a buscar responsables en el lugar del incidente: con el paso de las horas, llegaron militares a la comunidad. Eran muchos. Y al amanecer del sábado 3 de septiembre, el hasta entonces olvidado sector estaba completamente militarizado.

Ese día Braulio se levantó temprano para ir al programa de radio sabatino que conducía junto a otros dos periodistas. Era una revista informativa en vivo que nutrían con las noticias de Reporte Confidencial y entrevistas. Conversó con sus compañeros de cabina a través de WhatsApp sobre la pauta del día y, al terminar, promocionó parte del contenido del programa. “Revelaremos datos de lo sucedido en Villa Rosa”, escribió en su cuenta de Twitter.

Después, a las 9:40 am, media hora antes de que el programa saliera al aire, se enrumbo hacia la emisora.

Pero no llegó.

Como el programa era en vivo, no se podía esperar: había que arrancar aunque Braulio no estuviera. Era la hora y él no llegaba. Los otros conductores, que también hacían la producción, le marcaban al teléfono pero la llamada caía directo al buzón de voz. Le escribían y no respondía. “Será que se devolvió”, pensaron. Y, llegado el momento, tuvieron que arrancar. “Buenos días, bienvenidos a Reporte Confidencial Radio. Nuestro compañero Braulio Jatar llegará unos minutos”, se excusaron.


Silvia Martínez, esposa de Braulio, escuchó esa frase en su casa y sintió un corrientazo. ¿Cómo que llegará en unos minutos si él salió con suficiente tiempo? Entonces lo llamó y el celular estaba apagado. Aunque sabía que estaban al aire, llamó a la locutora a la cabina, quien le respondió en susurros:

–No sé, Silvia, no ha llegado.
–Entonces voy a hacer el recorrido de la casa hasta la emisora. Voy para allá.

El trayecto se atraviesa en no más de 10 minutos, sobre todo los sábados cuando las vías suelen estar despejadas. Ese fue el tiempo que tardó Silvia en llegar. Al verla, los conductores del espacio improvisaron un corte. “Escuchemos este tema y ya regresamos”. Tenían la esperanza de que ella les dijera, por ejemplo, que Braulio se había quedado accidentado. Pero no. Así que sacaron conclusiones: si el vigilante de la urbanización lo vio salir, si en el camino no hubo accidentes, si su teléfono estaba apagado y no había llegado a la radio, entonces Braulio estaba secuestrado.

–Estamos de vuelta. Son las 9:30 de la mañana. Debemos informar que estamos preocupados, no sabemos nada de Braulio. Su esposa Silvia Martínez ha corroborado que él salió hace minutos de su casa y se desconoce dónde está.

Continuaron con el programa. Hicieron las entrevistas que tenían pautadas. Y finalizaron.

Durante el día lo buscaron pero no lo hallaron. Nadie –ni la familia, ni los compañeros de la radio, ni los trabajadores de Reporte Confidencial– supo nada del comunicador.

A las 9:40 de la mañana, Braulio salió de su casa y tomó la Avenida Francisco Esteban Gómez, de Porlamar. Fue por esa vía que una camioneta Hylux blanca lo interceptó. El copiloto, un hombre con el uniforme del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) se bajó y lo conminó a detenerse. Apenas se percató, Braulio bloqueó su teléfono y lo lanzó debajo del asiento, pues allí tenía chats con periodistas y fuentes que le habían enviado el contenido publicado en la página. Sabía que en Villa Rosa estaban buscando culpables y él sintió que lo correcto era salvaguardar a sus fuentes.

–Acompáñenos, la jefa quiere hablar con usted –le dijo el funcionario, que abrió la puerta del vehículo y se subió al puesto del copiloto. Después le pidió que manejara hasta la sede policial.

El auto iba escoltado por la camioneta que lo detuvo, del mismo cuerpo de seguridad.

–Si me van a detener díganmelo –le insistió Braulio–. En la radio se van a preocupar.

Imaginaba que le harían preguntas, que le prohibirían continuar con el programa de radio, que le harían advertencias. “Seguro más amenazas”, pensó. Al principio, no creyó que lo dejarían preso. Pero después sí, porque recordó las llamadas anónimas que a cada tanto recibía, en las que lo amenazaban con que sería detenido. Comenzó a recibirlas luego de que en 2014 otros funcionarios allanaron su casa y la sede de Reporte Confidencial, y cargaron con 12 computadoras, documentos e incluso equipos de videojuegos de su hijo.

Los familiares y amigos lo buscaron. Fue en la noche cuando un mensaje tajante les dio luces: “Braulio Jatar quedará preso y nadie se lo devolverá a la oposición”. Los escasos 66 caracteres fueron publicados en la cuenta de Twitter de Zurda Conducta (@ZurdaKonducta), programa transmitido por la televisora estatal Venezolana de Televisión. Fue la primera información que tuvieron sobre el paradero del periodista.

Minutos después, a las 8:00 de la noche, se produjo un allanamiento a la residencia de los Jatar: un grupo de funcionarios encapuchados entró a la casa con armas largas. Solo uno mostró el rostro. Y ante la insistencia de los familiares, los funcionarios confirmaron la noticia. “Está detenido en la sede del Sebin en Porlamar. Pueden ir a llevarle algunas cosas”, dijeron.

Silvia organizó un maletín y se dirigió a la sede del Sebin. Pero no la dejaron verlo esa noche, ni al día siguiente. Fue el lunes, 36 horas después de la detención, cuando permitieron la visita. Lo encontró con heridas en el brazo derecho porque un funcionario quiso obligarlo a activar su teléfono y él se negó.


Braulio le informó a Silvia que lo acusaban de legitimación de capitales porque, supuestamente, portaba un maletín plateado en el asiento trasero del carro con 25 mil dólares en efectivo. Dijeron que el dinero estaba destinado a financiar actos para perturbar la Cumbre de Países No Alineados, que iba a celebrarse 10 días después en la Isla.

Tras cuatro días, el comunicador fue trasladado en la noche, en un helicóptero militar, a la base aérea La Carlota, en Caracas. La explicación que les dieron a los familiares fue que por seguridad de la Cumbre no debía haber presos en las sedes policiales.

Los traslados de Braulio comenzaron a ser frecuentes: pasó por el Internado de Cumaná, la cárcel 26 de julio en Guárico y el penal de San Antonio en la Isla de Margarita, siempre con presos comunes. Por la manera como se produjo su detención, esa mañana de septiembre de 2016 y después de la publicación en su portal de las escenas de la estruendosa protesta contra el presidente de la República, varias instancias prestaron atención al caso.

El Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria, adscrito al Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), recomendó en una sesión realizada en Ginebra, entre el 19 y 28 de abril 2017, la “inmediata libertad para el director de Reporte Confidencial”. El documento decía que era necesario que el Estado adoptara “las medidas necesarias para remediar la situación de Braulio Jatar sin dilación, y ponerlo en conformidad con las normas internacionales pertinentes dispuestas en la Declaración Universal de DD HH y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”.Pero el Estado, hasta ahora, no ha cumplido nada de eso.

Braulio Jatar sigue preso.

A la fecha se le han fijado dos audiencias preliminares. Su defensa se ha negado a asistir, porque la Fiscalía se resiste a llamar a los testigos y mantiene la acusación. Los abogados han solicitado una y otra vez el sobreseimiento de la causa.

En mayo de 2017 una manifestación en su apoyo se llevó a cabo en la Isla de Margarita. Los dirigentes de esa movilización consignaron ante la Fiscalía un documento que buscaba demostrar que el caso de Braulio Jatar fue un montaje. Era un video en el cual Freddy Domingo Hernández Matos, quien aparecía en el expediente como testigo de que Braulio tenía la maleta con dinero, afirmaba que desde hacía más de 25 años no estaba en la isla, y aseguraba que no había declarado en contra del editor y abogado.

En febrero de 2017, Braulio lucía visiblemente descompensado. Por eso los abogados pidieron en que se le concediera una medida humanitaria. Y después de mucho insistir, lograron que lo trasladaran a una clínica en Porlamar. A consecuencia del esfuerzo para cargar agua en una de las cárceles, le detectaron dos hernias. Los médicos indicaron que debía ser intervenido quirúrgicamente, porque corría riesgos, dada su hipertensión severa y sus problemas cardíacos. En efecto lo operaron y allí se mantuvo hospitalizado durante cuatro meses. Nunca volvió a los calabozos. Fue trasladado a su residencia, bajo la modalidad de casa por cárcel.
En la entrada, una planta floreada de trinitarias rojas da la bienvenida. Adentro, un paraban de madera demarca el íntimo espacio donde se suele sentar a escribir. El lugar está inundado de luz natural gracias a enormes ventanales. Es allí donde pasa largas horas.

Braulio volvió a su casa en mayo de 2017. “Mientras más encerraron mi cuerpo, más liberaron mi mente”, escribió en Twitter el 26 de diciembre 2016. Desde que está en prisión, ha escrito cinco libros, entre ellos una trilogía: Terror sobre la balanza, Terror de cuello blanco y Pranato, en los que resume buena parte de sus experiencias y conocimientos como abogado y comunicador. Son historias a través de las cuales quiere describir la descomposición de los centros del poder en Venezuela. La disciplina frente al teclado es lo que le ha permitido sobrellevar el encierro.

Desde luego que no puede apartarse de lo periodístico: revisa contantemente las redes sociales y los portales de noticia. Es lo que hace cada mañana cuando se asoma a la ventana a tomar la primera taza de café del día, mientras ve el amanecer.

En fotos: Óscar Pérez, el policía rebelde asesinado por el gobierno venezolano

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