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Criminalidad y Justicia

Una madre muerta con su hija en brazos: el asesinato de una joven en Maryland que por años pareció el 'crimen perfecto'

Pasaron años antes de que las autoridades resolvieran el asesinato de Karlyn Ramírez, una joven que fue baleada en su casa en Maryland, donde también estaba presente su hija pequeña.
Por: Angie SandovalyYinett Polanco,
11 Nov 2019 – 06:06 PM EST

La noche antes de su muerte, la analista de información Karlyn Ramírez llamó angustiada a una de sus hermanas.

"¿Tú crees que mi niña sabe que la quiero?", le preguntó. Ella le contestó que sí.

Hasta el día de hoy, Rossane Ramírez, la hermana de Karlyn, no puede sacar de su cabeza esa conversación.

Nacida en Del Río, Texas, Karlyn Ramírez fue una niña tímida hasta que terminó la secundaria. Pero al finalizar la escuela comenzó a hacer ejercicios, decidió estudiar Justicia Criminal, se inscribió en el ejército y allí la enviaron a Corea de Sur.

Durante su permanencia en el país asiático, conoció a quien creía que sería el amor de su vida. Poco después quedó embarazada. A los cinco meses de concebir a su hija, Karlyn regresó a EEUU y consiguió trabajo en la Agencia de Seguridad Nacional.

Su trabajo soñado, su boda con el sargento Maliek Kearney y el futuro nacimiento de su hija le hicieron pensar que su vida estaba completa. Pero en un par de meses las cosas comenzaron a dar signos de preocupación.

En una llamada a su hermana, Karlyn le dijo con el aliento cortado que estaba segura de que algo malo le iba a pasar a ella o a su niña. Rossane logró calmarla y, al día siguiente, le contó a la madre de ambas de la extraña llamada.


Preocupada, la madre trató de contactarla. Pero al no recibir respuesta, decidió llamar a su jefe. Este le dijo que Karlyn no había ido ese día a la oficina.

Un trabajador había encontrado abierta la puerta de atrás de la casa donde Karlyn vivía sola con su hija. Al ver que nadie le respondía, llamó a la policía. La premonición de la joven analista había sido acertada.

El detective Daniel Myers fue uno de los primeros en llegar al hogar de Karlyn. Allí la encontraron, asesinada a balazos con un revólver, con su pequeña hija viva sobre su pecho. “La bebé tenía sangre en su mano, era la sangre de su madre”, recuerda.

Los restos de Karlyn fueron sepultados en Del Río, muy cerca de donde había crecido. Su esposo, el sargento Maliek Kearney, viajó desde Carolina del Sur, donde vivía, para asistir al funeral.

Como es costumbre en toda investigación criminal, el esposo de la víctima fue el primero en ser cuestionado. El sargento les dijo a las autoridades que la noche del asesinato estaba solo en su casa en Carolina del Sur a unas siete horas por carretera de Maryland.

Cuando la encontraron tendida sobre el suelo, Karlyn tenía los pantalones y la ropa interior bajados. Así que los investigadores se preguntaron si la joven había sido víctima de un crimen sexual. El carácter secreto de su trabajo también levantó sospechas por otros motivos.

Su madre, Susana Ramírez, recuerda que le preguntaron si a Karlyn le había llegado “mucho dinero que no podía explicar o si tenía contacto con personas extrañas”. Su otra hermana, Laura Torres, dice que “siempre había esa duda de que a lo mejor se encontró con algo que no debía o supo algo que le puso en riesgo su vida”.


Los meses seguían transcurriendo y las pistas sobre el asesinato de Karlyn Ramírez parecían haberse enfriado. La madre insistía con la Policía, pero no obtenía respuesta. En ese tiempo habían estado analizando el contenido del teléfono del sargento Kearney.

Aunque la madre de Karlyn estaba segura de que él había estado involucrado de alguna manera en la muerte de su hija, las mejores amigas de Karlyn no podían creerlo: “No podíamos pensar que fuera él. Él era el esposo, el amor de su vida y no le haría daño a la madre de su hija”.

Los detectives analizaron por semanas centenares de mensajes de texto del teléfono Karlyn y su esposo, así como las cuentas de ambos y de sus conocidos en las redes sociales. Hasta que un día, un nuevo sospechoso emergió del enjambre cibernético. No se trataba de alguien que la familia Ramírez conociera.


Alguien que vivía en la Florida se comunicaba con Maliek Kearney con demasiada frecuencia. La policía quería saber de quién se trataba. Así dieron con Dolores Delgado, de 33 años, quien dijo que había conocido a Kearney en el 2007 cuando ambos estaban sirviendo en el ejército en Irak, pero les aseguró que la relación entre ellos era solo de amistad.

Sin embargo, luego de indagar, las autoridades hallaron un recibo donde se mostraba que semanas antes del homicidio Dolores Delgado había comprado un revólver calibre 357: el mismo tipo de arma que se usó para matar a Karlyn. La mujer también había puesto a la venta varias cajas de municiones en Facebook.

La pista de los mensajes telefónicos dio frutos: los investigadores constataron que Dolores era la amante del sargento Maliek Kearney y que, 23 días antes del asesinato, Delgado envió un mensaje refiriéndose a Karlyn en el que decía “esta perra loca va a morir”.

Luego de triangular la señal de sus celulares, pudieron demostrar además que la noche del asesinato de Karlyn, Dolores estaba en Carolina del Sur, donde vivía Maliek.


A pesar de que los investigadores arrestaron al sargento Maliek Kearney por la muerte de su esposa y estaban convencidos de que él había usado a su amante para cubrirse de alguna manera, les faltaban elementos para demostrarlo. Hasta que una llamada inesperada vino en su auxilio.

Un amigo de Dolores Delgado les contó a las autoridades que él la había acompañado a deshacerse de un revólver en un lago en Florida. Al saber que ella había sido detenida por homicidio, decidió llamar y contar lo que sabía porque no quería ser cómplice de un crimen.

Por el tiempo que había pasado bajo el agua el arma fue recuperada herrumbrosa y maltrecha. Además, le habían borrado el número de serie. Utilizando ácidos especiales, los investigadores lograron rescatar el número de serie y establecer que fue la misma que Delgado había comprado y de la cual ellos tenían el recibo.

Con mucho trabajo lograron restaurarla y compararon sus proyectiles con los casquillos hallados en la escena del crimen. No había duda, tenían en su poder el arma asesina.

Tras admitir su rol en el asesinato de Karlyn, Dolores se convirtió en testigo estrella de la fiscalía. El Fiscal de Maryland, James Warwick, asegura que “El testimonio de Dolores Delgado fue sumamente importante porque le ofreció al jurado detalles de primera mano de lo que había ocurrido, de cómo Maliek había planeado el crimen”.

En agosto del año pasado, tres años después del asesinato, Maliek Kearney fue sentenciado a cadena perpetua. Su cómplice Dolores Delgado recibió una pena de casi 20 años de cárcel.

Aunque el juicio le dio el cierre que buscaba, a Susana Ramírez nadie puede quitarle la tristeza por la muerte de su hija. Tampoco nadie tiene respuestas sobre qué debe decirle a su nieta cuando crezca: "¿Cómo le voy a explicar a mi niña que su mamá fue asesinada por su papá?".

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