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Juicios

"Era una orden de mi amo": testigo cuenta cómo se convirtió por años en una esclava sexual del gurú de NXIVM

Avanza en Nueva York el juicio contra Keith Raniere, quien enfrenta hasta cadena perpetua por liderar un culto de esclavas sexuales bajo la fachada de un grupo de superación personal. Los perturbadores testimonios de dos exmiembros de la organización han dejado al jurado atónito y han fortalecido la acusación de la Fiscalía.
16 May 2019 – 9:55 PM EDT

Sylvie tiene 32 años, pero 13 de ellos fue esclava. Su vida cambió para siempre y terminó metida en una especie de culto sin planearlo, pues allí llegó de la manera más inesperada: tomando cursos de superación personal para mejorar en su carrera como equitadora profesional. Esas clases impactaron su forma de pensar al punto que aprendió a no confiar en sus propios instintos y no podía diferenciar entre lo que realmente quería o las órdenes de sus "amos".

"Buenos días, Gran maestro 💜💜💜", escribía cada mañana un mensaje que acompañaba con una foto suya desnuda y le enviaba al líder, Keith Raniere.

Esta mujer fue reclutada por una sociedad secreta dentro de un hermético grupo de autoayuda, conocido como NXIVM, en el norte del estado de Nueva York y durante años todos los días le tenía que enviar estas imágenes suyas a Raniere, con quien también fue obligada a tener sexo.

Así lo explicó ella misma en la corte federal de Brooklyn como una de los testigos que la Fiscalía ha presentado en el juicio en contra del gurú de esta organización, quien fue acusado de conspiración, trabajo forzado, asociación delictiva, extorsión y tráfico sexual, entre otros cargos.

Con la promesa de tener una vida más exitosa, ser más felices o alcanzar metas profesionales los miembros del grupo –que ha sido comparado con una secta– se dejaban convencer de estar en el camino de la 'iluminación'. Sus cerebros eran lavados al punto que para muchos pareció completamente normal por décadas rendir culto a su "maestro" y para las mujeres obedecer a sus pedidos sexuales y todas las órdenes que les dieran.

Esto es lo que la fiscal Tanya Hajjar dijo al jurado al presentar el caso, con lo cual busca probar que Raniere fundó una organización a finales de los 90 con el pretexto de empoderar a las personas, pero su verdadero interés era "timarlas" y "controlarlas", especialmente a las mujeres.

"Su objetivo eran personas que buscaban mejorar su vidas", dijo Hajjar. "Las atrajo lentamente con promesas de éxito, dinero, mejores relaciones, y cuando se ganó su confianza, las explotó", agregó la funcionaria.

Sin embargo, Raniere, de 58 años, se ha declarado inocente de todos los cargos, incluyendo el de trata de mujeres. Él insiste en que los encuentros sexuales que tuvo con sus seguidoras fueron consensuados, pero de ser encontrado culpable podría enfrentar la cadena perpetua.

Su defensa intenta favorecer esta posición describiendo a su cliente como un hombre que ha construido una "familia feliz" de estudiantes y seguidores. Según el abogado Marc Agnifilo, quienes se unieron a este grupo lo hicieron para mejorar sus vidas, adquirir disciplina y mejorar su código de ética, admitiendo que Raniere a veces era duro, pero "solo porque eso fue para lo que se inscribieron" sus adeptos.

Pero los perturbadores detalles que han dado hasta ahora los testigos y exmiembros de la organización en el tribunal ofrecen un panorama muy diferente y aterrador, a juzgar por las expresiones del propio jurado.

Al acusado parece no asombrarle ninguna de esas descriptivas declaraciones, algunas donde lo señalan hasta de acoso sexual de una menor de edad. Él se mantiene tranquilo, mira fijamente a través de sus lentes a quienes testifican en su contra y toma nota de lo que dicen en una libreta.

No se exaltó ni cuando la fiscal dijo que algunas mujeres que hacían parte de la 'hermandad' de esclavas sexuales, conocida como DOS (el acrónimo de la frase del latín "Dominus Obsequious Sororium" que quiere decir "amo de mujeres obedientes"), eran marcadas como ganado con las iniciales del líder.

Al escuchar esto, un miembro del jurado se llevó la mano a la boca en señal de asombro, según el diario The New York Times.

Y es que se trata de un caso que ha atraído la atención de los medios durante meses, pues entre en su red de personas más cercanas está la actriz de televisión Allison Mack, acusada de ayudarlo a reclutar mujeres y quien ya se declaró culpable de varios cargos relacionados con este esquema.

Un "proyecto especial" la convirtió en esclava

Sylvie, a quien se le permitió testificar identificándose solo con su primer nombre para proteger su privacidad, contó cómo fue reclutada en 2015 y describió sus experiencias como miembro de una sociedad que las obligaba a ser "esclavas".

Ella aseguró que una mujer llamada Mónica, a quien conoció en las clases de NXIVM y se había ganado su confianza, le dijo que tenía un "proyecto especial" que le ayudaría a mejorar. Las instrucciones empezaron a llegar: tenía que enviar fotos desnuda a Raniere para hacer parte del grupo DOS y entregar información que pudiera hacerle daño a ella misma si era revelada como forma de garantía.

Era parte del modus perandi de la organización. Entre las evidencias que presentan los fiscales en este caso están muchas de esas "garantías" o "colaterales" que las víctimas de este grupo tenían que entregar a su "amo" (Raniere): fotos y videos de ellas desnudas, así como otros materiales comprometedores para asegurar su obediencia, su silencio y su disponibilidad sexual.

A Sylvie le hicieron escribir una carta a sus padres en la que confesaba que era una prostituta con una foto adjunta. Esa confesión, aunque era falsa, estaba dentro de un sobre listo para ser enviado y era la "garantía" de su fidelidad al grupo. La amenaza de que esa información sería revelada la asustaba y perseguía a donde iba, según le dijo al jurado.

A ella también le dijeron que no podía tener relaciones sexuales con su esposo John, otro miembro de NXIVM con quien se había acabado de casar. Le pidieron no tener sexo con él por dos años con el argumento de que primero tenían que desarrollar la relación. "Ella (Mónica) me dijo que ella era mi ama y que yo tenía que hacer lo que me pidiera", afirmó Sylvie. "Y ella tenía mi colateral".

La Fiscalía expuso que las mujeres dentro de esta 'secta' eran amenazadas para que tuvieran sexo con Raniere, mientras que la defensa del gurú insiste en que eran ellas quienes voluntariamente se unían a este grupo, donde nadie las forzó a hacer nada en su contra.

El relato de esta testigo fortaleció la acusación, pues aseguró que la "ama" que le fue designada le ordenó reunirse en privado con Raniere, quien la obligó a quitarse la ropa y le hizo sexo oral. Dijo sentirse avergonzada, pero pensó que no tenía otra opción.

"Era una orden de mi amo"

Esa reunión se dio después de que le pidieron a ella que le enviara fotos de su vagina al líder y le coqueteara en sus mensajes, según narró en la corte. Mónica le indicó luego que fuera a la casa de Raniere. "Me dijo que necesitaba pedirle que tomara mi foto y que lo siguiera en lo que fuera a pasar en esa reunión, pero no me dijo qué".

Cuando estaba en la casa del acusado, este le dijo que se quitara la ropa y se acostara en una cama. Luego le empezó a hacer sexo oral. "Solo recuerdo que sentía que había pasado muchísimo tiempo y empecé a pensar '¿cuándo se va a terminar esto?'", contó Sylvie, quien agregó que se puso a hacer sonidos para hacerle saber que ya estaba satisfecha. "Estaba haciendo cualquier cosa para hacer que se detuviera, básicamente".

Cuando terminó, Raniere se hizo a su lado en la cama y le dijo que era "valiente y especial", además le informó que ahora él era su gran amo.

- "¿Querías participar en eso?", le preguntó la fiscal adjunta Moira Penza.
- "No", le contestó la testigo.
- "¿Por qué lo hiciste?"
- "Yo entendí que esa era una orden de mi amo y que eso era parte de mi rol como una esclava para hacer lo que supuestamente tenía que hacer sin meterme en problemas".

Sylvie testificó que durante 13 años fue miembro de la organización y cuando la defensa le preguntó por qué continuó comunicándose con su cliente si no quería, ella explicó que tal era el impacto que había tenido el programa de entrenamiento en ella que ni siquiera confiaba en sus propios instintos para darse cuenta que era algo malo.

La obsesión por cuerpos raquíticos

Otro de los testigos que han sido presentados por la Fiscalía es Mark Vicente, un productor de cine de Los Ángeles que pasó más de una década dentro de NXIVM hasta que se retiró en 2017, quien describió emotivamente lo que sucedía al interior de "una fachada de buenas intenciones que cubre un mal horrible".

Vicente relató cómo el líder del grupo se presentaba a sí mismo como un genio que tenía una reputación de divinidad entre sus seguidores, incluyendo "habilidades" y poderes que le atribuían, tan extremos como poder influenciar el clima. "En el momento que lo veías era un poco como si estuvieras viendo como una especie de Dios", confesó.

Eso sumado a sus excusas para tener relaciones sexuales con las mujeres, lo cual justificaban los líderes diciendo que "había un camino a la iluminación a través de la sexualidad y Raniere entendía ese camino". Así se lo dijo Nancy Salzman, presidenta de NXIVM, alguna vez.

Vicente aseguró al jurado que Raniere, quien también era conocido como 'Vanguard', tuvo relaciones sexuales con más de 20 mujeres de la organización.

Pero este testigo cuenta que había cosas que le empezaron a parecer extremas e incluso llegó a criticar, como la obsesión por la imagen de los cuerpos femeninos y la visión tóxica que había de esto.

Según su relato, varias de las mujeres, entre ellas la actriz Allison Mack, se volvieron peligrosamente delgadas después de seguir dietas extremas que les obligaba a hacer el líder. Una vez le dijo a Raniere que le preocupaba la apariencia de Mack, pues ya se veía poco saludable y parecía "rota", a lo que el acusado le contestó: "La estoy tratando de romper".

Miles de dólares por un fraude

Vicente recordó al jurado cómo Raniere era visto como un intelectual por todos sus seguidores, quienes pagaban miles de dólares para participar en sus cursos. Allí había aplausos, alabanzas y agradecimientos al unísono para el líder, que vestía siempre un cinturón blanco que denotaba su superioridad, mientras sus "estudiantes" tenían diferentes colores de acuerdo a su experiencia: blanco (pero más corto), naranja o verde.

Estos cursos no eran nada baratos. Según este testigo podían costar tanto como 7,500 dólares por 16 días. Cada día podía extenderse por 12 horas, lo cual convertía en jornadas extenuantes los días de "entrenamiento". Cada que tomaban una clase, los estudiantes tenían que llenar un cuestionario con su información muy personal, algo que ahora él se pregunta a dónde habrá ido a parar.

"Me sentí embaucado. Me sentí engañado. Sentí que demasiado sobre mí fue recolectado", dijo en la corte Vicente, quien además descubrió que los miembros de NXIVM eran espiados con cámaras de vigilancia en la entrada de sus casas y presionados a gastar miles de dólares en las clases. "Me sentí excesivamente vulnerable".

Al principio de las sesiones, tanto estudiantes como instructores se ponían su cinturón y se juntaban para proclamar su misión en coro: "Estamos comprometidos con nuestro éxito. No hay víctimas definitivas, por lo tanto, no elegiré ser una víctima".

"Es un fraude. Es una mentira", rompió en llanto el hombre en el estrado.


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