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Convención Republicana

Mike Pence intenta conquistar a los evangélicos en medio de la división del partido

“Soy un cristiano, un conservador y un republicano. Por ese orden”, dijo Pence para darse a conocer. Ésas son las características con las que espera conquistar a parte de los enfadados seguidores de Cruz.
21 Jul 2016 – 12:14 AM EDT

Mike Pence salió al escenario sólo unos minutos después de que Ted Cruz hubiera sido jaleado por los suyos y abucheado por los seguidores de Donald Trump por no apoyar formalmente al candidato. En los pasillos de la convención aún se cruzaban acusaciones delegados de los dos bandos cuando al gobernador de Indiana le tocó aparecer. Lo presentó Paul Ryan, el speaker de la Cámara de Representantes y el republicano que ha intentado adoptar el papel paternal de unificador en Cleveland.

“Soy un cristiano, un conservador y un republicano. En ese orden”, dijo Pence para darse a conocer. Ésas son las características con las que espera conquistar a parte de los enfadados seguidores de Cruz. Presentó a su madre, católica de origen irlandés y que estaba en la convención, y alabó a su esposa, que colaboró en su conversión del catolicismo al cristianismo evangélico. La parte personal de su relato fue acogida con entusiasmo por los delegados.

También intentó humanizar a Trump, uno de los objetivos de la convención, alabando a sus hijos. “No puedes fingir buenos niños”, dijo Pence.

El candidato a vicepresidente tiene un perfil ideológico y político tradicional. Era presentador de un programa de radio conservador en Indiana y se llamaba a sí mismo “Rush Limbaugh con descafeinado”. Pero no es conocido por sus declaraciones excesivas y tampoco es un outsider de Washington. Estuvo 12 años en la Cámara de Representantes. Sus votaciones indican que es el candidato a vicepresidente más conservador en décadas.

Desde 2012, es gobernador de Indiana, donde sustituyó a Mitch Daniels, un republicano moderado cuya obsesión era mejorar la economía y que sonó como posible aspirante a la Casa Blanca. Pero Pence tomó otro camino y en su estado ha empujado leyes contra el matrimonio entre personas del mismo sexo o para limitar el aborto también en casos de malformación de feto. En su discurso en Cleveland, animó a votar a Trump para que elija a un miembro del Tribunal Supremo que vote a favor de legislación que limite el aborto.

En Indiana, Pence defendió una ley que permite a los comerciantes discriminar a los gays y que sólo suavizó por las amenazas de empresarios de que si se aprobaba abandonarían Indiana.

Este miércoles por la noche, Pence también jugó la carta del crítico del sistema aunque pertenezca a él. “Los estadounidenses están cansados de escuchar a políticos en los dos partidos que dicen que harán algo mañana mientras siguen acumulando deuda para nuestros hijos y nuestros nietos. Están cansados de que una pequeña élite intelectual les diga desde lejos en un capitolio cómo puede planear mejor nuestras vidas que nosotros mismos”, dijo.

Un desconocido

Los delegados de la convención aplaudieron con entusiasmo a Pence. Para la mayoría, era una novedad.

El 62% de los votantes registrados dice no tener ninguna opinión sobre Pence, según una encuesta de Gallup. También es un gran desconocido para la mayoría de su partido. En la convención de Cleveland cuesta encontrar camisetas, chapas o señales caseras con su nombre. Aún así, la impresión de seriedad y tranquilidad parece gustar a votantes acostumbrados ya al candidato a presidente más impredecible de las últimas décadas.

“No conozco al candidato a vicepresidente mucho, pero sé que los expertos políticos lo conocen y están entusiasmados, así que será una gran fórmula”, dice Kathy Sims, miembro de la Cámara de Representantes de Idaho y delegada de su estado. Ella empezó como seguidora de Ted Cruz, pero ahora dice que Trump la ha convencido.

“Hay muchos comentarios buenos sobre nuestro vicepresidente aunque nosotras no lo conocemos bien”, dice a su lado su amiga Sharon Corbett, de Coeur d’Alene, una de las zonas más conservadoras de Idaho. A ella le cuesta recordar a quién apoyaba al principio por la cantidad de aspirantes republicanos. “Me gustaba mucho ese otro que luchó contra los sindicatos en aquel estado”, dice. Se refiere a Scott Walker, gobernador de Wisconsin. Walker abandonó la carrera en septiembre de 2015, antes de que empezaran las primarias, y pidió a sus ex rivales que se unieran contra Trump. Este miércoles habló en la convención. Fue uno de los pocos representantes nacionales del partido en hacerlo.

“No sé nada de Pence. No lo conocía antes de que fuera elegido”, dice Kat Gates, delegada de Florida, reflejando la opinión de muchos aquí.

Una persona calmada

Los más informados sobre Pence son los de los estados cercanos, como Barbara Finger, empleada de Walmart de Wisconsin de 60 años y que dice haber visto a Pence ya hace una década en una conferencia conservadora.

“Me gustó lo que decía. Es una persona calmada. Y es un cristiano devoto. Me gustan sus credenciales conservadoras”, cuenta Finger, que lleva un sombrero en forma de queso para que, según dice, le pregunten y poder defender la unidad del partido. Ella cree que Pence “equilibrará a Trump”.

Eso repiten también los delegados de Indiana. “Es alguien que cuenta hasta diez antes de hacer algo”, dice Mike McDaniel, expresidente del partido republicano en Indiana y parte de su delegación. Él apoyaba al gobernador de Ohio, John Kasich, y dice que se quedó “colgado” cuando se retiró, pero ahora respalda a Trump. Cree que su gobernador hará ganar a los republicanos el 8 de noviembre. “Si hace un buen trabajo, va a solidificar el apoyo de muchos de los conservadores que no estaban seguros sobre Donald Trump. Los puede traer de vuelta”, dice. Pero confiesa su “sorpresa” de que Trump eligiera a su gobernador.

En la convención, el tono de Pence fue calmado y no hizo el papel de “perro de presa” que a veces se reserva a los vicepresidentes. Uno de sus pocos ataques a Hillary Clinton consistió en decir que es “la secretaria del statu quo“. La frase gustó y animó al público. No era un insulto agresivo como los que acostumbra la campaña de Trump, pero cualquier mención a la candidata demócrata esta semana desata la emoción en el piso y los gritos de “enciérrenla”.

Pence hizo énfasis en la economía, la familia y la inclusión de “los hispanos que respeten la ley”. Intentó evitar los excesos de Trump e incluso bromeó al pronunciar la palabra “ huge” (“enorme”).

Tras el discurso, Trump subió al escenario y casi le dio un beso (se inclinó para hacerlo, pero al final fue al aire). Los delegados gritaban “ we want Mike“.

Trump lo necesita todo

“Los candidatos a vicepresidente suelen llenar un déficit del candidato. En el caso de Trump, lo necesita todo”, explica Barbara Perry, directora de Estudios Presidenciales del Miller Center de la Universidad de Virginia. “Uno de los huecos que rellena Pence es el de la ideología. Es un conservador, cristiano evangélico. Trump tiene una mezcla de ideas, algunas demócratas”.

Pence no viene de un estado en juego, pero le puede ayudar a atraer a los votantes del Medio Oeste, en lugares clave como Pensilvania o Ohio.

Políticos como Paul Ryan, de Wisconsin, dicen sentirse cómodos con un político conservador y tranquilo.

En su cuenta oficial, Pence apenas tuitea y cuando lo hace es para alabar a las empresas que se instalan en Indiana o para colgar fotos de sus reuniones. En la que mantiene como candidato a vicepresidente se atreve con eslóganes como “ crooked Hillary” y “ make America great again”. Esta semana ha defendido a Melania Trump.

Pero Pence no suele dar sorpresas. Ésa es la ventaja que puede tener Trump en una elección que le aporta poco desde el punto de vista de los votos más disputados. Indiana es un estado tradicionalmente republicano que no está en cuestión. Pence tampoco tiene experiencia en campañas presidenciales.


El favorito de Trump

El favorito del equipo de Trump para vicepresidente era John Kasich, el gobernador de Ohio, según cuenta el New York Times. Pero el gobernador y ex rival no quiso ni hablar con Trump de esa posibilidad y no ha acudido a la convención, que se celebra en su estado, algo muy inusual.

El jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, dice ahora que el gobernador de Ohio es un “petulante”, pero, según el Times, Trump le ofreció a Kasich ser “el vicepresidente más poderoso de la historia”. Eso consistiría, según los del Trump, en que se encargara de política nacional e internacional. Cuando los de Kasich preguntaron de qué se encargaría entonces el presidente, la respuesta fue que Trump se ocuparía de “ make America great again”. Kasich declinó la oferta.

Cuando importa el VP

Trump, en cualquier caso, le daba poca importancia a la elección del vicepresidente para ganar las elecciones. Y tiene razón en cuanto a que no son decisivos en la mayoría de los casos. Sólo pueden serlo cuando las elecciones están muy ajustadas.

Barbara Perry, de la Universidad de Virginia, cita dos ocasiones en que los aspirantes a vicepresidente influyeron en el resultado: las elecciones de 1960, cuando Lyndon Johnson ayudó a John F. Kennedy con el voto no católico y sureño, y 2000, cuando la experiencia de Dick Cheney tranquilizó a los que desconfiaban de George W. Bush.

“Pero más allá de las elecciones, es muy importante quién es el vicepresidente”, dice Perry. “Está a un latido de corazón de la presidencia. Nueve presidentes fueron sustituidos por sus vicepresidentes, por muerte o, en el caso de Richard Nixon, por dimisión”.


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