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Convención Republicana

Las protestas que nunca prosperaron en Cleveland

No muchos manifestantes se vieron en la ciudad sede de la Convención Nacional Republicana. Pequeñas protestas sin demasiado empuje acompañaron a la reunión del partido, en unas calles totalmente tomadas por la policía.
21 Jul 2016 – 5:56 PM EDT

Lo que el domingo prometía ser una semana caliente para las calles de Cleveland, hasta ahora ha transcurrido sin mayores consecuencias. A diferencia de otras convenciones nacionales republicanas, los diversos grupos activistas presentes para criticar en las calles adyacentes al evento no han sido masivos ni demasiado contundentes.


Toda la energía de las pequeñas protestas se va acumulando en la plaza Public Square, en el corazón de la ciudad. Desde la mitad de cada mañana de estos días de convención, individualidades y pequeños grupos toman la plaza, conversan con la prensa y con los habitantes de Cleveland.

La temperatura parece ir subiendo a medida que la plaza se va llenando hasta que ya avanzada la tarde comienzan algunas movilizaciones.

Las marchas atraviesan, comienzan o terminan en la céntrica Public Square. Las más osadas caminan tres cuadras e intentan pasar por la entrada peatonal del Quicken Loans Arena, sede de la convención.

Y todas, casi sin excepción, terminan disolviéndose como un grano de azúcar en un tanque de agua.

Sobre las razones por las que las manifestaciones no han sido más contundentes, Lilian Boctor, vocera del movimiento "Se echan raíces para cambiar" -conjunto de agrupaciones defensoras de las minorías presentes en Cleveland- expresa que “primero, está totalmente militarizado aquí (…) además, en este estado hay ‘ open carry’ (porte a la vista) con las pistolas y eso es peligroso, obviamente”.


La activista Anika Reihan, de la organización Code Pink (Código Rosa), protesta desde el inicio de la semana con su grupo en contra del Partido Republicano por los derechos de la mujer, a favor del aborto y contra el machismo trajeadas de rosado.

Comenta que establecieron muchas restricciones para protestar cerca de la convención y prohibiciones absurdas como las pelotas de tennis, pero no las armas. Por eso el movimiento decidió, como “acto de desobediencia civil”, lanzar pelotas de tennis por las calles.

Anika coincide con las razones de Boctor sobre la poca afluencia en las marchas. “La gente no vino por la cantidad de policías y tiene miedo a que le disparen, nadie quiere que lo arresten ni lo maten”, argumentó.

Las dos cosas se pueden constatar a simple vista. Varios miles de policías, locales y de otros estados y condados (tan lejanos como Austin, en Texas, Carolina del Norte, Florida o Indiana) están por grupos de al menos seis funcionarios cada 20 o 30 metros en el centro de la ciudad. Algunos fijos, otros caminando y otros tantos a caballo.


Los más llamativos son los ciclistas. Casi todos de uniforme negro, llevan una cámara de video portátil en el casco. Se mueven rápidamente en sus fuertes bicicletas, que les sirven también de escudo.

Con ademanes y códigos militares estos batallones van dirigiendo la ruta de las pequeñas marchas, haciéndolas serpentear por las calles del centro de Cleveland hasta agotarlas de aburrimiento y cansancio cerca del Public Square.

El ' Open Carry' es un derecho constitucional del Estado de Ohio. Al menos un grupo desfiló formalmente por la ciudad portando sus armas de guerra, el West Ohio Minutemen.

Seis jóvenes blancos, de barba, vestidos de camuflaje y muy tranquilos dejaron claro a la prensa que los abordó, que su única intención era manifestar su derecho a llevar los fusiles con libertad.


Caminaron en fila hacia la plaza Public Square, el lugar de reunión, mientras se hablaban entre ellos por radio.

Pocos minutos después el acceso a la plaza, llena a reventar, fue restringido por la policía. A la pregunta de si la razón del cierre era la presencia del grupo armado, la respuesta de un oficial de la policía de Cleveland fue “ellos tienen derecho como cualquier otro de estar allí”, y comentó que él ya había perdido la pista de dónde estaban los hombres armados.

La aparente tranquilidad de ese oficial contrasta con la evidente tensión en el centro de Cleveland. Una explosión la tarde del miércoles a un costado de la Public Square hizo que muchos se miraran las caras antes de empezar a correr.

De pronto, una estampida de cientos de periodistas, policías y curiosos llegó en segundos hasta un carro al que le explotó una llanta, donde el conductor visiblemente aterrado por el abordaje esperó pacientemente que cinco oficiales le colocaran la rueda de repuesto.


La cantidad de corresponsales en las calles de Cleveland da la impresión de que hay más gente de los medios que manifestantes.

Toda marcha, concentración o actividad está acompañada de cientos de teléfonos, ipads, micrófonos, grabadoras, luces y cámaras de los 15,000 periodistas que según Cleveland.com vinieron a cubrir la convención.

La entrada peatonal al Quicken Loans Arena es el lugar más cercano al que se puede acceder sin acreditación. Muchos delegados llegan al evento a través de esta puerta restringida, custodiada por la policía local y el Servicio Secreto.

Justo en ese lugar, y no en otros, se acomodan cada día los manifestantes religiosos, que se destacan por el volumen de sus prédicas.

Es el mismo lugar donde jóvenes del movimiento LGBT se divirtieron besándose frente a un predicador que condenaba a los gays. También es donde ocurrieron los únicos arrestos a manifestantes, cuando el miércoles un grupo activista roció combustible y quemó una bandera junto a la policía.


La manifestación más significativa fue un muro. Varias organizaciones se unieron para hacer una representación simbólica en tela del famoso muro de Trump. Ocuparon varias calles, fueron contundentes, movieron el centro de la ciudad y no quedaron fuera de ningún medio de comunicación.

Cleveland es una ciudad remota para muchos y estar cinco días en la convención es costoso para cualquiera. No puede ser fácil llegar a una ciudad militarizada y protestar hasta ponerla de cabeza.

No sólo dentro de la Convención Nacional Republicana se desarrolla el juego democrático. En las calles muchos activistas están hablando con la prensa y exponiendo sus razones, en un país donde las voces disidentes se abren paso y alimentan la buena costumbre de llevar la contraria.



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