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Convención Demócrata

El día en que Bill Clinton pronunció el peor discurso de su vida

Clinton debía hablar por 15 minutos, pero sus palabras duraron más de media hora y no fueron bien recibidas en la Convención Demócrata de 1988 en la ciudad de Atlanta.
26 Jul 2016 – 1:22 PM EDT

Bill Clinton apenas tenía 41 años cuando pronunció el peor discurso de su vida. Ocurrió durante la convención demócrata que coronó como candidato a Michael Dukakis en la ciudad sureña de Atlanta en julio de 1988.

Dukakis había dejado en manos del joven gobernador de Arkansas uno de los pasajes más importantes: el discurso en el que una figura relevante del partido detalla los méritos del candidato y presenta su candidatura ante la convención.

Para entonces Clinton no era un desconocido. Controlaba los hilos de la política de Arkansas desde finales de los años 70 y unos meses antes se había planteado incluso lanzar su candidatura a la Casa Blanca.

Es difícil saber a ciencia cierta por qué ese año no se presentó. Pero muchos vinculan su decisión con el escándalo sexual del favorito Gary Hart, sorprendido con una becaria en la cubierta de un yate y expulsado de la carrera. Es probable que Clinton pensara en sus infidelidades y decidiera dar un paso atrás.

Clinton debía pronunciar un discurso de 15 minutos pero sus palabras duraron más de media hora y no fueron bien recibidas en la convención. Monótono, sin anécdotas y pegado al teleprompter, el joven gobernador no atrajo la atención de los delegados. Unos aprovecharon para salir al baño y otros empezaron a hablar hasta sumergir sus palabras en un murmullo creciente y ensordecedor.


La única ovación llegó al final, cuando Clinton avanzó el final del discurso diciendo “en conclusión”.

Muchos creyeron que aquello había acabado con la carrera de Clinton. Pero el gobernador subsanó el error riéndose de sí mismo en el programa de Johnnie Carson y salvó su imagen antes de lanzar su carrera presidencial.

Clinton pertenecía al ala sureña y moderada de los demócratas y era una alternativa centrista a los demócratas más tradicionales de los estados del Norte y del Medio Oeste. Muchos lo percibían ya como un aspirante a la Casa Blanca pero no era el aspirante mejor preparado. El único motivo por el que ganó las primarias demócratas de 1992 fue que pesos pesados como Mario Cuomo, Dick Gephardt o Al Gore se echaron atrás al ver la Guerra del Golfo y la inmensa popularidad de George H. W. Bush.

Bush asustó en 1992 a los mejores demócratas y abrió la puerta a Clinton, que derrotó en las primarias demócratas a candidatos menores o más radicales y le arrebató luego la presidencia en unas elecciones marcadas por la irrupción inesperada del candidato independiente Ross Perot.

Cuatro años después de su peor discurso, Clinton sedujo a la convención demócrata en el Madison Square Garden y dijo con sorna: “El único motivo por el que me he presentado a presidente es tener la oportunidad de acabar el discurso que empecé hace cuatro años”.

Clinton se convirtió después en uno de los oradores estrella de las convenciones demócratas. En 1992 recordó que había nacido “en un lugar llamado Hope” y en 1996 llamó a construir “un puente hacia el siglo XXI”. Hace cuatro años explicó en detalle por qué los demócratas habían sido mejores gestores económicos durante el siglo XX y presentó a Barack Obama como el candidato mejor preparado para sacar adelante la recuperación.

Esta vez Bill Clinton debe interpretar un papel distinto: asumir un segundo plano y presentar las cualidades de su esposa delante de la convención. “Nadie puede hablar mejor de las cosas que Hillary ha hecho y de las cosas por las que ha luchado. No las que todos sabemos sino las cosas por las que ha luchado de forma discreta”, decía este lunes Robby Mook, su jefe de campaña.

Ese papel secundario no se ajusta al carácter expansivo del expresidente y será un desafío si su esposa llega a la Casa Blanca. El entorno de Hillary es consciente y le ha reservado esta noche una hora: el doble de tiempo que empleó en el aquel mal discurso de Atlanta y unos minutos menos de los que usó hace cuatro años durante su mejor discurso en una convención. Pocos aquí creen que se vaya a ajustar a ese horario o que vaya a leer sin más el teleprompter. Nadie se atreverá a sacarle del escenario de la convención.

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