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Cómo la violencia está impactando los viajes de la casa al trabajo en El Salvador

La cantidad de vehículos no ha parado de aumentar y hay empresas que evalúan el lugar de residencia de los aspirantes, para así evitar contratar a personas que residen en zonas conflictivas o controladas por maras. Todo, porque los viajes del trabajo a la casa son cada vez más inseguros.
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16 Feb 2018 – 04:04 PM EST
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Cada vez menos personas están optando por el transporte público o caminar en San Salvador. Los autos privados están en crecimiento en la ciudad. Crédito: MARVIN RECINOS/AFP/Getty Images

“Ser mayor de 18 años”. “Haber terminado el bachillerato como mínimo”. “Tener disponibilidad a tiempo completo”. “Experiencia no requerida”. Esos son los requisitos que publicó una tienda salvadoreña para contratar a vendedores de jeans para la temporada navideña. Pero, además, en el aviso agregaron otro detalle, que cada vez es más común en este país: “accesibilidad de ingreso a su lugar de vivienda en horario nocturno”.

En español, este último dato quiere decir algo específico: se pide que la persona viva en una zona segura, es decir, no controlada por las pandillas. El anuncio, publicado en octubre pasado, contiene esa nueva condición que algunas empresas, especialmente restaurantes que brindan transporte a sus empleados después de las 10:00 pm, están considerando a la hora de contratar al personal en El Salvador.


La taquería donde trabaja Ricardo cierra a las 11:00 pm y contrata transporte nocturno para llevar hacia sus casas a los meseros y cocineros que finalizan su jornada a la medianoche. Según Ricardo, en su empresa no es determinante el lugar de residencia a la hora de contratar, pero si una persona "vive demasiado retirado de la zona metropolitana, donde ya no podemos irlo a dejar, ahí sí".

Muchos conductores de transporte de personal nocturno se niegan a entrar a vecindarios donde las pandillas son las que deciden quién entra y quién sale. Los motoristas de este sector se enfrentan a las reglas que las maras impusieron en algunas colonias o vecindarios. Para ingresar después de las 11 de la noche, por ejemplo, los conductores deben apagar las luces de los vehículos y encender las luces intermitentes. A veces también deben pagar un dólar –lo que equivale al pago de cinco pasajes en autobús del sistema público– a los jóvenes pandilleros que instalan un pequeño retén.

"Quitarle el transporte[a los empleados] sería lo ideal, pero se les complica demasiado estar pagando taxi todas las noches”, dice el gerente de la taquería. “La empresa no los despide, pero les da la opción: 'te podemos ir a dejar, pero en la entrada de tu colonia, no hasta tu casa. Si considerás que se puede y te arriesgás, continúas trabajando; si no, tú lo decides".

Carla Caravantes vive en Soyapango, uno de los municipios con más presencia de pandillas en la capital de El Salvador. Ella trabajaba en un call center, ubicado a una hora de distancia de su lugar de residencia, pero el mes pasado tuvo que renunciar. La razón: la empresa tenía horarios rotativos y la colocó de 3 de la tarde hasta las 11 de la noche. No le dieron opciones de movilización. A esa hora ya no circulan los autobuses del transporte público.

"Dependiendo de los horarios y la zona donde vos vivás, así te dan el transporte”, dice Caravante. “En varias ocasiones a varios compañeros los asaltaron, más que todo a la gente que se iba por las noches para Apopa, una zona roja. A mí no me daban transporte. La empresa da solo dos dólares para que pagués para que te lleven a tu casa".

Un taxi particular le cobraba diez dólares por llevarla desde el call center hasta Soyapango por las noches. "Les dije que no podía estar trabajando solo para pagar el taxi a mi casa, porque yo ganaba diez dólares el día. No me quedaba ni para la comida”, agrega la mujer, que hoy esta buscando empleo. “Pero para encontrar un trabajo tiene que ver mucho tu localidad, te preguntan si vivís en una residencial". Es decir, en un vecindario privado.

El gobierno de El Salvador ha reconocido que las principales pandillas (la Mara Salvatrucha MS-13 y el Barrio 18) controlan vecindarios como Soyapango. El Ministerio de Seguridad ha calculado que necesita al menos cinco años para poder recuperar los barrios tomados por estos grupos delictivos, a los que atribuye la violencia homicida que en 2017 colocó al país como el más violento de Centroamérica.


Hoy hay restricciones de libre paso en muchas colonias que 'se fortificaron': los residentes cerraron calles que antes eran públicas y colocaron portones, en algunos casos sin que el viceministerio de Transporte los autorizara.

El director de inspecciones del Ministerio de Trabajo, Jorge Bolaños, dice que no han detectado una práctica sistemática de las empresas de negar el transporte nocturno a los empleados que viven en zonas controladas por pandillas. El año pasado únicamente recibieron una denuncia por una empresa que anunció a sus empleados que nos los llevaría hacia sus casas.

"El problema es más con el acceso para irlos a dejar”, comenta Bolaños. “Muchas empresas lo que están haciendo es rotaciones de los turnos, y los que viven en lugares inseguros los ponen en horarios diurnos, porque no podemos estigmatizar a una persona por el lugar donde vive... Nuestra gente vive en cualquier parte, no creo que en este momento sea un factor discriminatorio el lugar de residencia, no tenemos un dato que nos dispare. No significa que por vivir ahí no se les va dar trabajo". Sin embargo, la oficina de Bolaños sólo supervisa y tutela derechos laborales de personas que ya pasaron por el proceso de selección.

Miguel Rivas, un urbanista que vive en San Salvador, cree que la violencia ha impactado en la obtención de empleo y también en la forma como los trabajadores se mueven por la ciudad. Primero, porque hoy hay restricciones de libre paso en muchas colonias que "se fortificaron": los residentes cerraron calles que antes eran públicas y colocaron portones, en algunos casos sin que el viceministerio de Transporte los autorizara.

"Yo tenía una callecita pequeñita que usaba para cortar el tráfico entre la calle Sisimiles y la San Antonio Abad y me la cerraron”, comenta, a manera de ejemplo. “Hoy me tengo que meter en el trafico por fuerza".

Pero más allá de estos bloqueos urbanos y de lo que puedan decir las autoridades, de acuerdo a Rivas, la violencia sí ha impactado en la rutina de los empleados diurnos para moverse de sus lugares de trabajo hacia sus viviendas y viceversa. Muchos están optando por comprar un vehículo para evitar el transporte público. Según el Registro Público de Vehículos Automotores, en 2017 el parque vehicular aumentó en un 8.6%, es decir, pasó de 1,008,078 a 1,094,522 vehículos en todo el país.

Cada vez más autos en El Salvador
En el último año, el parque vehicular de este país ha crecido en un 8.6%. En San Salvador, datos obtenidos por CityLab dicen que la cifra es aún más impactante: de 2013 a enero de 2017 ha existido un aumento de 32% de vehículos.
FUENTE: Viceministerio de Transporte de El Salvador | UNIVISION

"Sabiendo que hay zonas rojas donde se focaliza la violencia uno lo que hace es evitarlas en la medida de lo posible también”, dice el urbanista. “Si está dentro de lo posible, se evita usar el transporte público por miedo a ser asaltado con violencia o encontrarse en una situación de una balacera por los mismos motivos". De esta manera, San Salvador no solo está haciendo los trayectos de sus ciudadanos más largos y más inseguros. El crecimiento de la cantidad de autos también está contribuyendo a una peor calidad del aire.

Respecto a las partículas contaminantes PM 10, San Salvador es la sexta con peores indicadores en América, según la Organización Mundial de la Salud. En relación al PM 2.5, es decir el material contaminante más fino, la capital sube al quinto lugar del continente. Y si no se ataja este problema pronto, sus residentes seguirán sufriendo de manera cuádruple: sintiéndose inseguros, respirando peor aire, gastando más tiempo de la casa al trabajo y sufriendo de menos opciones de empleo.

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