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CityLab Política

Más allá de Trump, cómo se avanzará en la lucha contra el cambio climático en 2017

Temas como la producción de alimentos y la desigualdad desempeñarán un papel más importante en el debate de la política medioambiental, dice el director de la organización de ciudades C40.
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3 Ene 2017 – 12:48 PM EST

Sólo fue hace tres años que el periodista Benjamin Barber argumentó en su libro If Mayors Ruled the World (‘Si los alcaldes gobernaran al mundo’) que las ciudades estaban mejor preparadas para resolver problemas globales que los lideres nacionales. “En aquel tiempo parecía como una de esas frases pegajosas que era interesante para discutir pero que no se relaciona muy bien con la realidad”, recuerda Mark Watts, director ejecutivo de C40, una coalición de megaciudades luchando contra el cambio climático.

Pero entre la conclusión de la conferencia del medioambiente COP21 en París, la adopción de la Nueva Agenda Urbana de las Naciones Unidas y la elección de Donald Trump (quien niega la existencia del cambio climático) en EEUU, 2016 evolucionó para convertirse en el año en que los líderes de ciudades en todo el mundo mostraron la fuerza que podrían tener. Tanto así que Barber escribió a principios de diciembre que los convenios como el Parlamento Global de Alcaldes ahora son más importantes que nunca. Individualmente los alcaldes estadounidenses reafirmaron su compromiso con luchar en contra del cambio climático y servir de ciudades santuarios, protegiendo a los inmigrantes. Alrededor del mundo, colectivamente las ciudades han tomado las riendas en poner una fecha límite —si bien es una bastante ambiciosa— para arrancar con el convenio climático de París.

Con C40 liderando esa iniciativa, CityLab se sentó con Watts y le preguntó que reflejara en lo que 2016 significó no sólo para acción climática sino también para la influencia de las ciudades y cómo eso podría evolucionar en 2017. Para comenzar, Watts dice que, a pesar de todo, se siente “más seguro de lo que me he sentido en una década de que en realidad quizás prevengamos el cambio climático catastrófico”.

Esta entrevista ha sido editada y condensada.

Ha sido un año revuelto, con eventos como la ratificación del convenio de París dominando las noticias climáticas, pero también con Brexit y Trump emergiendo como obstáculos potenciales. Al repasar 2016, ¿qué te da la confianza de que los líderes de ciudades puedan encabezar exitosamente la batalla contra el calentamiento global?

2016 realmente fue el año en que la negación del cambio climático ya dejó de ser un argumento serio en la mayor parte del mundo. Pienso que, desgraciadamente, EEUU es el último bastión de esta postura. Curiosamente, en realidad la elección de Donald Trump tuvo un resulto realmente positivo. La reacción de los presidentes y primeros ministros en Marrakech [para la conferencia climática COP22] fue perfecta. Era ‘bueno, bien, eso es lo que piensa EEUU pero tenemos un convenio y lo vamos a entregar’. Y entonces los participantes no estatales, los alcaldes y los líderes empresariales importantes todos dijeron prácticamente lo mismo. Eso no hubiera pasado hace 24 meses atrás, ni 15 meses atrás.
Por desgracia, es una combinación de la tremenda positividad de la colaboración de los alcaldes, pero también de los cambios negativos en el panorama internacional lo que hace que lo que están haciendo los alcaldes sea aún más fuerte y más visible.

¿Cuáles han sido otros grandes hitos que quizás se han quedado opacados por otras noticias?

Las nuevas cifras sobre la inversión en energía demostraron que la inversión en la generación renovable de la electricidad es un 50% mayor que la generación de electricidad con combustible fósil. Ese es un hito evidente. [A principios de 2016] el precio de un gigavatio de electricidad producido mediante energía solar o por turbinas de viento en tierra era más barato en las mayores partes del mundo que cualquier alternativa de combustible fósil. No produjo titulares enormes en ninguna parte, pero es la cosa que realmente está impulsando el cambio hacia la economía baja en carbono.
Algunos de los sucesos que se están dando en China este año son otro ejemplo de esto. En la ciudad de Shenzhen, cada uno de sus 15,000 autobuses serán totalmente eléctricos para finales de año. Eso es extraordinario cuando en Europa la flota eléctrica más grande de autobuses se encuentra en Londres y suma un total de 50 autobuses. Esas cosas más o menos enseñan que esta dirección es posible.

En junio C40 y la fundación EAT lanzaron una red de sistemas globales de alimentos para hacer que las ciudades piensen en asuntos alimenticios urbanos. Cuando pensamos en el cambio climático, el transporte y en la construcción sustentable son objetivos importantes, tal como señala el plan Deadline 2020 (Fecha Límite 2020) de tu organización. ¿Pero cómo encaja la comida en la conversación sobre limitar las emisiones globales?

En cuanto empiezas a tomar en cuenta el consumo de alimentos, normalmente la huella de carbono de las ciudades del Occidente se incrementa en un 20% a un 30% y en algunos casos hasta en un 50%. No pensamos que sea un problema rural porque quizás sea que la mayoría de la comida se produce en las áreas rurales y la vasta mayoría se consume en áreas urbanas. Quizás se piensa que en ciudades ricas y exitosas como París que la comida no ocupará un puesto alto en la agenda. Pero París queda justo en el centro de la tierra agricultora más fértil de toda Francia. La vasta mayoría de la comida consumida allá viene de por lo menos unas 70 millas de la ciudad, lo cual no tiene sentido en términos de carbono y resiliencia, por lo que están buscando la forma de abordar eso.
En otro lado muy diferente de la escala, en Addis Ababa, Etiopia, un 40% o un 50% de los alimentos consumidos se cultivan dentro de la ciudad. Pero eso ha sido con un modelo de muy bajos niveles de desarrollo en que la mayoría de la población tiene un pedazo de tierra para cultivar sus propias verduras y donde hasta en el distrito central de negocios hay ganado en las casas o patios de la gente. A medida que ahora se están desarrollando rápidamente (un crecimiento de un 8% durante los últimos 12 años), están luchando con cómo se coloca a la gente en una vivienda de calidad mucho más alta —es densa— sin perder ese aspecto realmente beneficioso de tener grandes cantidades de comida producidas tan cerca de donde se consume.

¿Pues dirías que el consumo de alimentos, entonces, será el próximo asunto climático importante de 2017?

Ahora mismo el consumo de alimentos es un asunto un poco al margen, pero sabemos que dentro de cinco años será absolutamente primordial para el argumento climático y estamos preparándonos para esto.
Creo que el asunto realmente importante será el que el Papa Francisco planteó el año pasado, el cual es el siguiente: es muy difícil decir cómo puedes abordar el cambio climático sin también abordar el problema creciente de la desigualdad. Primero, necesitamos entender el asunto correctamente y actualmente hay una verdadera falta de análisis y datos sobre los beneficios económicos y sociales de acciones que se tomarían mayormente para lograr un resultado climático. Entonces [hay que] empezar a entender cuántos dólares en atención sanitaria se ahorran cuando en lugar de ser 10,000 personas andando en bicicleta todos los días en una ciudad, la cifra es de un millón de personas.
Uno de los datos que es muy fuerte es que en los países con la mayor desigualdad de ingreso, existe en menor apoyo para acciones ambientales entre negocios y ciudadanos individuales.
Tiene sentido intuitivo que cuando a los ciudadanos comunes se les pide que cambien su estilo de bien por el bien común, es menos probable que se logre si se ven a un grupo pequeños de personas en la cima dejando las luces encendidas en sus grandes mansiones y andando en autos enormes que emiten contaminación. Es más probable que uno se convenza que debe hacer su propio aporte si se piensa que todos estamos involucrados en esto.

Mirando hacia el futuro, cuando se toma en cuenta la incertidumbre en cuanto a los papeles de la Unión Europea y EEUU, todos están viendo a China como el nuevo líder de acción climática. ¿Qué piensas en cuanto a lo que otras ciudades —particularmente las de China— pudieran hacer para llenar esa brecha?

Si miras a C40, más de la mitad de nuestros miembros son del sur global, por lo que este año se ha vuelto una organización mucho más verdaderamente global. Y tuvimos a dos ciudades chinas hace dos años y medio y ninguna de ellas era activa. Ahora tenemos 10 miembros chinos y la mayoría son activos dentro de la red y se están ganando los premios que entregamos.
Se necesita que las ciudades chinas ‘descarbonicen’ rápidamente. De lo contrario no hay manera en que se pueda equilibrar el fracaso en China con mayor acción en el resto del mundo, ya que [China] es demasiado grande e importante. Necesitamos tener no sólo acción en las ciudades chinas sino también liderazgo que impulsará a los mercados y al cambio en el resto del mundo. Eso es lo que estamos viendo en torno a la electrificación de los vehículos. Esperaría que en 2017 algunas ciudades grandes dirán ‘ya no compraremos más autobuses de diésel o de gasolina’.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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