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Los adolescentes europeos podrán recorrer todo su continente gratis

Un plan cultural de la Unión Europea dará un pase libre mensual para que los jóvenes utilicen el sistema de trenes.
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12 Mar 2018 – 03:42 PM EDT
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Pasajeros esperan en la Estación Central de Berlín, en Alemania. Crédito: Andreas Rentz/Getty Images

Si hablamos de beneficios financiados por el estado, un plan recién anunciado por la Unión Europea parece muy bueno para ser verdad.

Este verano, la Comisión Europea ofrecerá a sus residentes de 18 años de edad un pase gratuito de Interrail, un boleto de tren que les permite viajar por 30 países europeos por un mes. Lo novedoso es que esto no será solo para un par de adolescentes. Con un presupuesto de 12 millones de euros para este año, la comisión planea financiar viajes para 20,000 o 30,000 jóvenes, con la posibilidad de otorgar más boletos en los próximos años. Los detalles exactos de cómo hacer la solicitud y quién recibirá el boleto, por un valor que puede llegar hasta 510 euros (628 dólares), se conocerán en los próximos meses. Pero hay algo que ya está claro: una legión de europeos de 18 años podrá recorrer su continente en tren este verano, desde Laponia hasta Lisboa, y no pagarán nada

Ahora bien, ¿por qué costear algo así? La idea consiste en ensancharles los horizontes de los adolescentes que participen y, con suerte, inculcarles cierto sentido de las relaciones europeas. “La educación no es solo lo que aprendemos en el aula, sino lo que descubrimos sobre las culturas y las tradiciones de nuestros compatriotas europeos”, expresó en un comunicado de prensa Tibor Navracsics, comisionado para Educación, Cultura, Juventud y Deportes.

La iniciativa es una buena opción. Hace algunas décadas, viajar un mes por Europa en el Interrail no solo era una forma cara de conocer el continente; era, para muchos también, una versión moderna del Grand Tour del siglo XVIII, una oportunidad de descubrir de primera mano lo que era entonces el continente, y de explorar su naturaleza y su herencia histórica.

Hace 25 años , si visitabas cualquier gran estación europea encontrabas los andenes veraniegos atestados de jóvenes con pases de Interrail, viajando a todos lados. Su precio –27.50 euros o 38 dólares, caro para entonces- implicaba que la experiencia estaba ampliamente destinada a la gente joven de clase media o alta, o a quienes tenían empleos que los ayudaran a ahorrar. En una era en que los vuelos eran todavía un lujo impagable y no escaseaban los empleos a tiempo parcial para adolescentes, se trataba de un gran negocio. Los trenes nocturnos permitían rebajar los costos de alojamiento y el espectro de países incluidos –todos los de Europa Occidental e incluso gran parte del bloque del Este antes de 1989– era desconcertante.

En 1998 se eliminó la exigencia del límite de edad (antes de ese año, estaba disponible solo para personas menores de 26 años), pero para entonces ya decaía la tendencia a tomar el Interrail. Fue así que el pase cambió a un modelo zonal, donde los países eran clasificados según diferentes bandas de precios, por lo que los costos subieron sostenidamente. Sin embargo, fue el abaratamiento de los vuelos a fines de los noventas, más que nada, lo que hizo menos especiales los boletos de trenes. Si reservabas con tiempo, podías volar por sobre París, Berlín, Ámsterdam a cambio de poco efectivo, y si bien los boletos de Interrail han seguido en venta, el sentido que tenía esa experiencia como fenómeno juvenil ha cedido terreno claramente. De ahí que la defensa del boleto por parte de la Unión Europea, como una fuente de enriquecimiento cultural entre jóvenes –y de hallar fondos para que no se quede en la retórica- pudiera hacer resucitar el sentimiento dormido hacia el Interrail.

En lo personal, es ciertamente un pase que cambió mi vida. Después de ahorrar algo del dinero que había ganado trabajando los sábados por un año entero, viajé en un Interrail con 17 años. Cuando regresé a Londres para poner fin a mi periplo de un mes, tras un viaje de cuatro días desde Estambul, estaba esquelético por los parásitos en mi estómago y cojeaba a causa de una lesión en la que mi estupidez había sido la principal responsable, pues me había trepado descalzo en una línea de tren. Pero también regresé con una cabeza llena de vívidas impresiones que nunca me han abandonado y que, para no aburrir, me han traído hasta aquí, a escribir esto.

Los adolescentes británicos de hoy día tendrán otra chance para solicitar un pase gratis (hasta el momento, Reino Unido sigue siendo parte de la Unión Europea). Sin embargo, para alguien al que estos viajes significaron tanto como yo, es algo triste ver que este tipo de puertas se comienzan a cerrar para los británicos en Europa.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en CityLab.com

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