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CityLab Política

Las organizaciones que están tratando de mantener la tranquilidad en las escuelas después de las elecciones

Las tensiones políticas del país también se están sintiendo en los centros educacionales.
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22 Nov 2016 – 4:07 PM EST

Ocurrió nuevamente: tras el polémico desenlace de las elecciones presidenciales, las escuelas han vuelto a ser escenarios de amenazas, episodios de violencia, y otros incidentes que la propia contienda política ha provocado. A diferencia de los comportamientos agresivos ocurridos después de la elección del presidente Barack Obama en 2008, muchos de los sucesos actuales tienen un factor común de fondo: el presidente electo Donald Trump.

Relatos noticiosos desde Royal Oak, Michigan, hasta San Marcos, Texas, han documentado casos de intimidación y violencia hacia grupos que, o bien han sido el foco del presidente electo a través de discursos y videos, o bien son peligrosamente ninguneados por las posiciones que él y sus seguidores han asumido. Entre estos grupos se cuentan musulmanes, inmigrantes hispanos, aquellos que se identifican con la comunidad LGBTQ, así como mujeres jóvenes y adultas.

Univision ha estado recolectando y monitoreando este tipo de eventos de odio racial. Por su parte, Shaun King, periodista del New York Daily News, acopió reportes en su herramienta de Twitterfeed, y la organización no gubernamental Southern Poverty Law Center (SPLC, por sus siglas en inglés) ha declarado que son las escuelas los sitios más comunes para los más de 400 incidentes de acoso reportados tras las elecciones.

Durante las primeras horas del 9 de noviembre, estudiantes de la Universidad de Pittsburgh participaron en una manifestación espontánea. Sarah Best, estudiante de último año, sostuvo que los incidentes vinculados a toqueteos sexuales en un bar local y el hecho de que un conocido se refiriera a sus partes íntimas en un lenguaje soez, habían transformado sus caminatas nocturnas en algo “espantoso” para ella. Agarrar el ‘coñito’ de alguien ha entrado ahora en el léxico de amenazas contra las muchachas, al tiempo que otras jóvenes continúan denunciando a chicos que les dicen este tipo de cosas en la escuela.

Aunque el SPLC contó cientos de casos con tintes raciales a raíz de la elección de Barack Obama en 2008, es difícil efectuar una comparación de cifras: la organización no reunió esos datos de forma exhaustiva, dijo Mark Potok, alto miembro del SPLC, “porque (tal reacción) fue muy inesperada” y 2008 fue el primer año en que él veía un aumento de los incidentes de acoso tras unas elecciones. Aun así, los reportes por agresiones prejuiciadas mermaron en la tercera semana después de las elecciones de 2008 y el SPLC está notando ya una tendencia similar este año. Datos del FBI, por otra parte, también muestran que las escuelas han devenido más seguras para todos los grupos y que los crímenes de odio, en general, han decaído en la pasada década.

Lo que es reseñable este año, no obstante, es que tanto los crímenes de odio como las agresiones discriminatorias son llevados a cabo, en buena medida, en nombre del presidente electo y no contra él. El rastreador de datos del SPLC ha incluso definido una categoría para el vandalismo o la intimidación en apoyo explícito de Trump. “La mayoría de los casos que hemos visto han sido de personas que atribuyen sus actos a Trump”, indicó Nathaniel Manning, jefe de operaciones de Ushahidi, la cual produce un imparcial software de monitoreo de las elecciones que recién añadió una función de reportes tras los sufragios, con el fin de rastrear e investigar denuncias de violencia, acoso, y protestas. La Liga Anti-Difamación (ADL, por sus siglas en inglés) ha estado igualmente observando, tras el desenlace electoral, una tendencia racista y antisemita en grafitis y discursos, arribando a conclusiones similares. Oren Segal, quien dirige el Centro sobre Extremismo en el ADL, concuerda con las observaciones de Manning.


Varios estudiantes musulmanes o inmigrantes están particularmente ansiosos, expresando a los consejeros estudiantiles y profesores sus temores de ser acosados. En otras escuelas, hay quienes han preferido permanecer en casa; y no faltaron quienes fueron a la escuela para escuchar a sus compañeros decir “tú no puedes venir más aquí; vamos a construir un muro”, según sostuvo Kathy Cowan, de la Asociación Nacional de Psicólogos Estudiantiles (NASP por sus siglas en inglés). La juventud LGBT, por su parte, también ha ventilado sus miedos. Las llamadas a las líneas de ayuda para jóvenes gays y transgéneros se incrementaron el pasado miércoles: el número de personas que llamó a Trans Lifeline, por ejemplo, se triplicó, y muchos citaban explícitamente las elecciones, según Greta Martela, directora ejecutiva de la línea de ayuda para transgéneros.

También ese miércoles, la NASP envió una carta a todos sus miembros –consejeros estudiantiles y trabajadores de la salud mental, así como líderes de la zona–, donde les daba un grupo de recomendaciones acerca de cómo mantener “seguro, comprensivo y positivo el ambiente en la escuela”, haciéndoles saber a los niños que, en todo momento, estarán bien. Nunca antes la asociación había emitido semejante carta tras unas elecciones. Cowan agrega que fue en respuesta a los pedidos de los miembros y que, en función del volumen de solicitudes, habría sido enviada de todos modos, incluso si hubiera sido distinto el resultado de las elecciones.

Los profesionales de la salud mental que trabajan en las escuelas, según Cowan, “ reportaban básicamente dos cosas: por un lado, los niños que recurrían a ellos en serios estados de angustia y, por otro, los que estaban siendo acosados. No estábamos reaccionando al resultado de las elecciones, sino al increíblemente crispado estado emocional del país”. De hecho, de acuerdo con directores y superintendentes escolares, no hubo la necesidad de enviar una carta en anteriores elecciones pues entonces, a diferencia de esta vez, ellos no sintieron las mismas preocupaciones.

“Las escuelas tienen una función estabilizadora”, añadió Cowan. “Ellas tienen que lidiar con todo lo que el país lanza sobre ellas”. Los alumnos son, a menudo, barómetros de ansiedades y comportamientos adultos, sentencia Jeanice Kerr Swift, superintendente de Ann Arbor Public Schools, en Michigan. “Sin importar por quién se votó, estas elecciones no han sido una experiencia edificante o positiva”, dice Kerr Swift. Pero “nos centramos en aprender y no en cosas que perjudiquen a los chicos”.

Estudiantes de una preparatoria en Tucson, Arizona, por ejemplo, querían protagonizar una protesta pública, pero el superintendente H.T. Sánchez sugirió a cambio una “charla persuasiva”. El propósito de ellos era ser escuchados, dijeron a Sánchez, de modo que la escuela invitó a medios locales y sostuvieron un foro ese día. Los distritos necesitan, añadió Sánchez, “hallar maneras positivas para que los estudiantes se expresen y tengan la libertad que nosotros disfrutamos”. Mientras, en Oakland, California, el programa extra-escolar Youth Radio está desarrollando “protocolos de espectador”. LaToya Tooles, periodista instructora en el programa, dijo que los protocolos buscan ayudar a los estudiantes contra quienes, tras las elecciones, se han proferido ofensas raciales o han sido empujados en los pasillos por portar el hiyab, y así sepan cómo reaccionar de forma segura y también ayudar a sus compañeros.

Algunos distritos, sin embargo, pudieran resistirse un tanto a enfrentar los casos de amenazas e intimidación. Si así fuera, los alumnos pueden recurrir a la ley: firmas y asesores legales se están preparando para representar, de forma gratuita, a los jóvenes que sean víctimas de abuso o de crimen de odio. A su vez, la SPLC está pidiendo a los profesores que sean testigos o experimenten alguna forma de acoso, que lo declaren en una encuesta que busca cotejar datos.

“Si la escuela es incapaz de resolver los problemas aún en curso, es un momento apropiado para pedir ayuda”, señaló Michael Lubic, abogado de Los Ángeles que está trabajando con su firma, K&L Gates, para representar a los necesitados. Lubic dice que se debe contactar al distrito o la agencia educativa estatal, a una organización como la Liga Anti-Difamación o al SPLC para reportar. “Hay muchas soluciones que los estudiantes tienen a su alcance, y muchísimos adultos deseando ayudar, incluyendo abogados. Lo más importante es que los niños no sientan que están solos”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Atlantic, como parte del proyecto Next America: Higher Education, el que es apoyado por grants de la Fundación Bill & Melinda Gates y de la Fundación Lumina.

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