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CityLab Política

La larga y oscura historia de violencia racial de Dallas

Linchamientos, bombas incendiarias y disparos de la policía son parte de lo que ha sucedido en esta ciudad en los últimos dos siglos.
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14 Jul 2016 – 9:24 AM EDT

Una semana atrás, la noche del jueves en el centro de Dallas cinco agentes murieron por disparos realizados por un presunto francotirador, durante una protesta pacífica por las muertes a manos de la policía de dos hombres negros, Philando Castile en Falcon Heights, Minnesota, y Alton Sterling en Baton Rouge, Louisiana. A la manifestación asistieron aproximadamente 800 personas y fue vigilada por unos 100 agentes de la ley. Según se dice, el presunto asesino de los policías, Micah Xavier Johnson, le dijo a los oficiales que estaba "enojado por los recientes tiroteos de la policía" y "quería matar a los blancos, especialmente a los agentes blancos".

La ironía es trágica. En los últimos años, el Departamento de Policía de Dallas ha progresado admirablemente en la reducción de la fuerza excesiva y en los tiroteos con intervención policial, enfocándose en las estrategias de apaciguamiento y en la policía comunitaria. En un área metropolitana donde los ciudadanos negros representan aproximadamente una cuarta parte de la población (los hispanos son un 42.2%), eso es importante. Los afroamericanos están sometidos de manera desproporcionada a la brutalidad policial en Estados Unidos.

La tragedia ocurrida el jueves tiene antecedentes históricos locales. Al igual que muchas ciudades de Estados Unidos, el pasado de Dallas está marcado por la sangre derramada a causa de esas tensiones raciales. A pesar de los avances, las cicatrices que dejaron las políticas discriminatorias y la violencia aún siguen manifestándose en las divisiones de la ciudad. "Hay una larga, amarga y desagradable historia detrás de esta terrible descarga de ira", dice Michael Phillips, investigador de relaciones raciales del Collin College en Texas.

He aquí algunos episodios de esa historia.


Linchamientos

El 8 de julio de 1860, apenas 19 años después de que Dallas se fundara, un incendio destruyó gran parte de la ciudad. "Una de las más terribles conflagraciones que recientemente el destino nos ha permitido registrar", se lamentaba el New York Times en aquel momento. Las llamas comenzaron en una popular farmacia del centro, y luego se extendieron a un negocio de mercancías secas, a una tienda de alimentos, a una agencia de seguros, a fábricas de ladrillos y tiendas de monturas, y finalmente consumieron toda una plaza de la ciudad.

Probablemente, el fuego fue producto de un clima excepcionalmente caluroso y los "nuevos y volátiles cerillos de fósforo" que se vendían en la farmacia, según la Asociación Histórica del Estado de Texas. Pero unos días más tarde, a Charles Pryor, un editor blanco de un periódico de Dallas, se le ocurrió una explicación mucho más sensacionalista en cartas publicadas en varios periódicos de Texas. Aunque no citó fuente alguna, Pryor afirmó que el fuego había sido un acto de abolicionistas y esclavos que buscaban " devastar, con fuego y asesinatos, todo el norte de Texas". Refiriéndose a dicho plan como "una invasión regular, y una verdadera guerra", Pryor le escribió a otro editor blanco fuera de Dallas: "Usted... está en peligro tanto como nosotros".

Los rumores de la abolición, la rebelión de los esclavos y la secesión ya estaban en el ambiente, y muchos blancos de Texas quienes apoyaban la esclavitud se hicieron eco de ellos. Esto provocó lo que ahora se conoce como los ‘Texas Troubles’, un ataque de pánico generalizado que resultó en la muerte de al menos 30 ( y posiblemente hasta 100) personas negras y blancas a manos de vigilantes clandestinos blancos en todo el estado. En Dallas, una 'patrulla nocturna' acusó a tres esclavos de ser los cabecillas del incendio -Patrick Jennings, Sam Smith, y otro hombre llamado Cato- y los colgaron en las orillas del río Trinity. Nunca se encontró evidencia de conducta delictiva.

Aunque 'los problemas' en sí se tranquilizaron en unos meses, allanaron el camino para la secesión de Texas durante la Guerra Civil. Y no fueron los últimos linchamientos en Dallas. El 3 de marzo de 1910, una turba de 5,000 personas linchó a un hombre negro acusado de violación llamado Allen Brooks en un arco de bienvenida en el centro de la ciudad que fue derribado poco después. Al igual que en la mayoría de los episodios de linchamiento, no existe un letrero que recuerde esos hechos históricos en ninguna de estas ubicaciones. De hecho, según Phillips y otros historiadores, estos incidentes se discuten muy poco como parte de la historia regional o del estado.

"Dallas ha hecho un buen trabajo fingiendo no ser parte del Sur", dice Phillips. "Pero ese pasado confederado aún proyecta una sombra muy grande".

Prácticas discriminatorias y bombas incendiarias

Los círculos de color naranja que representan las tasas de pobreza de la sección censal del año 2010 en Dallas están sobrepuestos en un mapa de "prácticas discriminatorias" de 1930 de la Home Owners' Loan Corporation (Instituto Kirwan).

Durante la primera mitad del siglo XX, las instalaciones públicas en Dallas estaban segregadas racialmente bajo los estatutos de la ciudad y Plessy contra Ferguson . Las políticas federales reforzaban estas divisiones aún más. En la década de 1930, funcionarios estadounidenses de la vivienda utilizaban la raza como un factor central para determinar las zonas urbanas en que se debían aprobar hipotecas. Bajo esta práctica, zonas de vecindarios pobres y de personas no blancas eran discriminadas en los mapas de Home Owners' Loan Corporation en base a su proximidad a las industrias, las viviendas baratas, y el color de su piel. Como a los compradores de vivienda de raza no blanca en estas áreas se les negaba el acceso a préstamos, las prácticas discriminatorias perpetuaron la desinversión y la decadencia de los vecindarios.

En las décadas de 1940 y 1950, el crecimiento demográfico y la migración de las zonas rurales llevaron al límite los suministros de viviendas en Dallas para las familias negras. Esto obligó a muchos a vivir en condiciones de vida inferiores a los estándares, incluyendo chozas construidas a mano con baños abiertos, en las afueras de la ciudad. Algunos lograron comprar casas en vecindarios obreros tradicionalmente blancos en el sur de Dallas. En respuesta, según el libro de 2006 de Phillips 'Metrópolis Blanca: Raza, etnia y religión en Dallas, 1841-2001', los residentes blancos lanzaron bombas incendiarias, quemaron y vandalizaron muchas propiedades recién adquiridas para imponer las líneas existentes de segregación. Las autoridades de la ciudad hicieron muy poco para detener la violencia, y la policía nunca arrestó a nadie, según una tesis de doctorado de la Universidad de Atlanta del año 2004.

Las condiciones de vivienda y disponibilidad para las familias negras eran tan críticas en la década de 1950 que un asesor de relaciones raciales de la Administración Federal de Vivienda señaló que "es más difícil encontrar casas para negros en Dallas que en cualquier otra ciudad del sur". Finalmente se construyeron algunas viviendas públicas, pero se limitaban a unas pocas áreas segregadas que se mantenían en condiciones marginales. Con el tiempo, mientras los blancos se marchaban a otros territorios, el sur de Dallas se convirtió en el dominio de los residentes principalmente negros.

La segregación ya no es exactamente de jure en Dallas, gracias a las victorias legales del movimiento de derechos civiles. Aun así, como en muchas ciudades de Estados Unidos, las desigualdades espaciales en Dallas se mantienen hasta el momento. El mapa de arriba del Instituto Kirwan ilustra esto, sobreponiendo las tasas de pobreza de la sección censal del año 2010 en Dallas sobre un viejo mapa de "prácticas discriminatorias". Pew recientemente clasificó a Dallas como la segunda ciudad más segregada del país en términos de ingresos de los hogares, una brecha que coincide ampliamente con la ahora infame división por razas entre el norte y el sur de Dallas. De las más de 300 secciones censales en el área metropolitana de Dallas cuyas mayorías son de bajos recursos, más de un 80% son predominantemente no blancas, y la mayoría se encuentra en el sur de Dallas. En particular, los barrios del sur de Dallas siguen plagados de acceso desigual a viviendas, empleos, educación, y tiendas de abarrotes de calidad.

Tampoco estas condiciones son sólo productos del pasado. En el año 2013, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos publicó un informe que acusa a la ciudad de Dallas de mal uso deliberado de fondos federales para perpetuar la segregación racial en viviendas públicas, cargos que, en su mayoría, las autoridades de la ciudad no rebatieron.


Tiroteos policiales

El Departamento de Policía de Dallas ha sido elogiado recientemente por sus reformas en materia de policía comunitaria, transparencia de información y uso de tácticas de apaciguamiento no violentas. Esos cambios han coincidido con una importante disminución de las quejas por uso excesivo de la fuerza contra el departamento desde el año 2009.

Esos esfuerzos fueron esenciales. En décadas pasadas, la brutalidad policial era tan terrible en Dallas como lo era en casi todas partes, y las comunidades de color eran las más afectadas. En 1973, estallaron protestas violentas entre los residentes estadounidenses de origen mexicano y los de raza negra después de que un oficial matara de un disparo a Santos Rodríguez, de 12 años de edad, a quien acusó de robar 8 dólares de una máquina expendedora.

Durante la década siguiente, otros dos tiroteos atrajeron la atención nacional en cuanto al uso de la fuerza por parte del Departamento de Policía de Dallas. En 1986, una mujer de 70 años de edad fue asesinada a tiros por un oficial que atendió una llamada que ella misma había hecho sobre un robo en el sur de Dallas. En 1987, en la misma parte de la ciudad, oficiales mataron a un voluntario de vigilancia contra el crimen de la comunidad de 81 años de edad, también cuando atendían una llamada. Ambas víctimas portaban armas de fuego, y ambas eran de raza negra. Esos dos años, el Departamento de Policía de Dallas ocupó el primer lugar entre las principales ciudades estadounidenses en el uso de la fuerza mortal sobre una base per cápita, según una evaluación realizada en aquel momento por el Dallas Times Herald .

''Es obvio que estos oficiales decidieron utilizar la violencia en lugar de una solución pacífica'', dijo al New York Times en aquel momento Diane Ragsdale, miembro del Concejo de Dallas. ''Se trata de racismo institucionalizado, la idea de que cuando uno va a una comunidad negra pobre, dispara y no piensa dos veces''.


Esos incidentes y otros antes y después desataron olas de activismo y resistencia en las comunidades de color de Dallas. Más ciudadanos negros y latinos fueron elegidos a puestos de la ciudad y obtuvieron empleos en las fuerzas del orden público. Aun así, en muchos barrios, la sospecha y el malestar que rodean a la policía nunca desaparecieron en realidad, según Phillips. Como tampoco ha desaparecido la brutalidad policial, incluso después de las reformas del Departamento de Policía de Dallas.

Historiadores y defensores de los derechos civiles dicen que Dallas no ha ajustado muchas cuentas con su oscura historia de violencia racial, y que muchas de las viejas estructuras de poder siguen tan arraigadas como siempre. "Yo describiría la personalidad de Dallas en cuanto a la raza como un poco esquizofrénica", dijo Rinku Sen, director ejecutivo de la organización de justicia social Race Forward, en una entrevista en el año 2013. "Evidentemente hay muchísimo interés en hablar sobre las divisiones raciales y la dinámica en la ciudad ... Y, por otra parte, también hay un silencio rotundo, y un claro y verdadero esfuerzo para intentar esconder esas realidades bajo la alfombra."

Pero tal vez se pueda encontrar algo de esperanza en la secuela de lo sucedido el jueves. Los oficiales de la policía actuaron con rapidez para proteger a los manifestantes de raza negra tan pronto como se escucharon los disparos del francotirador. El jefe de policía de Dallas David Brown ha dicho que no tiene intenciones de "militarizar ... las normativas policiales" como reacción al horrible suceso. En un emotivo discurso el viernes por la tarde, el alcalde de Dallas, Mike Rawlings abordó valientemente el tema de la raza, llamando a renovar los esfuerzos para sanar las antiguas tensiones.

"No vamos a rehuir la realidad de que nosotros, como ciudad, como estado, como nación, estamos luchando con problemas raciales", dijo. "Siguen dividiéndonos. Sí, es esa palabra, 'raza', y tenemos que enfrentarla de frente".

La tragedia del jueves podría incluso ser un punto de inflexión, dijo a CityLab Zan Holmes, ministro y líder de derechos civiles en la comunidad de Dallas desde hace mucho tiempo. "Toda crisis representa una nueva oportunidad para construir un nuevo futuro", dice. "¿Volvemos a ser cómo eramos? ¿O permitimos que esta crisis nos haga avanzar, juntos, para lograr la justicia, la virtud y la paz?”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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