null: nullpx
CityLab Política

La decadencia de Valencia

La región que fue el motor de la industria venezolana hoy sufre por la crisis económica y la falta de materias primas. Los empresarios dicen que una recuperación podría tardar más de tres años.
Logo CityLab small
25 May 2016 – 03:26 PM EDT
Comparte
Gente haciendo fila para conseguir comida en un supermercado de Valencia, en Venezuela. Crédito: FEDERICO PARRA/AFP/Getty Images

En los grandes mercados de abastos, como el Bicentenario y Central Madeirense, las colas dan la vuelta a la manzana. Mujeres con niños en brazos y personas de la tercera edad pasan más de ocho horas a diario, bajo unas temperaturas que en ocasiones superan los 30 grados, tratando de conseguir cualquier cosa para llevar de comer a sus hogares.

La imagen, ya común en Venezuela, sucede en quizás uno de los últimos lugares donde debería pasar: Valencia, la capital del estado de Carabobo y capital industrial del país. “En las filas hay bachaqueros (contrabandistas) y hay gente que está comprando para llevar a su casa. Cuando hay hambre no se sabe quién es quién, todos queremos comprar porque todos queremos comer”, dice Maritté Montesinos, quien trabaja como músico y cantante, y cuenta su travesía al llegar a un evento en donde que la esperan.

Es difícil atravesar Venezuela de oriente a occidente si no se pasa por Valencia, una urbe de 700 kilómetros cuadrados y un millón 200 mil habitantes que llegó a ser llamada “la pequeña Detroit”, pero que desde la llegada del chavismo inició una caída vertiginosa que se ha acelerado en los últimos cuatro años.

Desde que se entra a la ciudad se pueden ver los concesionarios de autos vacíos, largas filas de gente tratando de comprar algo de comida en los mercados tradicionales, caravanas de camiones de la empresa Polar con sus vagones vacíos y letreros en los que se lee “este camión va vacío porque el gobierno decidió quitarle la materia prima a Polar, pero sigue lleno de ganas y esfuerzo”.

La producción de comida, una de las grandes fuentes económicas de la ciudad, se ha vuelto un dolor de cabeza para las empresas privadas. Éstas alegan que el gobierno no les da divisas para operar y, por la falta de materias primas, deben paralizar sus plantas.

“Obviamente no somos políticos, somos trabajadores que queremos mantener nuestras plantas produciendo por este país”, dice Jhony Magdaleno, líder sindical de Polar, la compañía que produce el 30% de los alimentos que se consumen en Venezuela (desde cerveza hasta harina para las arepas) y que genera más de 35 mil empleos directos y 300 mil indirectos.

En este año las plantas de Polar se han paralizado dos veces y actualmente están detenidas las cuatro plantas de cervecería y los depósitos que surten los almacenes a nivel nacional.

“Si Polar no estuviera produciendo alimentos, nos estaríamos comiendo entre nosotros mismos porque el gobierno solo expropia empresas y no pone ninguna a producir”, afirma Magdaleno.

El desempleo y la violencia

Desde finales de abril, cuando se anunció el racionamiento eléctrico en todo el país para hacer frente a la crisis energética, los valencianos salieron a las calles a quemar cauchos y a protestar con cacerolas por los constantes cortes de luz en medio de las altas temperaturas.

Según el alcalde de la ciudad, Miguel Cocchiola, el racionamiento no solo afecta a los comercios, sino que los más perjudicados son lo que menos tienen. “Cada vez que llega la luz, luego del racionamiento, se queman neveras o los microondas de gente humilde a la que le ha costado tanto poder comprar esos electrodomésticos, teniendo en cuenta cómo se encuentra la economía del país”, señala el político opositor.

Cocchiola asegura que el gobierno de Nicolás Maduro ha continuado el trabajo del fallecido Hugo Chávez espantando las inversiones privadas y, con ello, las posibilidades de generar empleos.

“Cuando estaba Chávez vivo, que fue él quien creó todo este problema, al menos se paleaba un poco la crisis, pero cuando él fallece le entregan este gobierno a una persona que no tiene ni la remota idea de dirigir un país, solo se puede controlar la situación con las fuerzas armadas”, añade el sindicalista Johny Magdaleno quien explica que con la paralización de las plantas de Polar se están poniendo en riesgo los trabajos de más de diez mil personas.

Con el aumento del desempleo ha llegado la criminalidad, tal como en otras ciudades de Venezuela. Esta es la tercera ciudad más peligrosa del país y la séptima a nivel mundial, según la ONG Consejo Ciudadano. De acuerdo a Ricardo Graffe, consultor en criminalística, desde la llegada del chavismo se dispararon los homicidios y los secuestros y el sistema judicial entró en una espiral de corrupción e ineficiencia que elevó la impunidad.

“En promedio hay cinco homicidios diarios, además nuestra posición geográfica nos convierte en el patio de juegos de los delincuentes de estados vecinos como Lara, Yaracuy, Aragua, Guárico y Falcón. Muchas bandas actúan aquí y se desplazan a otros estados”, señala.

Cuando llegó el presidente Hugo Chávez a la presidencia en 1999, Valencia era la ciudad industrial del país en donde estaban establecidos más de 12,500 comercios que gozaban de producir los insumos necesarios y un transporte muy económico de materias primas.

Sin embargo, durante los dos periodos del gobierno chavista las importaciones pasaron de un 50% a un 90% y Venezuela dejó de ser una economía productiva, para convertirse en una basada en la renta que llegaba de la bonanza petrolera.

La situación empezó a complicarse en 2002 cuando se dio el control de cambio y se aplicó el torniquete sobre las empresas privadas, a cuyos dueños Chávez acusaba de querer sacarlo del poder. Sin embargo, no fue sino con la llegada de Nicolás Maduro que la ciudad empezó a sentir los coletazos de una crisis que ya había mermado su capacidad industrial.

“La torpeza de su equipo de gobierno y su falta de conocimiento de cómo se mueve la economía nos está llevando no solo a acabar con las empresas, sino a un estado de absoluta pobreza que se suma a que los precios del petróleo han caído a niveles muy bajos”, señala Guillermo Manosalva, presidente de la Cámara de Comercio de Valencia.

El líder empresarial asegura que a finales de 2014 se redujeron de 25 mil a 18 mil las compañías en la ciudad. El año pasado cerraron 3,700 empresas y en el primer trimestre de este año otros 300 comercios han dejado de funcionar. Una situación que el gobierno de Nicolás Maduro niega y asegura se trata de una “guerra económica” de las élites y de los empresarios para empeorar la situación del país.

Lo difícil que será reactivar la industria

Manosalva asegura que lo único que quieren los industriales de Valencia es salir de la crisis económica, para que los venezolanos recuperen su poder de adquisición y la industria renazca en su ciudad, algo que calculan podría tomar tres años si el cambio de gobierno y de modelo económico se concreta en los próximos meses.

“Venezuela va a verse obligada a un cambio por las circunstancias políticas que se están viviendo y nosotros estamos preparándonos para cumplir un rol en ese cambio, actualizando nuestra planta industrial y comercial para que los mejores tiempos lleguen y no nos agarren desprevenidos”, afirma el líder empresarial.

Manosalva explica que un 80% de la planta industrial del estado Carabobo esta ociosa. Esto podría ser una oportunidad: países como Brasil y Colombia podrían comprar productos de buena calidad a bajos precios, una vez se pongan en funcionamiento las empresas, ya que se retomará el uso de la tecnología agroalimentaria que se ha visto estancada a causa de la expropiaciones y los malos manejos de los terrenos de cultivo en manos del ejecutivo.

“Estamos actuando conjuntamente para tratar de impulsar la reactivación de los parques industriales. La Asamblea Nacional, ahora controlada por la oposición, está haciendo una plataforma de leyes que estarán listas para poner a funcionar el modelo económico cuando se dé el cambio político”, afirma Manosalva.

Pero no todos son tan optimistas, los industriales aseguran que los daños que se le han hecho al aparato industrial durante los 17 años que lleva el chavismo en el poder son muy profundos, por lo que un gran número de extranjeros y empresarios sólo piensan en salir de Valencia, el mismo lugar donde alguna vez llegaron atraídos por la bonanza de los negocios y la buena calidad de vida.

Comparte
Publicidad