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¿Pueden las ciudades de EEUU por sí solas cumplir los compromisos del Acuerdo de París?

Casi 250 alcaldes estadounidenses se han comprometido a respetar los compromisos para la reducción de los gases de efecto invernadero en el país. Podría ser una posibilidad muy remota. Pero Trump puso las políticas del lado de los alcaldes.
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9 Jun 2017 – 6:40 PM EDT

Pensemos en el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático como una delicada balanza. Cada nación trabaja para cumplir cuidadosamente los objetivos codeterminados de reducción de emisiones de carbono, haciéndose mutuamente responsables hacia el complicado objetivo de limitar el calentamiento global. Al retirar a Estados Unidos, el presidente Trump ha levantado un peso crítico de un extremo de esta balanza. El hecho de si puede volver a equilibrar esta balanza es una pregunta que aún no tiene respuesta.

Es por eso que ahora más de 280 alcaldes estadounidenses, bajo el manto del Programa Nacional de Acción Climática de los Alcaldes (o "los alcaldes del clima", como se le conoce en Estados Unidos), se comprometieron formalmente a "adoptar, honrar y respetar los compromisos con los objetivos consagrados en el Acuerdo de París". Inicialmente este era un colectivo de varias decenas de alcaldes progresistas de grandes ciudades quienes adoptaron posturas desafiantes públicamente contra la administración Trump —entre ellos, Eric Garcetti de Los Ángeles, Bill de Blasio de Nueva York y Rahm Emanuel de Chicago—pero ya el consorcio se ha ampliado para incluir a muchos otros más allá de los sospechosos habituales. "No podemos proteger los intereses de Estados Unidos sin ocupar un puesto en la mesa, así que San Diego continuará al frente en materia de protección del medio ambiente", declaró la semana pasada el alcalde republicano de San Diego, Kevin Faulconer.

Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York y enviado para el cambio climático ante la ONU, está presuntamente trabajando en un plan en el que estas ciudades, junto con gobernadores de tres estados, decenas de universidades y más de 100 corporaciones, pueden cumplir los objetivos de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para Estados Unidos trazados bajo el acuerdo de París sobre el Cambio Climático, para que cuenten junto con las contribuciones de otras naciones.

"Aunque la rama ejecutiva del gobierno estadounidense habla en nombre de nuestra nación en materia de relaciones exteriores, no determina muchos aspectos de si y cómo Estados Unidos toma medidas contra el cambio climático", escribió en un borrador, según el New York Times. "La mayor parte de las decisiones que impulsan la acción contra el cambio climático en Estados Unidos en conjunto son tomadas por ciudades, estados, empresas y sociedad civil. Colectivamente, estos actores siguen comprometidos con el acuerdo de París".

El torrente de apoyo político es impresionante: básicamente, estamos viendo una especie de confederación paralela de entidades locales que intentan evitar al gobierno federal en materia de acciones contra el cambio climático. Ésta es una historia de David contra Goliat que quedará para la posteridad. Pero, ¿pueden las ciudades, por sus propios medios, llevar a Estados Unidos a cumplir sus compromisos en materia de cambio climático?


Lo que EEUU prometió y en qué posición se encuentra

A través de una serie de objetivos de emisiones escalonados, inventarios quinquenales e inversiones internacionales, el acuerdo de París sobre el Cambio Climático les pide a sus 195 naciones miembro que limiten el calentamiento global a ‘muy por debajo’ de los 2 grados centígrados, idealmente a 1.5 grados centígrados, lo que los científicos consideran el umbral del calentamiento catastrófico. Bajo la administración Obama, Estados Unidos se comprometió a reducir las emisiones de GEI en un 17% por debajo de los niveles de 2005 para el año 2020, y de un 26% a un 28% para el año 2025, como contribución al objetivo.

Estados Unidos ya se encuentra en algún punto entre un tercio y la mitad del camino hacia sus metas del año 2025, en gran parte gracias al cierre de decenas de plantas de carbón conforme el gas natural y las energías renovables se vuelven más económicamente competitivas. El resto del camino siempre iba a ser difícil. Los análisis de Climate Advisers, el Rhodium Group y un informe ampliamente citado en Nature Climate Change concluyeron que, incluso si Estados Unidos implementara todas las políticas federales de reducción de emisiones de carbono actuales y propuestas —incluyendo aquellas establecidas por el Plan de Energía Limpia de Obama— Estados Unidos incumpliría su objetivo del año 2025 hasta en un 20% del total de emisiones del país.


Acá se comparan el plan de Obama, las políticas actuales y las potenciales políticas de Trump, en cuanto a la cantidad de emisiones. (Climate Action Tracker).

La única ruta probable hacia los objetivos de 2025 sería juntar nuevas políticas y mandatos federales. Eso no va a suceder bajo Trump, quien ha comenzado el proceso de desmantelamiento del Plan de Energía Limpia de Obama y de reversión de estándares más rigurosos de emisiones vehiculares. Las emisiones estadounidenses podrían permanecer sin cambios, o incluso aumentar, bajo esta administración.

Pero dado que un 86% de la población estadounidense es urbana, algunos especialistas del clima dicen que el ritmo acelerado con el que las ciudades y los estados se están comprometiendo a las reducciones de GEI es esperanzador. Sólo desde el jueves, al menos tres nuevas ciudades se han sumado a decenas de otras que cambiarán a un 100% de energías renovables en los próximos años; otras se han comprometido a redoblar los esfuerzos como reducir el número de autos con motores de gasolina en las calles, reemplazar el alumbrado público y reforzar los códigos de eficiencia de construcción.

"Hemos estado reduciendo las emisiones año tras año", dice Carl Pope, exdirector ejecutivo del Sierra Club quien recientemente coescribió con Michael Bloomberg un libro sobre cómo las ciudades pueden responder al cambio climático urbano, Climate of Hope. "Sólo tenemos que seguir avanzando al ritmo que hemos estado avanzando".

Incluso si la meta final de 2025 está fuera del alcance, las reducciones drásticas en las zonas urbanas podrían ayudar mucho a Estados Unidos.

Dónde las ciudades pueden actuar por su cuenta

En 2016, un informe elaborado por el consorcio de política sobre el clima urbano C40 (Grupo de Liderazgo Climático) analizó el probable impacto de miles de reducciones de emisiones de carbono por parte de sus 86 ciudades miembro a nivel mundial, cifra que colectivamente representa alrededor del 20% de las emisiones mundiales de carbono. Es una ciencia inexacta, pero utilizando una metodología de presupuestación de carbono desarrollada por el Global Commons Institute, C40 también sumó las reducciones de emisiones que se han logrado mediante miles de acciones diferenciadas tomadas por 12 ciudades miembro estadounidenses.

Extrapolando estos hallazgos, el informe reveló que, colectivamente, las ciudades estadounidenses tienen el poder de avanzar hasta casi un 50% del camino hacia la reducción de las emisiones de carbono per cápita que podría llevar al mundo a cumplir con su objetivo de un aumento de sólo 1.5 grados centígrados de la temperatura global. El informe desglosa este 50% en dos categorías: acciones unilaterales y acciones colaborativas (el siguiente gráfico representa el impacto de la acción de las ciudades a nivel mundial, de modo que los números son un poco diferentes).

Este gráfico muestra la diferencia que pueden hacer las ciudades (línea naranja clara), respecto al escenario sin cambios (línea naranja oscura). Un 5% de esta diferencia son acciones que las ciudades pueden tomar unilateralmente y un 46% son colaboraciones y alianzas (C40 Cities).

¿Cuáles son las acciones unilaterales? Cualquier cosa que tenga que ver con el potenciamiento de las empresas de servicios públicos cuenta, como también cuentan los grandes cambios energéticos. La empresa de servicios públicos de Austin obtiene aproximadamente un 23% de su energía de fuentes renovables. Washington DC compra alrededor de un 30% de la electricidad del gobierno de la ciudad a un parque eólico dedicado de 46 megavatios. Muchas ciudades tienen control unilateral sobre sus códigos de construcción; se espera que el programa de modernización de edificios para una alta eficiencia de la Ciudad de Nueva York reduzca las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) en una cantidad equivalente a sacar de las calles más de medio millón de coches. San Francisco, con su inusual posición de poseer el control total sobre sus sistemas municipales de transporte, ha cambiado sus flotillas de autobuses a diésel renovable y ha convertido la mitad de la flotilla de transporte público de la ciudad a vehículos de emisión cero.

Si todas las ciudades tomaran medidas para maximizar sus prerrogativas, y colectivamente, tomaran miles de medidas como éstas, las zonas urbanas de Estados Unidos podrían llevarnos por sí solas alrededor de un 8% de la trayectoria del país hacia el aumento de sólo 1.5 grados, según revelaron los investigadores de C40. Imaginemos la magnitud, tambaleándose debido a la ausencia del gobierno federal de Estados Unidos; las ciudades podrían avanzar aproximadamente un 8% del camino hacia el equilibrio.

Seth Schultz, director de ciencia e innovación de C40, dice que confía en que esto podría suceder. "En los últimos cinco años, las ciudades estadounidenses de C40 han realizado 2,238 acciones relacionadas con el clima, [y] necesitan realizar otras 1,666 acciones para seguir en la trayectoria correcta", escribió mediante el correo electrónico. "Pero al mismo tiempo, estas ciudades también han indicado que tienen la intención de ampliar en un 91% las acciones existentes que ya han comenzado. Y están cumpliendo sus promesas".

El poder de las ciudades que aprenden unas de otras


Este gráfico muestra las accciones realizadas y las que se proyectan en EEUU para disminuir los gases de efecto invernadero. (C40 Cities)

Todo esto es bastante bueno, pero aún hay más. Las ciudades que colaboran con la ayuda de las empresas y los inversionistas podrían tener un mayor impacto. Por ejemplo, los gobiernos podrían aprovechar los socios privados para financiar proyectos con grandes costos iniciales, como hizo Houston para reemplazar 165,000 bombillas en el municipio por focos LED en el año 2014, reduciendo el uso de energía del alumbrado público a la mitad y reduciendo de forma drástica las emisiones municipales en un 5%. También pueden vender bonos verdes para financiar proyectos de infraestructura con bajas emisiones de carbono, como la ciudad de Portland ha venido haciendo desde 2015, inspirando a otras ciudades a hacer lo mismo.

Las ciudades también pueden aprovechar los acuerdos de compra colectiva. ¿Recuerda cómo Los Ángeles, San Francisco, Seattle y Portland enviaron una solicitud de información a los fabricantes de automóviles para un pedido de 24,000 vehículos eléctricos a comienzos de este año? Desde entonces, más de otra docena de ciudades se han sumado, aumentando el pedido a 114,000 vehículos eléctricos. "Eso tiene el potencial de crear un gran mercado, y alterar drásticamente el programa de producción de estos vehículos", dice Pope.

Las ciudades también pueden inspirarse mutuamente a actuar con urgencia. Los consorcios como C40, 100 Ciudades Resilientes y la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos ofrecen una plataforma para que las ciudades compartan ideas y mejores prácticas y ampliar su alcance rápidamente. "La capacidad de las ciudades para aprender unas de otras, realmente no se puede subestimar", dice Schultz. Destaca el aumento de los programas de bicicletas compartidas: en 2011, seis ciudades C40 tenían este sistema. En 2013, esa cifra era de 36. "Normalmente, a las ciudades les tomaría años investigar un proyecto como éste, averiguar cómo planificarlo, administrarlo, valorarlo", dice. "Pero hubo un 500% de aumento en dos años, debido a que las ciudades pudieron compartir todo esto unas con otras".

En cuanto al clima, semejantes acciones colaborativas pueden hacer avanzar a Estados Unidos hasta un sorprendente 38% del camino en la trayectoria de 1.5 grados del país, según C40. Dicho todo esto, si todas las ciudades estadounidenses realizaran acciones como éstas, podrían inclinar la balanza hacia el equilibrio.

Será necesaria la ayuda federal


Estas cifras deben tomarse con mucha reserva. Incluso si la metodología es sólida, la medición de las emisiones urbanas de carbono es una ciencia imprecisa. Por ejemplo: dado que la mayoría de los lugares dependen de redes de energía que son regionales y están interconectadas, el impacto sobre las emisiones de carbono no queda nada claro cuando una ciudad reemplaza parte de su energía obtenida del carbón con energía eólica y solar. David G. Victor, un experto en política y regulación climática mundial de la Universidad de California, San Diego, dice que, incluso si un cliente rechaza comprar energía generada a partir de fuentes no renovables, esa energía se le puede vender a alguien más. Mientras la energía sea fungible, y las redes en sí mismas dependan en gran medida de los grandes contaminadores, "realmente no sabremos cómo sería la situación con un 100% de energías renovables", dice.

Lograr los objetivos del Acuerdo de París exige una transformación integral de las redes de energía para desvincularlas de la energía con altas emisiones de carbono. Esto significa inversión continua en las compras y tecnología de energía renovable, especialmente con respecto a la capacidad de almacenamiento de las energías renovables. Sólo un esfuerzo nacional coordinado, con pleno apoyo federal, podría lograr eso.

"No creo que nadie esté diciendo que podemos cumplir la descarbonización profunda que se requiere solamente con las acciones estatales y locales", dice John Coequyt, el director de política del Sierra Club. "La idea es que tenemos cuatro años para hacer todo lo que podamos para lograr cosas que no requieren el compromiso presidencial. Después de eso, tendrá que haber un mayor empuje que incluya ayuda federal".

La política de acción climática progresiva es ahora más fácil

En términos del nivel de apoyo que las ciudades podrían esperar de Trump en cuestiones ambientales, muy poco cambió entre el 31 de mayo y el 1 de junio. Como candidato, Trump hizo campaña basado en una oferta de falsas esperanzas a la industria del carbón. En los momentos críticos, ha sido un rotundo negacionista de la ciencia del clima. Como presidente, ha comenzado a revertir las principales políticas medioambientales de Obama, y su director de la EPA está estudiando medidas legales para atacar el liderazgo en materia de cambio climático de California. Este gobierno nunca iba a ser un socio fiable para los estados y las ciudades que intentan salvar el planeta, por decir lo menos. Retirarse de este acuerdo corrobora este hecho.

Pero algo sí cambió. Trump está claramente profundizando la herida que ya abrió en la relación urbano-federal mediante las órdenes ejecutivas sobre la inmigración y la educación, los planes presupuestarios que involucran a la vivienda y el transporte, y las diferentes amenazas de revocar la financiación local. Muchos alcaldes han expresado una feroz oposición en diversos momentos, pero nunca con tanta fuerza unificada. "No he visto un evento que una a nuestras ciudades tanto como éste", dice Michael Berkowitz, presidente de 100 Ciudades Resilientes, el consorcio de clima urbano de la Fundación Rockefeller.

De hecho, al adoptar una postura agresivamente regresiva sobre el clima, Trump puede haber facilitado mucho la política de las acciones climáticas progresivas. Eso podría significar mucho en términos de cómo las ciudades, los estados, las empresas, y las universidades se organizan. Estos actores podrían movilizarse juntos para cambiar, por ejemplo, los patrones de transporte y vivienda en regiones enteras, en lugar de dentro de los límites de las ciudades. O imagínese si las ciudades canalizaran su furia colectiva hacia un verdadero tratado del clima urbano, con compromisos vinculantes sobre sí mismas y sus proveedores de energía, quizás se podría lograr más de lo que parece posible ahora.

"Hay un mundo de diferencia entre el hecho de que las ciudades firmen un memorando de entendimiento, haciendo lo que puedan, y sintiéndose envalentonadas y una coalición estrictamente organizada que pueda hacer las reducciones de emisiones que se necesitan", dice Victor. Si lo que surge de esta vorágine es esto último, entonces Trump habrá logrado muy poco en cuanto a la promoción de sus propios objetivos.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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