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CityLab Medio Ambiente

¿Por qué hay cada vez más incendios en la Costa Oeste de EEUU?

Pese a que fue un invierno húmedo, la cantidad de fuegos no controlados se ha salido de control.
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19 Sep 2017 – 12:17 PM EDT

No se suponía que fuera un año así de malo en términos de incendios en la Costa Oeste de Estados Unidos.

Durante el invierno pasado, una débil corriente de La Niña proliferó en el Pacífico. Esta trajo a Norteamérica una gran cantidad de lluvias que irrigaron más o menos la mitad del continente. El agua penetró bien adentro, filtrándose profundamente al interior de la capa de suelo de los bosques occidentales, al tiempo que enormes volúmenes de nieve se apilaron a lo largo de la Sierra Nevada. La sequía de California, alarmante entonces, acabó en inundación.

Sin embargo, contrario a lo que cabía esperar, los incendios arrasan hoy día en el Oeste de Estados Unidos. Más de dos decenas de ellos han ardido en áreas de Washington y Oregon. Y más de un millón de acres se han quemado en Montana, una región más extensa que Rhode Island, en la tercera peor temporada de incendios recordada en el llamado Treasure State. Por su parte, el fuego forestal más grande en los anales de Los Ángeles ha amenazado a cientos de hogares en Burbank.

Es curioso que Canadá pudiera estar experimentando un año incluso peor: 2.86 millones de acres se han quemado en British Columbia, una extensión nunca antes registrada en la provincia.



Todo conduce a una pregunta: ¿qué está pasando? ¿Cómo un invierno notablemente húmedo dio paso a este verano asfixiante, marcado por los incendios?
La respuesta pasa por el calor récord experimentado en verano, aducen los expertos. Días con temperaturas de aproximadamente 100 grados Fahrenheit (37 grados Celsius) ‘ cocinaron’ la región del Oeste Montañoso a inicios de julio, y una intensa ola de calor, recién llegado agosto, se cernió sobre el Pacífico Noroeste.

“Este se convertirá en un año crucial para la importancia de la temperatura. A pesar del hecho de que estos bosques estaban verdaderamente empapados durante el invierno y la primavera, estas olas de calor han terminado secándolo todo lo suficiente como para que se propaguen incendios de envergadura”, sostiene Park Williams, investigador en el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty, adscrito a la Universidad de Columbia.

En otras palabras, las semanas de calor que abrasaron el Oeste en julio y agosto fueron suficientes para anular parte del efecto amortiguador de incendios que producen las tormentas de invierno.

“Los últimos 60 o 90 días han sido excepcionalmente calientes y secos, la receta ideal para resecar los combustibles (el único ingrediente que se necesita para iniciar un evento arrasador de esta naturaleza)”, aseguró en un correo electrónico John Abatzoglou, profesor de geografía en la Universidad de Idaho. “Estaba sacando algunas cuentas esta mañana y en los últimos 60 días ha habido un calor récord desde Spokane, Washington, hasta Medford, Oregon; tanto Seattle como Missoula en los inicios de este verano establecieron cotas insuperables en cuanto al número de días sin lluvias mensurables”.

Este calor excesivo puede acarrear un efecto desmedido en el tamaño de los incendios forestales. Por más de tres décadas, expertos en la materia han estado convencidos de que el fuego y la aridez, controlada por las temperaturas, mantienen una relación exponencial. Cada grado adicional de calentamiento hace más por promover el fuego que el grado previo de calor, William sentenció.

“Ahora, pensando en el comportamiento de la temperatura debido al cambio climático causado por hombre, creemos que el Oeste de Estados Unidos es 1.5 grados Celsius, o 3 grados Fahrenheit, más caliente de lo que sería en ausencia del cambio climático. Y encima hay una ola de calor”, repuso Williams. “ A causa de la exponencial influencia de la temperatura, esta ola de calor está teniendo una influencia aún mayor en la ocurrencia de incendios de lo que tendría en ausencia del calentamiento provocado por el hombre”.

En medio de las desenfrenadas consecuencias de cada grado añadido de calor, los incendios descontrolados son apenas una “temprana advertencia” de los efectos del cambio climático a largo plazo, refirió Williams.

El muy mencionado calentamiento global ya está impactando sin duda la probabilidad de ocurrencia de incendios. En un artículo publicado el año pasado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, Williams y Abatzoglou hallaron que el área total quemada en la región oeste de Estados Unidos, durante los últimos 33 años, era el doble de lo que habría sido sin el calentamiento provocado por el hombre.

“El área adicional quemada de bosque –debido al aumento de 1.5 grados Celsius de temperatura– equivalía al área de Massachusetts y Connecticut combinadas”, me aseguró Williams.


Otros investigadores han llegado a conclusiones similares. Un artículo publicado en la revista Science, también hace un año, comprobó que la “alta actividad de incendios aumentó repentina y marcadamente a mediados de los ochentas, con una frecuencia mayor de los fuegos forestales, los cuales, a su vez, duraban más, y tenían lugar en temporadas más prolongadas”. En esa época también fue cuando una gran cantidad de científicos argumentan que los efectos del calentamiento global comenzaron a ser ampliamente sentidos.

El mismo equipo de investigadores también encontró que el área de bosques anualmente quemada en el Pacífico Noroeste se ha incrementado en cerca de un 5,000% desde inicios de los setentas.

Los fuegos, por su parte, no han venido solo creciendo en tamaño debido al cambio climático. A comienzos del siglo XX, el gobierno federal y los gobiernos estatales se dieron a la tarea de combatir agresivamente los incendios y a tratar de reducirlos a su mínima expresión. Esto ha provocado, irónicamente, bosques más densos y propicios a incendios que el promedio a largo plazo para el Oeste, lo que ha conducido a fuegos más masivos e incontrolados.

La irresponsabilidad también ha alargado la temporada, detonando incendios de formas diversas –por medio de fuegos artificiales, hogueras descuidadas, o incendios intencionados– a inicios de primavera y a fines de otoño. En un ambiente sin seres humanos, los fuegos podrían propagarse únicamente a partir de la caída de un rayo, algo que solo podría ocurrir a raíz de tormentas eléctricas en la época estival.

“Desde los ochentas, solo hemos quemado alrededor de un 10% de los bosques occidentales. Y esa cifra para mí significa que hay aún un 90% por quemar”, aseveró Williams. Él estimó que tomaría otras varias décadas para que ese excedente de combustible del siglo se quemara fuera de los bosques del país. Y, mientras tanto, el planeta solo conseguirá calentarse más.

“De acuerdo con ciertos modelos climáticos, para el cierre del presente siglo, todavía se espera que el Oeste de Estados Unidos se caliente otros 3.5 grados Celsius”, afirmó. “Y si recordamos que la relación que se da entre la temperatura y el fuego es exponencial… caeremos en la cuenta de cuán diferente será Estados Unidos dentro de 50 años”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Atlantic y en CityLab.com.

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