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CityLab Latino

Ayudan a inmigrantes a adaptarse a EEUU a través de la cocina

Iniciativas como Edible Alphabet no solo ayudan a los recién llegados, sino que celebran sus tradiciones.
30 Mar 2016 – 5:03 PM EDT

En un día de febrero, doce mujeres entraron a la cocina del cuarto piso de la oficina central de la Biblioteca Pública de Filadelfia. Venían de distintos países y tenían en común haber sobrevivido torturas. Ese día estaban ahí para asistir a una clase de cocina.

“No sabía qué esperar”, dice Elizabeth Fitzgerald, administradora en el Culinary Literacy Center (Centro de Competencia Culinaria). El Nationalities Service Center o Centro de Servicios para Nacionalidades, una organización local que ayuda a los inmigrantes recién llegados y a los refugiados a adaptarse después de llegar a Filadelfia, se había comunicado con Fitzgerald. La organización le pidió que organizara unas estas clases.

“Lo único que pensaba era que no sabía qué tan bien entendían el inglés e íbamos estar hablando de algo específico, como cómo cortar verduras a la juliana”, Fitzgerald le dijo a CityLab.

Pero sus preocupaciones desaparecieron rápidamente. “Por lo general, realmente sabían andar en una cocina”, dice. Fitzgerald las vio hacer cortes que ella misma no sabía hacer y, al final del curso de cocina, ella y sus alumnas estaban compartiendo fotos de sus hijos y nietos.

Amazing ESL class this morning with wonderful women from around the world.

A photo posted by Free Library of Food (@freelibrarycook) on


Fue en esa época cuando un donante había empezado a conversar con la biblioteca sobre de posibilidad de financiar programas de inglés para inmigrantes. Entre el donante y la biblioteca habían estado dándole vueltas a diferentes ideas, dice Fitzgerald, y la clase con las refugiadas inspiró una nueva posibilidad. “Mis expectativas en torno a cómo podría ser ese tipo de programa habían cambiado totalmente”, dice Fitzgerald.

En colaboración con el Nationalities Service Center, el Culinary Literacy Center organizó una serie continua de seis sesiones, a partir de julio de 2015, que ha combinado clases de inglés con lecciones sobre cómo navegar en la cocina o comprar alimentos en Estados Unidos. Desde su comienzo, el programa les ha dado la bienvenida a 22 participantes de doce países que hablan en diez idiomas diferentes.

La iniciativa se llama Edible Alphabet y no es para nada un curso básico. “Las personas que toman estas clases no llegan sin ningún conocimiento de cocina”, dice Fitzgerald. Pero muchos han llegado desde países donde no existe el equivalente de un supermercado. A veces, en sus países no hay donde comprar espárragos durante todo el año. Las formas de medida también presentan un reto, ya que Estados Unidos es el único país del mundo que no utiliza el sistema métrico.

Según informa la NPR (Radio Pública Nacional) Edible Alphabet genera un terreno común para que diferentes culturas pueden aprender unas de otras. Aunque las medidas e ingredientes que conozcan los inmigrantes quizás sean diferentes, la calidez que se asocia con cocinar es la misma y atraviesa fronteras.

Una historia inquietante

Según Hope Leichter, profesor en el Columbia Teacher’s College, programas de asimilación como éste, que se basan en habilidades, son un buen resumen de la evolución de los esfuerzos comunitarios para educar a los recién llegados a los EEUU desde los principios del siglo XX.

El “movimiento de americanización” de 1915 nació de un pánico extendido, a raíz de tanto de la cantidad y variedad de inmigrantes a los Estados Unidos en esa época. Ya para 1910 un 40% de la población de la ciudad de Nueva York provenía del exterior. Según explica Leichter, instituciones comunitarias como la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) y la Teacher’s College (Universidad de Maestros) reaccionaron a este suceso al crear programas que adoctrinaban a los inmigrantes para que se asimilaran a un tipo particular de homogeneidad estadounidense. Esto se lograba pasando a llevar sus culturas de origen.



Respecto a la YMCA de aquel tiempo, Robert A. Carlson, profesor de la Universidad de Saskatchewan, escribe:

Ayudó en este esfuerzo de asimilar o homogenizar al inmigrante a la sociedad estadounidense al proveer clases de inglés y ciudadanía […] La edición de 1912 del manual de la Asociación enfatizó el miedo y el control social y advirtió lo siguiente: “Estados Unidos parece ser un crisol cultural para todas las naciones del mundo pero, a no ser que tenga éxito en realmente fundir, fusionar y crear una electorado más o menos armonizado —un país norteamericano y cristiano—, la mezcla caótica quizás destruya el crisol”.

En aquel tiempo los centros comunitarios operaban desde arriba hacia abajo. Se esperaba que, después de haber completado los programas de dichos centros, los estudiantes ya tenían que haberse deshecho de sus raíces culturales para convertirse en “estadounidenses”.

El equilibrio entre la educación y el multiculturalismo

Hoy día, con cada vez más frecuencia las instituciones centradas en las comunidades tratan de buscar un término medio con los inmigrantes recién llegados. Por ejemplo, según informa la Radio Pública Nacional, recientemente la Fundación del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York ha estado ofreciéndole clases de mandarín al personal de servicios de emergencia. Dado a que se ha pronosticado que en los próximos años los chinos serán el grupo inmigrante más grande de Nueva York, el propósito de las clases de idioma es “demostrarles a las comunidades que los recibimos con los brazos abiertos como ciudadanos de esta ciudad y que aceptamos su cultura y la transición que están viviendo”, le dijo Steven Lee, un teniente de la policía neoyorquina, a la Radio Pública Nacional.

Esta es la misma actitud que impulsa los eventos de la Biblioteca Pública. Según dice Leichter, Edible Alphabet funciona al cultivar la pericia preexistente de los estudiantes, a la vez que les confiere habilidades —como hablar inglés— que quizás les sean útiles para adaptarse a la vida en los Estados Unidos. “Las personas de diferentes antecedentes tienen muchos recursos para enseñar el uno al otro sobre sus propias tradiciones”, apunta Leichter.


El programa New Roots (organizado por el Comité Internacional de Rescate) emplea un enfoque parecido. Mediante una red de granjas comunitarias ubicadas a lo largo del país, New Roots ofrece empleos y capacitación a refugiados recién llegados. El medio Urban Omnibus explicó la granja New Roots en El Bronx ofrece un “espacio para clases de inglés como segundo idioma que se basan en lazos que se extienden más allá del idioma [y que] se forjan a través del trabajo y los alimentos”.

Al mismo tiempo, la granja también ha beneficiado a la comunidad local de El Bronx. El conocimiento sobre alimentos, su cultivo y la cocina han circulado por todo el huerto a medida que los refugiados han estado trabajando junto a jardineros locales de lugares como Puerto Rico, China y el Caribe. Esto les ha abierto los ojos a todos.

“No sé si la gente se comía las hojas de camote (batata dulce) antes de trabajar en la granja”, dice Kathleen McTeague, gerente de programa de New Roots. “Por supuesto, en cuanto me enteré de esto, se notaba en todas partes”.

A medida de que más personas sigan llegando a los Estados Unidos de todas partes del mundo inevitablemente la respuesta de la comunidad debe mantenerse flexible y abierta. Fitzgerald dice que el Centro de Competencia Culinaria obtuvo fondos para continuar el programa Edible Alphabet durante tres años más. Dados los ajustes implementados durante su primer año, es probable que las clases sigan respondiendo a las necesidades de los alumnos y que se ajusten a su medida.

Según explica Leichter, crear programas que ayudan a los inmigrantes recién llegados en la transición a la vida en Estados Unidos sigue siendo un asunto complicado. Sin embargo, es posible lograr un equilibrio entre enseñar nuevas habilidades y respetar las culturas de la gente. Citando un exalumno suyo, la doctora Melva Burke, Leichter dice: “Tenemos que encontrar una situación en donde la necesidad de saber se una a la necesidad de contar nuestras historias”.

Esta historia fue publicada originalmente en inglés en CityLab.com.

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