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Adultos Mayores

La importancia de preservar la vida sexual después de los 60

Cada vez hay más evidencia de que muchos adultos mayores disfrutan de una vida sexual activa. Estas personas necesitan que se respete su deseo de tener relaciones, incluso en hogares de atención asistida. El primer paso es hablar abiertamente del tema.
29 Abr 2018 – 03:14 PM EDT
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El bienestar sexual reduce la depresión, el aislamiento social y las enfermedades cardiovasculares. Crédito: iStock

A los 74 años, a Joan Price le gusta el sexo y no le importa quién lo sepa. “Planeo seguir celebrando el placer sexual que mi cuerpo puede brindarme. Las cosas pueden cambiar y me adaptaré a ellas, pero digo que el sexo no tiene fecha de vencimiento”, asegura Price, que se autodenomina defensora de la “sexualidad sin edad”.

Aunque se cree que después de los 70 la vida sexual es cosa del pasado, Price, una oradora, blogger y autora galardonada, ya ha planificado cómo será su vida sexual en el futuro.

El sexo en los hogares de cuidado a largo plazo: políticas poco amistosas

A Price le preocupa que si alguna vez tuviera le toca vivir en un hogar para personas mayores —desde la vida asistida, la enfermería especializada o el hospicio— su deseo de expresión sexual se vea frustrado.

“Los residentes que reciben cuidados a largo plazo no tienen privacidad, así que ¿cómo pueden explorar su sexualidad con otro residente o solos cuando no pueden cerrar la puerta?”, se pregunta. De hecho, las políticas de muchas de estas instituciones son “arcaicas, retrógradas e incluso discriminatorias con las personas mayores”, tal y como asevera un artículo publicado en la revista Time.

Una de las pocas excepciones a esa realidad es el Hogar Hebreo de Riverdale (en el Bronx), que elaboró una Política de Expresión Sexual. Entre otras cosas, “reconoce y respalda el derecho del adulto mayor a participar en actividades sexuales, siempre que haya consentimiento entre los involucrados”.

Price insta a las personas mayores a ser sinceras y expresar sus intenciones. “Se me ocurrió que tenemos que ponerlo por escrito, mientras seamos capaces de dar instrucciones a nuestros cónyuges o hijos grandes, sobre lo que queremos a la hora de ejercer nuestros derechos sexuales”, asegura.

Por eso, Price creó un documento donde aclara sus deseos sexuales. Allí, lo primero que hace es expresar su necesidad de vivir en una institución con un entorno sexual positivo. “Quiero que se respeten mis derechos: el derecho a cerrar mi puerta y tener privacidad, el derecho a tener una relación con alguien de mi elección o el derecho de cargar las baterías de mis juguetes sexuales en mi habitación y usarlos sin que me molesten”, declara.

“Quiero que se respeten mis derechos: el derecho a cerrar mi puerta y tener privacidad, el derecho a tener una relación con alguien de mi elección o el derecho de cargar las baterías de mis juguetes sexuales en mi habitación y usarlos sin que me molesten”.


Solo unas pocas instalaciones de cuidados para personas de edad avanzada están comenzando a abordar las necesidades y deseos de sus residentes con cautela, a medida que surge un cuerpo de investigación sobre la actividad sexual de los adultos mayores.

Anteriormente, los investigadores del sexo generalmente dejaban de interrogar a las personas a los 60 años, ya que la creencia general sugería que ya no eran sexualmente activas.

Sexualmente activo, mucho más allá de los sesenta

Un estudio de 2012 en el American Journal of Medicine encontró que la mitad de las mujeres encuestadas (promedio de edad de 67) se mantuvo sexualmente activa y que su satisfacción sexual aumentaba con la edad. Una encuesta nacional en el Reino Unido se convirtió en la primera en preguntar a personas de 70 y 80 años sobre su sexualidad y confirmó que la mitad de los hombres y un tercio de las mujeres disfrutaban de una vida sexual activa en sus décadas octava y novena.

“Muchos proveedores de servicios para adultos mayores han tenido sus cabezas enterradas en la arena. Se han negado a reconocer las necesidades sexuales de sus residentes. Pero ahora los Centros para el Control de Enfermedades informan sobre una gran cantidad de infecciones de transmisión sexual en esta población, por lo que sabemos que están activas”, dice Jane Fleishman, una educadora sexual radicada en Massachusetts y que participa en investigaciones continuas sobre la sexualidad en adultos mayores. “Las instituciones deben pensar en una política o en directrices sobre sexo tanto para la seguridad de sus residentes como para su placer”.

Fleishman, de 63 años, consulta regularmente con proveedores de servicios y residencias para adultos mayores. Ella ha notado que las necesidades íntimas de sus clientes comienzan a ser reconocidas por una pequeña minoría.


“El bienestar sexual reduce la depresión, el aislamiento social y las enfermedades cardiovasculares. A medida que aumente la esperanza de vida, también aumentará la capacidad de las personas para tener nuevas aventuras y relaciones más adelante”, agrega. “Las instalaciones deberían construirse de modo que haya espacios privados donde los adultos puedan ser auténticamente ellos mismos”.

Casos de demencia

¿Cómo abordar esta realidad en los pacientes con Alzheimer? Este un dilema que puede crear temores de responsabilidad para los administradores que dirigen las residencias para personas mayores y se les encarga asegurar que sus residentes no sean maltratados o explotados.

“Los hijos adultos pueden tener la expectativa de que sus padres no son sexualmente activos, y los administradores saben que arderán en el infierno si las dos personas equivocadas comienzan a tener relaciones bajo su techo”, advierte Fleishman. “Pero la desición de si alguien puede dar su consentimiento para una relación sexual debe provenir de una evaluación clínica. Es una pregunta para un geriatra, no para un miembro de la familia”.

La profesora Gayle Appel Doll, gerontóloga y directora del Centro sobre el Envejecimiento de la Universidad Estatal de Kansas, señala que una intención anticipada no puede predecir cómo las personas cambiarán con la edad o sobre la aparición de algún deterioro cognitivo.

“Cuando las personas tienen demencia, vemos cambios en su libido que conducen a un menor interés en el sexo. Pero también vemos cambios de personalidad que van en la dirección opuesta”, como la conservadora señora mayor “que ahora quiere besar a hombres que se parecen a su marido”, dijo Doll, autora de ' Sexualidad y cuidado a largo plazo: Entendiendo y apoyando las necesidades de los adultos mayores'.

Expacios que respeten la privacidad

En su investigación, Doll encuestó a los desarrolladores que construyen viviendas para personas mayores para ver si consideraban la sexualidad de los residentes en su planificación. Encontró pocos desarrolladores de residencias de ancianos o de retiro que pensaran en las necesidades de privacidad de los futuros residentes que desean oportunidades de intimidad o visitas conyugales.

Pero cree que eso está cambiando, debido a las demandas de los boomers y las nuevas políticas federales.


“Las instalaciones están bajo presión para permitir que sus residentes tomen sus propias decisiones”, aclara. “Los mandatos provenientes de Medicaid y Medicare requieren un plan de cuidado personal que les permita a los residentes decir lo que quieren para sus vidas y le da más peso a sus preferencias”.

Doll sugiere que los adultos hablen francamente sobre sus intenciones sexuales con aquellos a quienes nombran para que ejecuten sus instrucciones.

“Crear los elementos de una directiva anticipada le da la oportunidad de hablar con las personas cercanas a usted y hacerles saber lo que quiere. Recomiendo tener una conversación sobre sus deseos sexuales de una manera general con aquellos que puedan ser sus apoderados a largo plazo”, asegura.

Pero a la vez admite que no practica lo que predica. “Esto significa que tienes que tener esa conversación incómoda con tus hijos, porque son ellos quienes van a tener el control sobre ti. Y hablar sobre la vida sexual que crees que querrás a medida que envejeces no es fácil”, admite. “Tengo 63 años, ¿y he hablado con mis dos hijos mayores sobre esto? No”.

Adiós al tabú

La falta de comunicación sobre el sexo entre adultos mayores pone de relieve la profunda incomodidad de la sociedad al reconocer las necesidades íntimas de la población que envejece.

“Incluso aquellos que trabajan en el área no pueden superar lo que llamo el factor 'ick': su desagrado con la sola idea de que las personas arrugadas tengan interés en el sexo”, explica Price. “Me gustaría vernos hablar en voz alta sobre la sexualidad de por vida sin pena, culpa o vergüenza”.

Incluso si no eligen formalizar sus deseos sexuales en un documento escrito, Price instó a las personas a hacer preguntas sobre las políticas sexuales a medida que evalúan las situaciones de vida de los adultos mayores.

“Este va a ser su hogar, no una prisión, por lo que le corresponde a usted explorar qué instalaciones respetarían su privacidad y cuáles se la quitarían”, enfatiza.

*Kevyn Burger es periodista independiente y productora de radio.

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