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Por falta de evidencia científica, la adicción al sexo no fue incluida en la más reciente versión del manual que usan los psiquiatras para diagnosticar enfermedades mentales.

¿Es la adicción al sexo un trastorno real o una excusa de los acosadores para justificarse? Los expertos difieren en la respuesta

¿Es la adicción al sexo un trastorno real o una excusa de los acosadores para justificarse? Los expertos difieren en la respuesta

A diferencia del alcoholismo o la drogadicción, no se trata de una condición reconocida oficialmente por la psiquiatría, aunque muchos terapeutas aseguran que arruina vidas. La frontera entre un adicto y un acosador con frecuencia es difusa, advierten algunos especialistas.

Por falta de evidencia científica, la adicción al sexo no fue incluida e...
Por falta de evidencia científica, la adicción al sexo no fue incluida en la más reciente versión del manual que usan los psiquiatras para diagnosticar enfermedades mentales.

Las recientes denuncias de acoso sexual que han recaído sobre celebridades, políticos y periodistas plantean la interrogante de si la adicción al sexo es una condición real o simplemente una excusa que sirve para desviar la culpa o reparar reputaciones.

No hay consenso en la respuesta. Por un lado, no se trata de un trastorno reconocido oficialmente por la psiquiatría; pero a la vez incluso quienes aseguran que no es una adicción real, admiten que los comportamientos sexuales compulsivos arruinan vidas.

“Hay una línea extremadamente difusa entre un adicto y un acosador” y muchas veces ambos se solapan, aclara a Associated Press la psicóloga Leah Claire Bennet, del Pine Grove Behavioral Heatl & Adicction Services, un centro de rehabilitación que ofrece terapia para adictos al sexo.

Las recientes denuncias de acoso sexual que han recaído sobre celebridad...
Las recientes denuncias de acoso sexual que han recaído sobre celebridades, políticos y periodistas plantean la interrogante de si la adicción al sexo es simplemente una excusa que sirve para desviar la culpa o reparar reputaciones.


Pese a la insistencia de muchos especialistas que consideran que sí es un trastorno real, la adicción al sexo no fue incluida en la más reciente versión del manual que usan los psiquiatras para diagnosticar enfermedades mentales. “La razón es muy sencilla: no hay evidencia científica rigurosa de que el comportamiento sexual compulsivo afecta el cerebro del mismo modo en que se ha demostrado que lo hacen la adicción a las drogas o el alcohol”, explica a la agencia de noticias Charles O’Brien, psiquiatra de la Universidad de Pennsylvania, quien trabajó en la actualización de ese manual.

“Hay un uso excesivo de la palabra adicción. Hay muchos programas que ofrecen tratamiento, pero eso no lo convierte en un desorden”, recalca.

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Aún así, incluso los más escépticos como él, reconocen que el comportamiento sexual compulsivo puede convertirse en un problema serio. La pregunta es si sus consecuencias son tan severas como para catalogarlo como una enfermedad mental, o si puede simplemente ser el resultado de otra condición psiquiátrica como el desorden obsesivo compulsivo.

Robert Weiss pertenece a la corriente de terapistas que opinan que la adicción al sexo es un auténtico trastorno que se diagnostica cuando hay un comportamiento sexual descontrolado sin importar las consecuencias, lo que con frecuencia (pero no siempre) lleva a infringir la ley.

Según el Instituto Internacional de Profesionales especializados en Trauma y Adicción, que sigue esta misma tendencia de pensamiento, la supuesta adicción al sexo afecta a entre 2% y 5% de la población, la mayoría hombres, de los cuales solamente el 10% comete actos ilegales. De hecho, algunos centros no admiten a personas que hayan sido acusadas de violación o crímenes sexuales violentos, sino que las refieren a instituciones que se especializan en atender estos casos.

Alejar las tentaciones

El costo de los centros como Pine Grove, The Meadows (Arizona), es elevado, y sus instalaciones suelen ser similares a las de club, pero no hay nada de placentero en la terapia, advierte Weiss.

La dinámica para tratar la supuesta adicción al sexo incluye largas sesiones de terapia grupal durante hasta tres meses. Algunos usan un programa de 12 pasos similar al de Alcohólicos Anónimos; otros emplean técnicas mentales o incluso terapia equina.

Weiss cuenta a AP que la interacción con caballos puede ayudar al paciente a reconocer problemas asociados con la adicción al sexo, como la agresividad y patrones de personalidad controladora. El congresista de Nueva York, Anthony Weiner, quien fue sentenciado en 2016 por practicar sexting con una adolescente, participó en una terapia de este tipo.

La interacción con caballos puede ayudar al paciente a reconocer problem...
La interacción con caballos puede ayudar al paciente a reconocer problemas asociados con la adicción al sexo, como la agresividad y patrones de personalidad controladora.


Los expertos advierten que no hay una cura para la polémica adicción al sexo, pero que las personas pueden aprender a manejar su comportamiento y los factores que lo desencadenan.

Esclavos de la libido

“No hay ningún placer que derive de la adicción al sexo… es dolor”, exclama L.J Schwartz, un hombre que recibe tratamiento por adicción al sexo. Durante 30 años sostuvo relaciones con extraños en librerías, se masturbó constantemente, trabajó como estríper y practicó sexo telefónico. Nunca fue arrestado, pero su comportamiento puso en riesgo su trabajo y su matrimonio. Asegura que un programa de doce pasos lo ayudó y ahora trabaja como coach para guiar a otros.

Hay poca evidencia científica sobre los resultados de estas terapias contra la cuestionada adicción a la sexo. “No hay muchos datos. Es más anecdótica pero sí podemos ver los cambios en las personas”, reconoce Bennett.

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También es incierto si la rehabilitación realmente ayuda a enmendar reputaciones dañadas por escándalos de acoso sexual como los que involucraron recientemente al cineasta Harvey Weinstein.

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Su representante informó a varios medios que el productor de Hollywood está recibiendo tratamiento y que se ha tomado la terapia muy en serio, pero no aclaró el diagnóstico que le dieron.

Bennett aclara que algunas personas sí usan la adicción al sexo como una excusa, pero que no es el caso de los pacientes que él ve en Pine Grove. “La vida de estas personas está hecha añicos. Han sido traumatizadas a lo largo de sus vidas, tienen enormes heridas psicológicas y usan formas erróneas para lidiar con ellas”.

Desde el punto de vista legal, el paso por terapia sí puede ayudar a la defensa de un acusado al demostrar que la persona ha cambiado, advierte Samuel Pillsbury, profesor de derecho de la Universidad de Loyola en L.A. Pero la estrategia no suele ser tan efectiva en caso de crímenes violentos. “Es difícil imaginarse a un fiscal diciendo: ‘Bueno, está en rehabilitación, retiraré los cargos o los reduciré’. Pero sí puede tener un efecto sobre la sentencia”, agrega.

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