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Asilo Político

"Estamos desesperados, la cita tarda meses": inmigrantes hacinados desnudan la crisis migratoria en Tapachula

Miles de migrantes provenientes de Centro y Suramérica, el Caribe y África están retenidos el sur de México sin poder avanzar hacia la frontera de EEUU en busca de asilo. La desesperación y el hacinamiento convierten la zona en una bomba social que amenaza con estallar en cualquier momento.
4 Sep 2021 – 03:53 PM EDT
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“Ahorita, desde hace dos semanas, no hay citas para este año. Ya se terminaron las entrevistas en la COMAR. Entonces ellos lo que te dicen es que intentes, pero la página está colapsada. Que intentes, intentes, pero usted intenta y nada, es falso”, denuncia Deyerlin Pérez (33), una de las más de 80,000 migrantes que aguarda en Tapachula (Chiapas), fronterizo con Guatemala, una oportunidad para seguir el viaje hacia la frontera sur de Estados Unidos donde pedirá asilo.

En la última semana al menos tres caravanas, cada una con cientos de migrantes, han intentado sin éxito salir de la ciudad en dirección al norte. “Los esfuerzos fracasaron porque el Gobierno de México no los deja, los reprime”, dice Irineo Mujica, director de la organización Pueblo Sin Fronteras. “A muchos les dieron papeles, pero no sirven para viajar, solo para estar en Tapachula”.

A principios de julio, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) reportó que en el primer semestre de este año 51,654 extranjeros habían solicitado refugio en el país, de ellos casi 23,000 hondureños. Y el 72% lo había hecho en Tapachula.

“Aquí ahora hay unos 85,000 migrantes varados, de distintas nacionalidades”, dice Luis Villagrán, director del Centro de Dignificación Humana, A.C.

“Hay muchos hondureños, pero en los últimos tres meses se incrementó un 300% la llegada de haitianos. Y cada día siguen viniendo”.


El Instituto Nacional de Migración (INM) dijo el jueves que el gobierno estaba “sumando esfuerzos” para instalar un campamento humanitario, sobre todo para atender a “migrantes haitianos en Chiapas”.

“Estamos desesperados”

La respuesta del gobierno mexicano llega después de la violenta detención de al menos tres caravanas que intentaron romper los cordones de seguridad instalados por la Guardia Nacional y la policía. En la primera, registrada el sábado pasado, agentes de inmigración no solo empujaron a los migrantes, algunos con niños en brazos, para que no avanzaran. Un video colgado en redes sociales mostró a un funcionario pateando la cabeza de un hombre que se encontraba sometido por varios policías en el pavimento.

“Estamos desesperados porque se tardan bastantes meses en que le den la cita” en la COMAR, dice Pérez.

“Nos dijeron que la espera era hasta diciembre, pero ahorita desde hace dos semanas no hay para este año, ya se terminaron las citas”.


La angustia sobrepasa cualquier esperanza. “También tengo que esperar que a mi esposo lo saquen. Hoy intenté hablar con el jurídico de la estación migratoria y no estaba, estaba ocupado. Te postergan y te postergan, te tienen así mareándote y no te dan ninguna solución efectiva. De hecho, mi pareja, como él está adentro, ya le dieron papeles de inicio de los trámites como refugiado. Pero sólo lo incluye a él. Yo y mis dos hijos no tenemos porque él es mi pareja, no es el padre biológico de ellos”.

Aún teniendo papeles, la pareja de Pérez deberá esperar la cita en la COMAR para avanzar en su proceso migratorio. Y después deberá hacer una segunda cola en el INM para otra cita, trámite demora entre cinco y seis meses para que le concedan una audiencia y le otorguen el estatus de refugiado.

“Eso es lo que tiene a todos desesperados”, dice Villagrán. “Porque mientras aguardan tienen que comer y no tienen trabajo. Es una situación crítica de la cual se habla poco”.

El calvario de Pérez

Los últimos cuatro años Pérez, su pareja y sus dos hijos (uno de 8 y otra de 14) vivieron en Perú donde solicitaron refugio, pero el trámite nunca fue resuelto.

“Salimos de allá el 14 de julio y llegamos a Tapachula el 13 de agosto. Desistí de mi solicitud de refugio en Perú porque ya llevaba casi cuatro años y no me habían dado todavía una respuesta definitiva. Yo soy venezolana. Mi esposo lo tienen en la estación migratoria Siglo XXI. Y acá todo es un proceso bien duro. El presidente de acá (Andrés Manuel López Obrador) dice que los venezolanos somos migrantes de primera categoría y es falso”.

Al explicar el trayecto entre Perú y Tapachula, Pérez cuenta que “fue una odisea. Imagínese, primero nos fuimos a Ecuador y de ahí a Colombia. Y luego cruzamos la selva durante seis días. Fue horrible. Nos robaron, dos veces, y me violaron. Nos quitaron todo, la comida, las linternas, todo. Y llegamos al primer campamento (en Panamá). Ahí fui a poner la denuncia a la fiscalía y acudí al médico para pedir el informe".

"Pero seguimos viaje porque el problema está en que en Panamá, si tu colocas la denuncia, te retienen al menos tres meses mientras van resolviendo el proceso”.


“Tú vienes agotado, tanto física como mentalmente y por eso la mayoría no denuncia porque no quiere esperar el proceso allá. Con nosotros también viaja un tío que vive con VIH. Él tiene 41 años y yo lo traía descompensado de la selva”, añade.

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Graban a agentes migratorios mexicanos reprimiendo una caravana de migrantes y golpeando a uno en su cabeza

No hay tiempo para llorar

Pérez narra su viaje de prisa. Las palabras afloran al otro lado del teléfono de manera espontánea, rápido, como si el tiempo de la espera se volverá eterno a menos que ella lo detenga con sus manos. “Lo que pasa es que, como le diría, como me he quedado sola con mis niños, yo no he tenido tiempo, como le dije a la psicóloga, de llorar o de pensar en lo que me ha pasado”.

“Simplemente yo tengo que resolver porque tengo dos niños pequeños, estoy en un país donde no conozco a nadie y tengo que buscar algún tipo de solución. Si yo me siento a lamentarme de la solución, no va a venir el arreglo por parte de alguna ayuda… E incluso he ido a hablar con el abogado de derechos humanos, pero nadie te ayuda”, señala.

A la pregunta respecto a quién cometió el horrendo crimen en Panamá, ella dice: “los indios panameños. Ellos son los que roban. Ellos van, como me dijo la fiscal, de hecho, ellos van por dinero y sexo. Porque ellos ni siquiera te preguntan si tienes dinero, ellos seleccionan a las mujeres por nacionalidades y de allí, pues te llevan y ya. No te piden dinero, de que lo hagan por maldad porque no quieres dar dinero, no, no. Ellos van con esos cometidos, pues”.

Tras una pausa, dijo: “Aquí en Tapachula hay muchas otras mujeres que han sido víctimas de violaciones en camino a la frontera de Estados Unidos. Son muchas, un número enorme de mujeres y de niños. En ese momento, cuando me ocurrió lo que me pasó (en Panamá), fue junto con otra cubana", asegura.

Pero qué pasa, como yo le dije a la fiscal, no denuncian porque los retienen varios meses en Panamá. Y nadie quiere vivir eso, lo que quieren es seguir camino para llegar a la frontera (sur de Estados Unidos)”.

La jungla del Darién

Para cruzar de Colombia a Panamá hay que atravesar la jungla del Darién, uno de los pasos más peligrosos del mundo, no solo por las serpientes y lagartos y todo tipo de animales salvajes, sino por depredadores sexuales que asaltan y violan.

Un informe de Médicos Sin Fronteras publicado a principios de agosto revela el infierno que enfrentan las mujeres que cruzan el también denominado Tapón del Darién.

Nos asaltaron al segundo día, un grupo de unos 7 u 8 hombres, con fusiles, con machetes”, cuenta Juan. Te registran y te quitan el dinero, los celulares, la comida, incluso la olla para cocinar. A las mujeres, las registran en sus partes íntimas, las amenazan, las separan del grupo y las violan. A algunas, repetidas veces”.

Otro inmigrante llamado Oscar cuenta: “Unos iban vestidos de negro, con escopetas, otros llevaban pasamontañas, fusiles y cuchillos".

"De 7 mujeres de nuestro grupo, violaron a tres. Nos asaltaron en dos ocasiones, gente diferente”, afirma.


Solange, una migrante cubana de 21 años, llevaba tres años viviendo sola. Su madre y su padrastro estaban en Argentina, pero ya su economía no daba para enviar remesas a Cuba. “Muchas montañas, lluvia todo el rato, ríos crecidos. Ves muertos, pasas hambre y te violan”.

Mohamed, otro inmigrante originario de Sierra Leona (África), cuenta que “calmó a la gente de su grupo ante el asalto. Dónde vais a correr, no sabéis dónde ir, no hay dónde ir”. Los desvalijaron, apenas se quedó con la documentación. “Nos registraron todo. A las mujeres también. Vi con mis propios ojos cómo a tres venezolanas y dos haitianas se las llevaron, las llevaron a los violadores”.

Los relatos son interminables. A principios de agosto el diario español El País reportó que las mujeres migrantes que cruzan la selva panameña se llevan la peor parte. “Al menos 88 de ellas han reportado haber sido agredidas sexualmente al ser registradas en busca de dinero y con frecuencia, haber sido objeto de violación”.

Tras salir de ese infierno los migrantes llegan a la localidad de Bajo Chiquito, la primera población que encuentran y donde son atendidos para luego seguir viaje al norte.

No se rinde

A pesar de la dura experiencia vivida hasta ahora, Pérez no se rinde. “Pues nada, hay que esperar que habilite en algún momento de nuevo el COMAR, en algún momento que ellos quieran, pero el detalle está en que cada día vienen entrando más migrantes”, advierte.

“Entonces, cada día se está haciendo mayor el problema, porque como yo se lo dije a la señorita: licenciada yo entiendo perfectamente que usted dice, que la página está colapsada, pero imagínese, tienen que buscar algún tipo de solución porque las políticas que están implementando no son las adecuadas, no son aceptadas porque cada día viene entrando mas gente, se colapsa más y menos solución va a ver”, explica.

La crisis ha rebasado la capacidad de respuesta del gobierno mexicano. El jueves, las autoridades federales dijeron que la Secretaría de Gobernación, a través del Instituto Nacional de Migración (INM), “busca sumar esfuerzos con la representación en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), y la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana (DEPMH) de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), a fin de instalar un campamento humanitario en el estado de Chiapas, donde se brinde atención a la población migrante de origen haitiano”.


El comunicado agrega que “también se inició el proceso de diálogo con esas instancias, con el propósito de favorecer a dichas personas una vida digna”. Pero ¿cuánto tiempo demorará la implementación de los cambios?

“Ahora aquí el centro (de Tapachula) está colapsado. Para retirar dinero está colapsado todo, los bancos, Western Union. Te dan solo dos retiros al mes, es una situación bastante penosa. Especialmente para los haitianos”, dice Pérez.


Tanto Villagrán como Mujica dicen que el mayor problema que viven los inmigrantes haitianos es el racismo. “Los culpan de todos los males”, aseguran.

“A mí me da pena porque yo no tengo mucho, pero de lo que tengo trato de ayudar porque sé lo que es eso. Yo prácticamente me quedé en estado de indigencia cuando llegamos acá. Y la misma gente me ha ayudado, me ha tocado pedir en casas, cosa que nunca en mi vida me imaginé. Yo siempre estaba del otro lado de la historia, más bien siempre ayudando y apoyando. Pero tengo fe en Dios que pronto estaré bien con mis hijos, mi pareja y mi tío”, dice Pérez.

Antes de colgar la llamada, en el fondo del auricular de mi teléfono se escuchó un leve sollozo.

La denuncia

Pérez presentó la denuncia por el delito de violación ante el Ministerio Público y la Fiscalía de Darién, ubicado en la Comunidad Unión Chocó el 1 de agosto de 2021.

La nota de denuncia dice: "Este despacho ha iniciado una investigación por un supuesto delito CONTRA LA LIBERTAD E INTEGRIDAD SEXUAL (VIOLACIÓN Y OTROS DELITOS SEXUALES), en perjuicio de Anny Dubraska Gamboa Mora y Deyerlin Jhoan Pérez Marcano, ambas de nacionalidad venezolana, hecho ocurrido en la trocha de Colombia hacia Panamá, en la provincia de Darién, jurisdicción de la comunidad de Bajo Chiquito".

"Lo anterior es que se gestione con la diligencia pertinente con la misma, toda vez que las víctimas indica que no realizarán ninguna diligencia con la autoridad competente y no van a seguir con el proceso investigativo". El documento fue formado por la licenciada Yessica Cabrera, fiscal adjunta de la fiscalía local.

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