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Maras

La mano dura que Trump propone contra la MS-13 se usó en el pasado. Spoiler: no funcionó

La política de tolerancia cero combinada con la deportación de pandilleros contribuyó al fortalecimiento de la Mara Salvatrucha, primero en Los Ángeles y luego en El Salvador. Los expertos dicen que se corre el riesgo de repetir los errores del pasado.
15 Ago 2017 – 11:29 AM EDT

LONG ISLAND, Nueva York. - "Son el equivalente en términos de maldad a Al Qaeda". "Son más duros que nadie que hayas conocido". "Están matando y violando a todo el mundo ahí fuera". "Son ilegales". "Vienen de Centroamérica". "No les gusta disparar a la gente, les gusta cortar a la gente". "Hacen cosas que nadie puede creer". "Son verdaderos animales".

Todas estas frases tienen algo en común: han sido pronunciadas por Donald Trump para referirse a MS-13 o Mara Salvatrucha, la pandilla de origen salvadoreño que el presidente ha prometido erradicar. Aunque todavía no ha dado muchos detalles sobre cómo lo hará, en su última intervención sobre el tema en Long Island, una zona castigada por una serie de crímenes particularmente violentos, prometió acabar con ellos en un discurso en el que daba a la policía luz verde para emplear mano dura.

En un momento protagonizado por una fuerte retórica antiinmigrante por parte de la administración, la Mara Salvatrucha parece encarnar al enemigo perfecto. Se trata de un grupo exclusivamente latino, que opera en barrios con una alta concentración de población hispana y que es popular por sus métodos violentos y por una mitología llena de tatuajes, machetes y brutales rituales de iniciación.

Mientras la Operación Matador para la erradicación de la MS-13 sigue su curso, la Unión de Libertades Civiles Americanas (ACLU) ha presentado una demanda contra el gobierno de Estados Unidos, alegando que se está usando "evidencias vagas de presunta pertenencia a una pandilla" para detener a jóvenes inmigrantes. La lucha contra la Mara Salvatrucha, dicen, es en realidad un pretexto para llevar a cabo más deportaciones.

Los expertos que han estudiado a la MS-13 y a otras pandillas dicen que el método de mano dura fue empleado contra este grupo en dos ocasiones diferentes en el pasado con resultados pobres. Advierten de que no funcionó entonces y de que no funcionará ahora.

Lecciones del pasado en Los Ángeles...

La Mara Salvatrucha surgió en la década de los 80 en Los Ángeles, fundada por jóvenes salvadoreños, algunos de los cuales eran refugiados que huían de la guerra civil de su país. Atacados primero por las dominantes pandillas chicanas y fortalecidos después por nuevas hornadas de inmigrantes endurecidos por la crudeza del conflicto, los salvatruchos se fortalecieron y su violencia se exacerbó.


A finales de los 80, el Departamento de Policía de Los Angeles respondió con una agresiva campaña contra la MS-13. Encarceló a sus miembros, que en la prisión tuvieron que aliarse a la Eme, la pandilla mexicana dominante en el sur de California. Pero la represión y la cárcel "contribuyeron a la cohesión y la expansión de las pandillas", según José Miguel Cruz, director de investigación del Centro de América Latina y el Caribe de la Universidad Internacional de Florida y especialista en maras.

Durante la presidencia de Bill Clinton en los 90, Estados Unidos comenzó a deportar a miles de centroamericanos ( algunas estimaciones hablan de 20,000 deportados; otras, de hasta 46,000), incluidos muchos pandilleros convictos, a sus países de origen, particularmente a El Salvador. Algunos de ellos eran residentes legales, pero en virtud de la Ley de Inmigración Ilegal y Responsabilidad de los Inmigrantes de 1996, estadounidenses nacidos en el extranjero que hubieran cometido crímenes condenados con penas de prisión podían ser despojados de la ciudadanía y expulsados una vez cumplieran sus sentencias.

... Y El Salvador

Una vez en El Salvador, estos jóvenes se encontraron con "un país con una sociedad débil, que no podía lidiar con miles de estos niños, con una policía pequeña", explica a Univision Noticias David Brotherton, sociólogo especializado en pandillas del John Jay College of Criminal Justice. Los recién llegados, además, en ocasiones no tenían ningún vínculo con un país que habían dejado atrás hacía tiempo (algunos nacieron en Estados Unidos).

Así, recurrieron a las maras, en algunos casos por segunda vez.

Los gobiernos de El Salvador y Honduras, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, se estrenaron en la década de los 2000 en la política de mano dura, muy criticada desde entonces por activistas de los derechos humanos. "Ponían en prisión a muchos jóvenes, donde fortalecían sus vínculos entre sí y formaban una identidad pandilleril mucho más fuerte", dice Cruz. Las cárceles se llenaron por encima de su capacidad y los pandilleros se organizaron en su interior, al tiempo que trasladaron a ellas su virulento conflicto con la banda rival, Barrio 18.

Fue entonces cuando la MS-13 se transformó "de una pandilla local a una pandilla transnacional", según explica Albert De Amicis en un estudio sobre este grupo de la Universidad de Pittsburgh. Las pandillas se beneficiaron de la política de deportaciones estadounidense, que contribuyó a crear una "cadena interminable" de pandilleros que se movían entre los Estados Unidos y América Central, tal y como se refirió al fenómeno el político salvadoreño y exviceministro de segudidad Rodrigo Ávila.

La presión policial en El Salvador, a su vez, empujó a unos pandilleros mejor entrenados y más implicados en la pandilla, a volver a territorio estadounidense, donde fundaron nuevas células.

La cooperación de los indocumentados, fundamental

"La MS-13 se alimenta de la comunidad de inmigrantes ilegales. Los extorsionan. Los roban. Los violan. Los asesinan. Sin su cooperación como testigos, nada de esto sería posible". Con este guiño a los latinos, el jefe de policía de Los Ángeles (LAPD) Charlie Beck celebró el pasado mayo la detención de 21 presuntos miembros de MS-13.

Desde la época de tolerancia cero de la LAPD hasta estas palabras que su jefe dedicó a los indocumentados han pasado unas décadas durante las cuales este cuerpo ha vivido un profundo proceso de transformación y de acercamiento a los ciudadanos. "La policía empezó a tener relaciones mucho mejores con la comunidad", dice Brotherton sobre la transformación de este cuerpo. Su estrategia parece haber funcionado: desde 2007, la policía de LA dice haber reducido la presencia de la pandilla en la ciudad a 800 miembros.

Tanto Brotherton como Cruz enfatizan que, para derrotar a las pandillas, es crucial que la policía cuente con el apoyo de la población inmigrante. "Se corre el riesgo de repetir los errores del pasado", dice Cruz. Sin embargo, los activistas de los derechos de los inmigrantes creen que la presidencia de Trump no brinda las condiciones necesarias para que los indocumentados sientan confianza de acudir a la policía.

"La gente que vive en estos lugares donde florecen las pandillas no van a colaborar porque van a tener miedo de la posibilidad de ser deportados", dijo a Univision Noticias Walter Barrientos, el coordinador en Long Island del grupo de derechos de los inmigrantes Make the Road NY. Varias agencias de policía en el país han registrado una disminución de los crímenes denunciados por los inmigrantes que los sufren desde que Trump asumió la presidencia. Además, ICE ha llevado a cabo varios arrestos en cortes a las que indocumentados habían acudido a en búsqueda de justicia.

Pero los activistas no son los únicos que creen que la política de mano dura solo beneficia al reclutamiento de más pandilleros y al fortalecimiento del grupo. Según explicaron dos miembros de MS-13 en Long Island a CNN, las promesas de Trump parecen estar fortaleciendo a la Mara. "(Los pandilleros) sienten que pueden hacer lo que quieran, porque el mismo Trump ha hecho que todo el mundo tenga miedo. Los está ayudando", dijeron.

En fotos: Así nacieron y echaron raíces las pandillas centroamericanas en Estados Unidos

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