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Secuestro

Cadena perpetua para uno de los implicados en el secuestro de hispano que murió a manos del FBI durante el rescate

Nicholas Chase Cunningham pasará el resto de su vida tras las rejas al ser encontrado culpable de robo agravado en el caso de Ulises Valladares ocurrido el 24 de enero del 2018. Los cargos de secuestro fueron retirados como parte de un acuerdo de culpabilidad.
29 Ago 2019 – 2:45 PM EDT

HOUSTON, Texas. - Nicholas Chase Cunningham fue sentenciado a pasar el resto de su vida tras las rejas después de ser encontrado culpable de robo agravado en el caso de Ulises Valladares.

Los cargos de secuestro fueron retirados como parte del acuerdo de culpabilidad. Cunningham y otras tres personas fueron acusadas por el secuestro y robo de Valladares, quien durante el intento de rescate, recibió un disparo mortal a manos de agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI).

En octubre pasado, Arturo Acevedo, jefe del Departamento de Policía de Houston (HPD), indicó que el argumento del oficial de la agencia federal no contaba con suficiente evidencia.

La portavoz del FBI, Christina Garza señaló el jueves 29 de agosto que la investigación federal continúa.

Historia original:

Ulises Valladares, originario de Honduras, fue secuestrado en su casa el miércoles 24 de enero del 2018, frente a su hijo de 12 años. Menos de 24 horas después estaba muerto tras recibir un disparo en un operativo fallido de rescate liderado por el FBI.

Los presuntos secuestradores, identificados como Jimmy Tony Sánchez, de 38 años, Nicholas Chase Cunningham, de 42, y Sophia Pérez Heath, de 35, fueron capturados y se encuentran presos en la cárcel del condado Montgomery bajo cargos de secuestro con agravantes. Sánchez y Cunningham también fueron acusados de hurto agravado. El fiscal de distrito no descarta que a los tres se les interponga un cargo de asesinato, porque sus acciones condujeron a la muerte de la víctima.


A Sánchez y Cunningham se les negó el derecho a fianza, mientras que a Pérez se le fijo una por un millón de dólares.

Philip Dupuis, jefe de la policía de Conroe, dijo en entrevista con Noticias 45 de Univision Houston que tiene muchas interrogantes sobre el tiroteo en el que murió Valladares, de 47 años, cuando las autoridades federales intentaban rescatarlo.

“El FBI no ha tenido ningún contacto conmigo, nuestra víctima murió y no sabemos qué fue lo que pasó”, dijo Dupuis al tiempo que lamentó que el sistema le hubiera fallado al hijo del secuestrado.

“Lo único que el pequeño quería era que le ayudaran a recuperar a su padre. Desearía que esta situación no hubiera terminado así”.

A pesar de lamentar el desenlace del secuestro, está agradecido con la agencia federal porque de no ser por su apoyo no hubieran podido localizar a los sospechosos.

Relato del secuestro

Los detalles de cómo ocurrió el secuestro fueron relatados por el hijo de la víctima a los detectives que investigan el caso y fueron consignados en documentos judiciales.

Todo comenzó alrededor de las 8:00 am del miércoles en la residencia de la víctima, ubicada en Conroe, un poblado al norte de Houston. El niño se alistaba para ir a la escuela y escuchó que alguien tocó la puerta. Cuando su padre abrió, dos sujetos se abalanzaron sobre él, lo derribaron en el piso de la sala y lo amarraron con cinta adhesiva. Lo mismo hicieron con su hijo.

El niño proporcionó una descripción de los sospechosos y dijo que uno de ellos llevaba una pistola negra, con la que les apuntó a ambos.

Una vez tenían inmóviles al padre y a su hijo, uno de los sujetos abrió de una patada la puerta de un cuarto que estaba cerrado y empezó a esculcar por todas partes. Ese dormitorio pertenece a un hermano de la víctima, identificado como Ernesto Valladares, quien no estaba en la casa en el momento del incidente.

Ambos sospechosos continuaron abriendo gabinetes y armarios. El niño declaró que no llevaban guantes puestos, por lo que luego intentaron limpiar los objetos que habían tocado. Mientras buscaban, sustrajeron varios aparatos electrónicos.

El menor contó a los investigadores que escuchó cuando uno de los hombres le dijo a su padre que su hermano les debía 8,000 dólares. También reportó haber escuchado que su papá dijo a uno de ellos que conocía a sus padres.

Tras 20 minutos de registrar la vivienda, los sospechosos cubrieron la cabeza de Valladares y se lo llevaron, no sin antes decirle a su hijo que si llamaba a la policía iban a matar a su papá.

El niño logró ubicar unas tijeras y cortó la cinta con la que estaba atado. Luego corrió a la casa de un vecino para pedir ayuda. Esta persona contactó a la policía y al tío del menor.

Los secuestradores exigen rescate

Los hechos que ocurrieron a partir de la denuncia del secuestro a las autoridades fueron reportados por el oficial que atendió el caso.

Cuando la policía llegó a la vivienda donde ocurrió el rapto, entró en contacto con Ernesto Valladares, hermano de la víctima, quien aseguró que no conocía a nadie que concordara con la descripción que dio su sobrino y que tampoco le debía dinero a nadie.

El detective llevó al hermano del secuestrado a las oficinas de la policía de Conroe para interrogarlo. Más tarde lo acompañó de regreso a la casa donde ocurrió el rapto para hacer un recorrido.

Mientras estaban en la residencia, Ernesto le informó al oficial que tenía el registro de una llamada perdida de un número desconocido, recibida alrededor de las 12:00 pm. Decidieron que debían marcar a ese número, pero al hacerlo nadie respondió.

Varios minutos después, entró una llamada de ese número y al responder un hombre preguntó, en español, si hablaba con Ernesto. Al darle una respuesta afirmativa, el sujeto le pidió que escuchara y que todo sería más fácil.

“Estoy con el cartel del golfo y tenemos a tu hermano”, dijo la voz al otro lado de la línea. Enseguida le comunicó que tendría que darles 20,000 dólares para que no mataran a su hermano.

Cuando Ernesto le respondió que no tenía todo ese dinero, el sujeto empezó a mencionar los nombres de otros miembros de su familia y le advirtió que si hablaba con la policía mataría a su hermano y a todos los demás.

El sujeto permitió que el secuestrado (Ulises) hablara brevemente con su hermano. Le dijo que estaba bien, pero que consiguiera el dinero y no denunciara el hecho a las autoridades. El captor volvió a tomar el teléfono y le recalcó a Ernesto que tenía que conseguir el dinero como pudiera y que lo llamara cuando lo tuviera listo. Antes de colgar le dijo que la casa estaba siendo vigilada y que si descubrían que él había hablado con la policía matarían a su hermano.

Así ubicaron a los secuestradores

Luego de que Ernesto, el hermano del secuestrado, recibió la llamada de los captores en la que le exigían una cuantiosa recompensa, la policía de Conroe lo llevó a sus oficinas para estar pendiente de futuras llamadas.

Detectives, negociadores y agentes del FBI fueron notificados de la situación y acudieron para apoyar la pesquisa.

Los investigadores volvieron a interrogar a Ernesto y él mencionó en esa ocasión que le había prestado dinero a una prima para hacer reparaciones en su vivienda y que ella le había pagado la deuda con un vehículo.

Mientras estaban en el interrogatorio, los sospechosos volvieron a llamar a Ernesto para presionarlo. Los agentes del FBI lograron rastrear el teléfono desde el que estaban llamando y se dieron cuenta de que el aparato estaba siendo usado desde un lugar cercano a la residencia de la prima de Ernesto.

Al realizar una búsqueda en bases de datos de agencias del orden y en redes sociales, determinaron que la prima estaba casada con Nicholas Chase Cunningham, un individuo que encajaba con la descripción de uno de los secuestradores proporcionada por el hijo de la víctima.

Los investigadores estaban analizando lo acontecido, cuando Ernesto recibió una llamada de su prima. La mujer le contó que ella y su esposo estaban viviendo en un hotel Best Western cerca de su vivienda. Ese detalle condujo al arresto de Jimmy Tony Sánchez y Nicholas Chase Cunningham.

Cunningham confesó que el secuestrado estaba en otro lugar de la ciudad. Declaró que había llevado a Ulises Valladares a la casa de su novia, Sophia Pérez Heath, que vivía en el noreste de Houston. Esta mujer estaba a cargo de vigilar a la víctima.

Un grupo del FBI llegó hasta esa residencia y, en un hecho que aún no se explican, uno de los agentes federales disparó su arma e impactó al secuestrado. El hombre murió horas después en un hospital.

El hijo de la víctima permanece bajo el cuidado de la agencia de Servicios de Protección Infantil.

Una conocida de Ulises Valladares dijo a Noticias 45 de Univision Houston que la esposa del secuestrado y madre del niño que presenció el rapto, murió hace dos años de cáncer.

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