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Brasil

Brasil, del “momento mágico” de Lula a la peor recesión en décadas

Brasil vive su peor recesión desde 1930, después de una era de crecimiento. En la región, solo Venezuela atraviesa una situación más grave
7 Mar 2016 – 5:03 PM EST

Por Luis Tejero @LuisTejero desde Río de Janeiro

“Durante mucho tiempo les dijeron que Brasil era el país del futuro, que debías esperar días mejores que siempre estaban a la vuelta de la esquina. Meus amigos, ese día finalmente ha llegado. El futuro ya está aquí y es hora de aprovecharlo”.

Aunque suenen a patriotismo –y con un toque de portugués incluido–, esas palabras no salieron de los labios de ningún líder del gigante latinoamericano. Quien las pronunció fue Barack Obama, durante un discurso en el Teatro Municipal de Río de Janeiro en marzo de 2011. Y parecía llevar razón: la economía brasileña acababa de cerrar el año anterior con un espectacular crecimiento del 7.5%, los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff se enorgullecían de haber sacado de la miseria a casi 30 millones de personas y el país en su conjunto atravesaba el momento más dulce de su historia reciente.


Justo cinco años después de la visita de Obama, el panorama se ha transformado radicalmente. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) acaba de confirmar que la economía se desplomó un 3.8% en 2015, lo que representa el retroceso más fuerte desde la caída del 4.3% registrada en 1990. En aquella época gobernaba Fernando Collor, precisamente el anterior presidente que se enfrentó a un proceso de impeachment –como Dilma ahora– y que acabó renunciando al poder con una aprobación inferior al 10%. La actual mandataria tiene un 11%.

El Producto Interior Bruto (PIB) brasileño no sufría un resultado negativo desde 2009, el penúltimo año del gobierno Lula, cuando cayó un simbólico 0.1% en pleno derrumbamiento de la economía mundial. El carismático presidente, hoy desgastado por sospechas de corrupción, atravesaba por entonces el momento más dulce de su popularidad. En esos tiempos, solía presumir de que la crisis llegaría a su país como una marolinha, una ola pequeña e inofensiva, en comparación con el devastador tsunami que estaba arrasando Estados Unidos desde la quiebra de Lehman Brothers.

Ahora, la preocupación se centra en saber hasta cuándo se prolongará la recesión. Para este 2016 se prevé una nueva contracción del 3.5%, según las expectativas del mercado recogidas este lunes en el boletín Focus del Banco Central. Sin embargo, las proyecciones no dejan de empeorar semana tras semana y algunos analistas ya pronostican que ese número superará el 4% de aquí a diciembre.


En cualquier caso, será la primera vez que la economía brasileña encoja dos años seguidos desde el bienio 1930-31, después del histórico crash de la Bolsa de Nueva York. Entre los países de la región, sólo Venezuela atraviesa un momento peor.

“Nunca se había visto un retroceso tan grande del país en tan poco tiempo y es imposible decir cuándo saldremos del atolladero. No hay reversión a la vista”, advierte Vicente Nunes, columnista y editor de Economía del Correio Braziliense y habitualmente crítico con la gestión de Dilma. “Nos estamos distanciando del mundo, que sigue creciendo. Eso significa pérdida de puestos de trabajo, salarios más bajos y un futuro comprometido”, se queja.

En concreto, el índice de desempleo, que hoy ronda el 9%, podría dispararse por encima del 13% el próximo año si se cumplen los cálculos de los economistas de bancos privados como Itaú o Credit Suisse. En las televisiones y los periódicos locales son cada vez más frecuentes los reportajes sobre jóvenes ingenieros que están buscándose la vida como camareros, limpiadores o conductores de Uber.



Todo ello en medio de un contexto internacional desfavorable, con la caída de los precios del petróleo y de las materias primas que exporta Brasil, y con el escenario interno agravado por una crisis política que viene arrastrándose desde las elecciones de 2014 y parece no tener fin. Además del impeachment, iniciado el pasado diciembre en el Congreso y que se prolongará durante los próximos meses, la presidenta afronta un juicio en el Tribunal Superior Electoral (TSE) por supuestas irregularidades y abusos de poder en aquella campaña.

Y no sólo ella y Lula, su padrino político, atraviesan dificultades. El Supremo Tribunal Federal (STF) abrió el 3 de marzo una acción penal contra Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de los Diputados, gran adversario de Dilma y a quien los brasileños suelen comparar con el despiadado Frank Underwood de la serie House of Cards. La decisión judicial se debe a su presunta implicación en el escándalo de corrupción de Petrobras, de la misma manera que decenas de otros políticos, empresarios y lobistas han sido detenidos o están siendo investigados desde hace meses por el mismo caso.

Con estas perspectivas tan sombrías, y un Gobierno debilitado que no consigue sacar adelante su agenda en el Congreso, a pocos sorprende que la mayor potencia de América Latina haya sido relegada del “grado de inversión” al “grado especulativo” por las tres principales agencias de calificación de riesgo.

En septiembre, Standard & Poor’s fue la primera que le retiró esa especie de sello que indica la solvencia de un país para pagar sus deudas. A continuación se sumó Fitch, en diciembre, y a finales de febrero lo hizo también Moody’s, bajando dos peldaños de una sola vez y poniendo fin, simbólicamente, a una época dorada.

Lejos quedan los tiempos en los que Lula, al enterarse de que una de esas agencias les había concedido por primera vez esa nota en abril de 2008, proclamó lleno de orgullo: “Brasil vive un momento mágico. Brasil ha sido declarado un país serio”.


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