Relaciones Personales

Reseña: 'So Sad Today' de Melissa Broder

Como dice la terapeuta Valeria Villa, casi nadie hace ensayos sin censura sobre lo más íntimo del ser. De ahí el valor de esta lectura.
8 Jun 2016 – 6:59 PM EDT

Melissa Broder escribió So Sad Today, una colección de ensayos personales, o quizá habría que decir íntimos, por el grado de honestidad para contar pedazos de vida con incómoda brutalidad. Broder nos cuenta sobre su desastrosa y turbulenta vida sexual, sobre sus adicciones al alcohol y otras drogas, a las personas, al internet, a todo. También confiesa con tristeza que jamás se siente suficiente, que sufre de angustia existencial y que todos los días se pregunta por qué y para qué estamos todos en este planeta.

De su relación con la comida sabemos es una de tensión permanente. Cuenta calorías para depositar la ansiedad en un lugar que pueda controlar, oscilando entre atracones de comida y casi no comer nada para ser más atractiva para los hombres. Esa fue la enseñanza de su madre, una mujer obesa para quien ser una buena madre se reducía a lograr que Melissa fuera delgada. Si era alcohólica o tomaba anfetaminas para eliminar el hambre, poco importaba.

Broder se declara una feminista hipócrita que se compara constantemente con otras mujeres: si son más bellas o más flacas o más gordas que ella, es a veces lo único que alcanza a registrar en su relación con las otras. “Soy una mujer que siempre tiene hambre, y que a pesar de tener alguna profundidad soy, sobre todo, superficial.

Historias de amor y de ansiedad

Historias de amor, descritas de formas poco usuales, todas le han servido para confirmar que existe: la ansiedad con la que tiene sexo convertida en una historia de amor; pensar que era lesbiana para después creer que era asexuada, una historia de amor; fingir que los otros pueden ser lo que yo quiero que sean, una historia de amor; es momento de que vuelvas a mi vida, la arruines y luego desaparezcas de nuevo, una historia de amor; nunca me gustaste realmente pero todos los otros eran peores, una historia de amor; imaginarme que un día vas a regresar a mí, fingir todos mis orgasmos, extrañar el sexo que pensé que era amor pero que tú sabías era solo sexo, una historia de amor.

Broder cuenta que volverse la musa de un hombre, el que finalmente alguien la mirara con detenimiento, hizo que la niña dentro de ella estallara. Después se dio cuenta de que quizá es muy poco lo que alguien puede vernos durante un lapso breve y también se preguntó qué tanto es posible ver realmente a alguien.

Cuando pensamos en nuestros viejos amores y la gente con la que están ahora, nos preguntamos qué nos faltó. Nos mentimos para convencernos de que somos mejores que con quien está ahora. Nos preguntamos colectivamente qué tienen los otros que nosotros no. Le aseguramos a los solteros que encontrarán a alguien, pero no lo sabemos.

Nuestros amigos solteros son quienes nos mantienen en nuestras relaciones. Nos recuerdan que estar soltero es triste. Que salir a citas es triste. Que hacer citas online es triste. Que ir solo a bodas y celebraciones es triste. Aunque el matrimonio también es triste. Pero el amor, la lujuria, la infatuación, por unos breves instantes, no era triste.

Dice Broder que ser egocéntrica la hace creer que es el centro del universo y que alguien la debe estar juzgando en alguna parte. Los jueces son los otros y lo que se imagina que piensan de ella. En realidad todas esas voces son suyas, están en su cabeza y forman un comité que la juzga todo el tiempo y que la vigila para encontrar sus fallas. El comité nunca descansa y está lleno de malas ideas: “todo es una porquería, actúa impulsivamente, peléate con la gente del pasado, haz una lista de todo lo malo que hay en ti y en tu vida, de todo lo que no tienes, de todo lo que tienes miedo de perder”.

La única cura

Para Broder el único camino para combatir al comité fue la meditación; quedarse inmóvil durante unos minutos al día, mientras los pensamientos “eres una perdedora, dependiente, tus tetas están caídas…” perdían fuerza y lograba pasar de ser una persona 96% obsesionada consigo misma e impulsiva a serlo tan solo en un 92%.

El internet la “salva” de sentir, pero nada la salva del Internet, porque es una adicta a la dopamina, como un cachorro hambriento de atención de gente imaginaria. Todo en el internet (los contactos, las “relaciones”) son ilusiones: “algo que decepciona produciendo una impresión falsa o engañosa de la realidad.” Así que la ilusión no es una mejor versión de la realidad, sino una versión falsa de la realidad. Una ilusión es una mentira. Broder cree que el Internet es un buen lugar para la gente triste, porque puedes “estar con gente” sin estar con la gente.


¿Habrá alguna diferencia entre ser empático con las causas revolucionarias de otras personas y convertirlo todo en una tragedia personal? Sí la hay y lo dice, porque siendo una mujer blanca nunca ha sufrido maltrato policiaco, por ejemplo.

“Mis luchas internas no son nada comparadas con las de otras personas y, de todas maneras, me duelen”. Esta afirmación tiene una buena carga de honestidad. Quizá deberíamos abstenernos de sufrir trágicamente por los sufrimientos de los otros y aceptar que por lo que en verdad sufrimos es por las pequeñas o grandes cosas que nos ocurren en la vida personal, así se trate de los kilos de más que nos hacen sentir feos y poco deseables, los fracasos en la vida laboral o amorosa, las distancias insalvables con nuestra madre o nuestro padre, las causas perdidas de las que nos enamoramos para descubrir que siempre fueron inventos de nuestra febril imaginación y de nuestra desesperada necesidad de sentido existencial.


Broder reconoce su tendencia a volverse adicta a absolutamente todo: “Soy la adicta de los adictos, todo lo que toco se convierte en dopamina, incluso las personas (…), me doy “pasones” con las personas porque soy una adicta al romance, siempre tengo hambre de eros, fantasía e intriga. Estoy cableada para anhelar y me enfermo de anhelo”.

“No se trata de amor sino de usar a las personas como drogas, de apasionarse por alguien que está lejos y que es inaccesible y que se convierte en una droga que hay que intentar dejar”. No hay finales perfectos para un romance, dice Broder, y buscarlos solamente alimentará la compulsión.


Quizá no somos capaces de escucharnos porque hacemos demasiado ruido diciéndonos “estás jodida” y tomando decisiones como ponerse botox, matarse de hambre para ser flaca, hacerse operaciones estéticas para tener otra cara y otro cuerpo.

¿El amor falso es mejor que el real? El amor real es responsabilidad, compromiso, generosidad, estar presente. El amor falso es magia, excitación, falsas esperanzas, infatuación y darse un “pasón” pensando en el potencial que tiene la otra persona para salvarla de sí misma, depositándole cualidades imaginarias.

Son tantas confesiones que dan ganas de confesarse a uno mismo lo inconfesable después de leer a Broder, quien tiene la valentía de decir que la relación con su esposo siempre ha tenido algo de madre-hijo, porque muy pronto descubrió que él estaba enfermo y que a ella le quedaba por delante un camino fragmentado: uno de oscuridad y encierro en donde él pasaba largas temporadas; y afuera, donde podía moverse y ver el sol. Nadie sabe con quien se está casando porque la gente cambia. ¿Seremos los mismos en 10 años, en salud, cuerpo, dinero, intereses, salud mental?


Última reflexión

Broder no quiere darle una lección a nadie ni decirnos cómo deberíamos vivir; sin embargo, después de leerla, entendí muchas cosas sobre mí y sobre los otros, porque casi nunca y casi nadie hace ensayos sin censura sobre lo más íntimo del ser.

So Sad Today, Melissa Broder, Grand Central Publishing, 2016

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