La venganza de los rechazados / parte 2

Aquí te presentamos la segunda de dos partes de cuando uno se encuentra con alguien del pasado en una red social.
14 Abr | 2:43 PM EDT

Entre tanto reencuentro, no atiné a visualizar cómo sería toparme con alguien con quien, hace prácticamente eras, las cosas nada más no funcionaron sin que en su momento esto generara dramas ni rupturas incendiarias.

En una de estas reuniones, un individuo, que siempre se destacó por su timidez y por obtener las notas más altas, se sienta a mi lado y, después de hacer un recuento de sus papeles y medallas obtenidas en el extranjero, me pregunta si recuerdo la vez que salimos. “Más o menos”, miento. Él insiste, me da algunos detalles, me dice que nos besamos y que aún recuerda mi tacto. Le pregunto si está seguro. Él asiente y me dice: “No sé por qué dejamos de vernos”. En ese momento no sólo recupero la memoria sino pienso en voz alta: “Claro, es que después de que nos vimos volví con mi novio”. Hace algún gesto, al que no le presté atención y, como se dice, pasó.

A los pocos días, salimos otra vez. Una sola cita, en la que el pasado pesa demasiado: los halagos tienen un tanto de agresividad pasiva (que por qué subo tal o cual foto a mi perfil, que por qué escribo lo que escribo), los recuerdos se convierten en recriminaciones y los logros (los suyos) en prolongadas auto alabanzas, acompañadas de sendas denostaciones a los demás: a saber, los chicos y chicas “con suerte” de años atrás.

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El resurgimiento del macho beta

Es durante esta cena que escucho de viva voz esa teoría, sobre la que ya he leído en algunos blogs, a propósito del resurgimiento del macho beta: que vuelve al futuro a demostrar el valor que antaño no le fue reconocido y, sobre todo, a vengar el desprecio del que fue víctima por parte de alguna chica popular o de alguien que, simplemente, no le hizo caso.

Genio y figura, como buen estudiante meticuloso, mi “amigo” elabora su causa y sus argumentos, cita cifras, testimonios, evidencias: los chicos malos, guapos y sexuales, se rindieron a su buena estrella, sucumbieron a algún vicio, se volvieron holgazanes. Las chicas, guapas o no, populares o no, pero que, en cualquier caso, se dieron el lujo de rechazar a estos rencorosos hombres beta, acabaron en malos pasos. Léase: casadas con viejos millonarios, divorciadas varias veces, solteras y sin hijos, solteras y con hijos de uno y otro y otro, con parejas o en matrimonios del mismo sexo, infectadas con VPH. . .

Estoy con la boca abierta: el bias en la hipótesis de mi amigo es un escándalo, pero me temo que él mismo no lo ve. Por principio de cuentas, la información que tiene acerca de las vidas ajenas es insuficiente para asumir que son definitivas: ni con bola de cristal. Segundo, valorar y palomear dichos escenarios o situaciones de vida como buenos o malos, como triunfos o pérdidas, ¿se cree dios? Y, por último, celebrar que la vida sola cobró venganza hacia estos hombres y mujeres que le arruinaron parte de la infancia o de la juventud, sin que él haya tenido que meter las manos. . .

Vaya delirio de grandeza. ¿Acaso un rechazo temprano es capaz de crear un monstruo? Yo me lavo las manos. No es un caso de bullying o exclusión cómplice. Él lo narra y justifica como si fuera un caso de película, tipo Flatliners, no obstante a mí me remite más a aquella escena entre fársica y tragicómica de Dark Shadows, en la que Angelique venga su corazón roto al destrozar el romance entre Barnabas y Josette. Wow, termino asqueada.

La elucubración de mi amigo me rebasa: me pregunto qué parte de mí o de lo que él cree que conoce de mí se acomoda en tan perversa y absurda teoría. He rechazado las invitaciones posteriores, aunque eso no me ha evitado recibir mensajes pasivo agresivos sobre mis fotos de perfil, sobre mis status o comentarios. Podría silenciarlo: enhorabuena las redes permiten esa opción, pero creo que ante tan lesivo reencuentro y merecido desencuentro, no hay mejor opción que la de Delete.


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