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Pasteles

Tortas para informar sobre la inequidad de género

La brecha que existe entre las condiciones de vida de hombres y mujeres ha de discutirse, pues ocurre en muchos ámbitos, incluido el culinario.
26 Abr 2016 – 11:29 PM EDT
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Pastel dividido como muestra estadística Crédito: iStock / George Tsartsianidis

Una cadena rumana de panadería francesa, llamada Paul, ha creado una popular línea de tortas para informar a sus consumidores sobre algunas tristes estadísticas de inequidad de género. La línea se llama “Bittersweet Pies”, y el 5% de los ingresos generados por sus ventas se dona a Filia Foundation, que trabaja en la promoción del empoderamiento de las mujeres como agentes de cambio.

La iniciativa podría tener otra justificación según el sitio FastCo.create: a veces el mejor momento para dar malas noticias es aquél en el que se disfruta de algo delicioso. Independientemente de si la intención fue endulzar la información, la iniciativa se tomó tras la revisión del Global Gender Gap Report 2015 publicado por el Foro Económico Mundial en diciembre pasado, en cuyo listado Rumania ocupa el lugar 77 en una lista de 145 países (por debajo de países latinoamericanos como México y Chile) en la estadística de equidades política, financiera y de salud.

Así, los “Bittersweet Pies” se sumaron a los esfuerzos de los rumanos para crear conciencia y abrir la discusión a este respecto.

La pregunta obligada es si esta discusión sobre equidad de género tiene un lugar en los escenarios culinarios, más allá del espacio que abren los Bittersweet Pies en las mesas para llamar la atención al tema.

La referencia a México no es gratuita. Para empezar, sorprende que haya más equidad de género en este país latinoamericano que en Rumania, aunque tratar de encontrarla en el ámbito culinario es infructuoso: en México, donde el domingo pasado miles de mujeres marcharon en contra del acoso masculino solapado por una sociedad machista hasta la médula, las matrículas de las escuelas de gastronomía reflejan que el 60% de sus egresados son mujeres (según datos del Claustro de Sor Juana y del Colegio Superior de Gastronomía); y sin embargo, las esferas de la alta cocina azteca siguen dominadas por hombres.


No sorprende, sin embargo, encontrar lo mismo en otros escenarios: los restaurantes más reconocidos del mundo son liderados por hombres; la mayoría de los programas televisivos de cocina son encabezados también por hombres; y coincidentemente, reality shows como Top Chef y Master Chef parecen reconocer más el talento masculino que el femenino.


Sumado a ello, publicaciones como Time y Forbes han omitido a las chefs de sus listados de personas influyentes (en 2013 fue polémico el número de Time dedicado a hacer un recuento de la cocina contemporánea, en el que no figuró ni una mujer).

Mientras tanto, en una de las premiaciones de cocineros más reconocida a nivel mundial (la lista de los 50 Mejores Restaurantes del Mundo), se califica el talento femenino por separado del masculino con un premio llamado The Veuve Clicquot, que se otorga sólo a mujeres chefs, como si su talento no fuera equiparable al de los hombres.

Las eternas diferencias

Un verdadero reconocimiento a las mujeres cocineras del mundo restaurantero sería ponerlas a la par de los cocineros de vanguardia, tal como sucedía en 1931, cuando la francesa Marie Bourgeois se convirtió en la primera mujer con el máximo galardón de la Guía Michelin y su restaurante fue evaluado bajo los mismos parámetros que los llevados por hombres.


Ella abrió puertas a gente como la catalana Carme Ruscalleda (con siete estrellas: cinco en España y dos en Tokio), que se mantiene como una de las cocineras con mayor número de estrellas, casi a la par del aclamado cocinero español Martin Berasategui.


Sin embargo, estos casos son pocos y en las referencias bibliográficas también consta esta percepción de que la gastronomía profesional es terreno reservado para hombres: en el libro COCO Los 100 Mejores Chefs Contemporáneos, de Phaidon, sólo se mencionan diez mujeres que destacan por la grandeza de su cocina. La estadounidense Alice Waters, colocada a la par de Ferran Adrià, Alain Ducasse y René Redzepi, es una de ellas.


Dicho panorama genera la falsa percepción de que la cocina dejó de ser un oficio hecho y trasmitido por mujeres. La gastronomía profesional es un territorio que está dominado por los hombres. Atrás han quedado los años en que las cocinas eran representadas por mujeres.

Y sí, en este contexto hace sentido echar mano de fondants, betunes, merengues y cuanto haga falta para hacer conciencia y llamar a la discusión sobre la falta de equidad de género en todos los terrenos en los que esa brecha sigue abierta.

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