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Papás y Mamás

Tener niños en la cocina no es tan mala idea, ¿tu qué crees?

8 Ago 2015 – 12:00 PM EDT
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Ya se que el invitar a los niños a cocinar conmigo es un arma de doble filos, tener niños en la cocina puede ser un desastre y hasta peligroso. Se pueden quemar, cortar, mojar, y mil cosas más. O, pueden tirar la bolsa de harina en el piso, el azúcar o cualquier otro ingrediente. Y parece que a propósito escogen el más difícil y tardado de limpiar. Pero con todo y esto, yo si invito a mis hijos, de repente, a cocinar conmigo. Y no es porque me encante limpiar o trabajar de más. Si no porque creo que hay muchísimos beneficios en tenerlos cerca, en hacer actividades juntos, en enseñarles a cocinar; en tener niños en la cocina.

Por mas que pienso, no hay niño que no le guste hacer experimentos, mezclar, probar y tocar. La cocina es el lugar perfecto para usar todos nuestros sentidos. En la cocina, olemos, tocamos, probamos, vemos y oímos. Los niños aprenden a conocer el verdadero olor de una cebolla, de un durazno, de un tomate. Aprenden a quedarse callados para poder escuchar el sonido de un sartén en acción salteando o sellando cualquier ingrediente. Aprenden a distinguir la enorme gama de colores de las verduras y frutas. Me encanta ver como ellos van viendo como van cambiando las tonalidades de verde en un manojo de acelgas, los morados en un pedazo de col, los diferentes tonos de la sandía. Me encanta cuando su imaginación encuentra personajes o formas en cada pedazo nuevo o recién cortado de fruta.

Cuando hacemos pan, me encanta ver como sus manitas van sintiendo las diferentes texturas de la masa, si esta seca, si le falta más harina, agua o amasar un poco más. Es súper gratificante ver, que ya de grandes, ellos ya conocen la textura perfecta de la masa. Como con una echadita de ojo al sartén, ya saben cuando hay que voltear un hotcake.

Me encantan las pláticas que nos aventamos cuando decido que vamos a comer cualquier platillo que lleve “millones” de verduras picadas. Creo que en estos momentos he podido tratar temas más serios con mis hijos, y por que no hasta aprovecho para darles ese tirón de orejas que a veces necesitan. (Ok, te tengo que confesar que ayuda mucho el que no se puedan mover hasta que terminen de picar el bonche de zanahorias o el bonche de espárragos, o el ingrediente en turno.) Nos da tiempo de convivir, de platicar y conocernos cada vez más.

Me encanta que vean que su trabajo hace feliz a los demás miembros de la familia, que con su “trabajo” consintieron, cuidaron nutrieron a los demás. Me encanta ver como el resto de la familia los admira, reconoce y los vuelve expertos en ese platillo. Yo en la casa tengo un experto en salsas, una experta en galletas y otra experta en hotcakes. Me encanta ver como se van volviendo cada vez mas seguros y orgullosos de si mismos. Los niños en la cocina crecen, piensan, aprenden, experimentan, etc.

Y, te vuelvo a repetir, los invito de repente, cuando no haya prisas ni actividades extracurriculares en la tarde. Normalmente una tarde de un fin semana, sábado o domingo, cuando se que no me voy a poner de malas porque no esta lista la comida, o cuando se que no importe tardarme el doble limpiando y recogiendo. Te confieso que hay veces que necesito esos tres segundos de valor para invitarlos, pero nunca me he arrepentido de haberlo hecho.

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