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Papás y Mamás

Sobrenombres: los buenos y los malos

5 Nov 2014 – 01:25 PM EST
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De sobrenombres y apodos está lleno el mundo entero. Colocarle un cariñoso seudónimo a un pequeño, bautizarlo bajo un nuevo apodo en la escuela, en su equipo de fútbol o en casa de los abuelos, es parte de la vida. Es lo que nos hace especiales y únicos. Tener un sobrenombre puede ser nuestra mejor carta de presentación, mucho más cercana y divertida que el nombre de pila, un apodo puede describirnos de una sola vez, pero también puede resaltar nuestros mayores defectos.

Cuando lo examinamos en detalle, puede sonar un poco cruel, especialmente cuando se refiere a defectos físicos, y ciertamente los adultos y sobretodo otros niños pueden ser un poco crueles sin darse cuenta. En fin, el mundo de los apodos puede ser tan bueno como malo. Como padres o miembros de una familia podemos ser los primeros en colocar apodos, y en la mayoría de los casos son sobrenombres muy cariñosos que pueden permanecer hasta que el niño crece. Pero muchas veces el apodo puede surgir afuera, en los muchos entornos sociales en los que participará un niño. Esos tal vez no los podemos controlar del todo, sin embargo es importante al menos, estar conscientes de las consecuencias que cualquier apodo puede tener en un pequeño y que quizás pueda marcarlo por el resto de su vida.

Vengo de una familia muy numerosa y muchas veces los nombres coincidían, pues al igual que muchas otras familias, era tradición colocar a los niños el mismo nombre de papá o del abuelito, así que los sobrenombres funcionaban de maravilla para resolver el problema de cómo diferenciarlos. Tengo un tío que le cambiaba el nombre a todo el mundo por apodos que él mismo creaba, no tenían nada que ver con defectos físicos afortunadamente. Así que crecí con un tío que llamaban “Yaya”, una tía que todos le decían “Melucha” (por Carmelucha) y mi hermana que todos le dicen Nina desde que nació y así se quedó hasta el sol de hoy (aunque ese no es su nombre).

Los apodos que nacen en casa son generalmente muy cariñosos, a veces son diminutivos o transformaciones del nombre de pila (como “Chema” para los José Manuel o “Nachito” para los Ignacio). Otros pueden ser un poco más particulares como “Pichu” “Churrito” o “Chinita” que son muy comunes en nuestros países de Latinoamérica. Pero, ¿qué sucede si pasamos al terreno de apodar a un niño “Gordo” o “Goofy” (si son muy altos y delgados) o “Pitufo” (para los muy bajitos)? Muchos estudios aseguran que este tipo de sobrenombres tiene un impacto negativo en estos niños, pues muchos de ellos pueden crecer convencidos de que así serán para toda la vida. Esto puede crearles inseguridades y dificultad para desenvolverse socialmente.

Si el apodo viene del entorno social fuera de casa, va a ser más difícil evitarlo. Mientras sea un apodo de cariño y buena intención, no debe convertirse en algo negativo. Debemos apoyar a nuestros hijos, explicándoles que no deben tomarse de manera literal el significado de cada apodo y restarle importancia. Dar el ejemplo de otras personas que han recibido sobrenombres similares y que eso no ha afectado sus numerosas virtudes. Hay un futbolista argentino que todos llaman “La Pulga” porque tenía problemas de crecimiento cuando era niño. Hoy Lionel Messi es uno de los mejores jugadores del mundo, le siguen llamando “Pulga” de cariño y definitivamente su personalidad y su talento va mucho más allá de cualquier rasgo físico.

Creo que mientras la intención del apodo que recibe un niño sea de buena voluntad y de cariño, no tiene por qué afectarlo, por el contrario, será un rasgo único y divertido de su personalidad. Esto sólo ocurrirá cuando hay intenciones de herir a un pequeño sin necesidad y en esos casos debemos estar muy atentos como padres.

Así que, de mi parte, adoro los apodos, pues pienso que crean una conexión especial. Quien tiene un sobrenombre, tiene una historia que cuenta sobre sí mismo. Llamar por el sobrenombre a alguien es sinónimo de complicidad, intimidad, confianza y cariño, y cuando un niño que va creciendo se deja llamar por su apodo, te está abriendo de algún modo las puertas de su corazón para que puedas pasar.

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