Niños anti-deporte: cómo cambiarles la vida con la rutina de una actividad física

Para bien o para mal, mis padres no me obligaron a practicar deporte. Fui, debo confesarlo, uno de los muchos casos de niños anti-deporte. Pero también les digo que me hubiera gustado practicar alguno. Y la verdad es que, a medida que fui creciendo, eso se escapó de las manos de mis padres, y pasó …
Univision
18 Ene | 12:44 PM EST

Para bien o para mal, mis padres no me obligaron a practicar deporte. Fui, debo confesarlo, uno de los muchos casos de niños anti-deporte. Pero también les digo que me hubiera gustado practicar alguno. Y la verdad es que, a medida que fui creciendo, eso se escapó de las manos de mis padres, y pasó a ser responsabilidad mía.

No creo que me hubiera convertido en una atleta olímpica, pues mis pasiones siempre se inclinaron más a las artes y las letras, sin embargo, hoy estoy convencida de que si hubiera practicado alguna actividad física de manera constante, hoy sería una persona distinta con algunas habilidades extras a mi favor.

Sin embargo, crecí en un ambiente familiar muy activo físicamente. Mi padre adoraba el mar, así que prácticamente vivíamos metidos en un club de playa en Venezuela que tenía cualquier cantidad de actividades deportivas. Allí aprendí a nadar desde muy temprana edad, a correr olas con tablas tipo Morey Boggie, aprendí a jugar tenis de playa, volley de playa, buceo, incluso pasé por el bowling y ping pong y más adelante en la adolescencia, mi papá incluso me enseño esquí acuático. Pero no me dediqué a ninguno de manera rutinaria. Era parte de mis actividades del fin de semana o de mis vacaciones así que nunca lo tomé como una disciplina, sino como parte del entretenimiento y diversión familiar. Creo que fue una infancia muy sana gracias a eso, pero tal vez hubiera sido muy positivo llevar esas prácticas físicas a la rutina diaria y hacerlas parte de mis responsabilidades. ¿Por qué?

Nos llevaría muchas líneas enumerar las ventajas y razones por las cuales se debe practicar deporte desde pequeños. Destreza física y mental, disciplina, motivación personal y trabajo en equipo, desarrollo y coordinación motriz, oxigenación de la mente y el cuerpo, son apenas algunos de los muchos beneficios para que nuestros hijos no sean nunca niños anti-deporte.

Pero, ¿cómo lograr que nuestros hijos tomen en serio la práctica de algún deporte? ¿Qué debemos hacer si nuestros pequeños resultan ser niños anti-deporte? Mi sobrina está practicando tenis de manera muy disciplinada desde los 4 años de edad. Hoy tiene 11 y ya es parte de la federación nacional de tenis. Mi hermana se ha dedicado de manera admirable a que su hija no pierda la motivación que despertó en mi sobrina (quizás de manera natural) desde sus primeras clases. Ciertamente pasó por etapas en que sentía cansancio y pereza de ir a su entrenamiento, pero mi hermana convirtió su rutina en un hábito que hoy forma parte de ella incluso sin darse cuenta. Hoy para mi sobrina jugar tenis es sencillamente parte de su vida, y eso se debe en gran parte a la constancia de sus padres.

Sin embargo puede ocurrir lo contrario. A sus 4 años de edad inscribí a mi hijo 2 veces a la semana en clases de fútbol y otros 2 días a clases de karate. A los pocos meses no me quedaron dudas de que el fútbol no era lo suyo. Mi hijo no sentía mucho entusiasmo por ir a las clases, y cuando iba su desempeño no era el mejor. Uno como padre debe ser muy imparcial y darse cuenta que tal vez hay disciplinas en las que nuestros hijos no se pueden desenvolver tan bien como en otras. Sin embargo yo fui constante en llevarlo a su entrenamiento durante al menos 6 meses, pero nunca lo obligué a seguir con este deporte. Con el karate ocurrió todo lo contrario. Se mostró siempre motivado de ir a clases desde el primer día, y logró avanzar en su entrenamiento sin inconveniente. Al tiempo lo saqué del fútbol—definitivamente mi hijo no iba a ser el próximo Messí—y aumenté sus horas de karate, y desde hace casi 3 años sigue practicando esta disciplina que lo ayudó muchísimo a mejorar aspectos muy importantes en la vida de todos como la responsabilidad, el respeto a los demás y la confianza en sí mismo.

Tengo un gran amigo que siempre me cuenta que su padre lo llevaba a clases de béisbol y él se sentaba a jugar en el campo con la grama y a observar el paisaje. Aún así su padre no dejó de llevarlo a sus clases. Hoy mi amigo no es deportista, pero estoy segura de que el gran esfuerzo que hizo su papá, quedará en su memoria y lo ayudó de una manera u otra a ser la gran persona que es hoy.