Manual para sobrevivir la adolescencia

Desmitifica el estereotipo
Univision
18 Feb | 12:03 PM EST

Tu hijo está cambiando. Ya no es el chiquito que corría a abrazarte y te convertía en toda una heroína por arreglar un juguete o sanar una herida con besos. Ya no eres la mejor madre del mundo sino que ahora tienes visibles defectos y, a veces, sientes a tu hijo tan distante que no sabes cómo acercártele más que con mensajes de texto. Tu pequeño es ahora un adolescente y te desconcierta su drástico cambio de actitud. No temas: si bien la adolescencia es una etapa tumultosa no tiene por qué estar repleta de conflictos intrafamiliares. Aquí va una guía para sobrellevarla con éxito y calma.

Para empezar: desmitifica el estereotipo

La imagen del adolescente rebelde e irresponsable que no hace más que pelear con sus padres es, la mayoría de las veces, solo un estereotipo no representativo. Se suele estigmatizar a la adolescencia como una edad problemática y en eterna rebeldía lo cual es injusto porque los jóvenes teens suelen caracterizarse por ser idealistas y por tener fuertes convicciones que los llevan a luchar por un mundo mejor. Son generosos, desinteresados y solidarios. Por eso, tranquilízate; tu casa no se convertirá en un campo de batalla ahora que la adolescencia llegó.

Infórmate

Cambio de voz, vello púbico, crecimiento de los genitales, estirones... son muchos los cambios a los que se enfrenta un adolescente y los recién nombrados son solo los visibles. Tus ojos no pueden ver lo que le pasa por dentro, no ven cómo tu hijo se siente perdido -muy grande para algunas cosas y muy pequeño para otras-; cómo vive el reto de abandonar la seguridad de la infancia para llegar a convertirse en un adulto con obligaciones y responsabilidades, etc. Por eso, para comprender lo que no ves y para saber guiar a tu adolescente es bueno que te informes por ejemplo, leyendo algún libro afín. (Te recomiendo " Renuncio: tengo un hijo adolescente, ¡y no sé qué hacer!")

Comunicación, comunicación y más comunicación

Ya leíste y te informaste sobre la adolescencia: es hora de que le transmitas sutilmente lo que sabes a tu hijo. No digo que le des "lecciones" sino que le hables abiertamente de temas como el sexo, las drogas y el alcohol. No te avergüences de hablar de eyaculación o menstruación porque esas son cosas que tu hijo o hija vivirá (y quieras o no, es probable que le ofrezcan cigarrillos, alcohol, etc.) por lo que lo mejor que puedes hacer como padre es adelantarte y prepararlo. Puedes aprovechar la revisión anual con el pediatra para hablar sobre los cambios vivirá y puedes también compartirle tus experiencias: si mama y papá pasaron por lo mismo, no se sentirá un "bicho raro" en la familia.

Crea una "liga de padres"

Conoce a los amigos de tu hijo y relaciónate con sus padres: entre todos podrán crear un ambiente seguro y seguir las actividades del grupo con discreción, sin que se sientan vigilados.

Respeta

Es importante que sigas las actividades de tu hijo y que sepas donde está todo el tiempo pero esto no significa que tengas que controlarlo todo y revisar su cuarto o su teléfono. Confía en él y en cómo lo educaste; lo mejor que puedes hacer para ayudarlo a convertirse en un adulto independiente y responsable es que le des sus propios espacios. No te enojes si el ya no comparte contigo cada una de sus ideas y sus actividades; recuerda: está creciendo y buscan independencia. Dásela.

Elige batallas, déjalo experimentar

El adolescente da mucha importancia a cómo lo ven sus pares e intentan "encajar" y ser aceptados en un grupo. Experimentan con distintas apariencias físicas, estilos e identidades por lo que se tiñen el pelo, cambian el look de sus vestimentas, se hacen piercings, etc. Es normal que a ti como padre no te guste nada de esto pero piénsalo como algo pasajero y ten en cuenta que quizás debas de guardar tus batallas para temas más importantes como el uso del celular o de la computadora, los horarios de llegada a casa, el tabaco, la escuela, etc. Practica un poco la empatía para ponerte cada tanto en sus zapatos.

Dedícate más tiempo a ti

Desde que nació, cada uno de tus minutos se los dedicaste a tu hijo: pasaste noches sin dormir, fuiste chofer oficial para cada uno de sus playdates y actividades y los fines de semana se te iban alentándolo en sus partidos de fútbol. Ahora que tu hijo está más grande y quiere (y necesita) más espacios propios, más independencia, es buena idea que te mantengas ocupada en otras cosas y te dediques un poco más a ti: aprovecha para pasar más tiempo con tu pareja, con tus amigas y para hacer lo que te gusta y muchas veces postergaste. Eso te ayudará a llenar el posible vacío que puedes llegar a sentir y, créelo, beneficiará el vínculo con tu hijo. Con la llegada de la adolescencia, quizás los padres también debemos de redefinirnos.