Independencia: el complicado y asombroso camino de la libertad de los hijos

La naturaleza de cualquier padre es la protección de nuestros hijos. No importa la edad ni las circunstancias. La independencia para cualquier ser humano es simplemente un largo camino lleno de pequeños pasos, obstáculos, algunas zonas rocosas y muchas bifurcaciones que nos pueden angustiar, frustrar e incluso, hacer creer que no lo lograremos. Pero es …
Univision
27 Ene | 1:06 AM EST

La naturaleza de cualquier padre es la protección de nuestros hijos. No importa la edad ni las circunstancias. La independencia para cualquier ser humano es simplemente un largo camino lleno de pequeños pasos, obstáculos, algunas zonas rocosas y muchas bifurcaciones que nos pueden angustiar, frustrar e incluso, hacer creer que no lo lograremos. Pero es posible lograrlo. Es parte de la aventura maravillosa de crecer.

Hace años presencié en un documental el nacimiento de un bebé elefante. Es una de las imágenes más increíbles e inolvidables que uno puede ver. Una de las cosas que más me impresionó fue ver al recién nacido elefantito caminar en el mismo momento que llegó al mundo. A pesar de que su fisonomía es pesada y gordita, ellos simplemente caen al suelo y sin mucho inconveniente, casi al mismo tiempo que abren sus ojitos, se levantan.

Y entonces, no pude evitar pensar lo indefensos que somos los seres humanos cuando nacemos. Dependemos absolutamente de los brazos que nos tomen, nos den alimento, calor y amor. Necesitamos recibir estímulos, aliento, mimos—mucho más allá de las necesidades básicas. Es increíble la cantidad de detalles para los cuales dependemos de otros cuando llegamos al mundo.

Pero así es nuestra naturaleza. Una madre y un padre no cuestionan nunca por qué un bebé elefante no necesita que lo enseñen a caminar y andar con cuidado para no tropezarse, llevarlo de la mano o indicarle dónde están los peligros. Simplemente lo hacemos con todo el amor del mundo porque nuestro cuerpo y nuestra mente están listos para hacerlo. No hay límites para que un padre proteja y guíe a su pequeño todo el tiempo que sea necesario hasta que esto que llamamos independencia vaya tomando forma en cada aspecto de su vida, desde lograr comer solitos hasta su primer paseo en automóvil sin mamá o papá a bordo.

El tema de la libertad que damos a nuestros hijos es sumamente relativo y subjetivo para cada familia e incluso para cada cultura o sociedad. Los matices íntimos de cada pareja, los valores, los tabúes, la estructura social y la ciencia son de alguna manera los cercos o límites en los cuales crecemos y vamos creando nuestro propio sentido de independencia. Definitivamente no es lo mismo un pequeño que nace y crece en una pequeña granja en una remota población de Tailandia, a otro que es criado en una congestionada metrópolis de Norteamérica.

Saber si un hijo está preparado o no para lograr algo, es uno de los mayores retos que enfrentamos desde el día en que nos convertimos en padres, y este reto no se detiene nunca. Algunos padres les cuesta más que otros manejar en qué momento empezar a aflojar la cuerda, y otros, por el contrario, se lanzan de una vez a que sus hijos se defiendan solitos en cada nuevo reto que se presenta en sus vidas. No juzgo nunca ninguno de los dos métodos, sin embargo sabemos que todos los extremos son malos, pero sobretodo creo en algo que va mucho más allá de la psicología, la ciencia o la cultura. Y es el instinto. Personalmente, es en uno de los que más confío como madre en cada uno de los procesos de crianza que me ha tocado enfrentar con mi hijo.

El instinto te ayudará, sin duda, a saber cuándo es el momento en que tu hijo está realmente preparado para hacer algo por sí mismo sin tu ayuda. Pero además, muchas veces se nos enciende la alerta de que algo puede salir mal, o que tal vez el riesgo sea mayor que su capacidad de defenderse solo. Debemos confiar en ese sexto sentido siempre.

El otro aspecto inevitable del proceso de independencia será tu propio hijo. Él te ira exigiendo espacio para poder actuar por sí mismo. Cuando son pequeños, es una experiencia hermosa ver cómo se retan hasta lograr dar sus pequeños avances. Cuando crecen y llega la adolescencia es un poco más complicado, pues intervienen factores como su entorno de amigos y la energía típica de esta edad que a veces les nubla la razón. Para eso estaremos allí guiando, sin controlar sus deseos de tener una voz propia, hasta que por fin maduren para tomar sus propias decisiones.

Finalmente pienso que, a cualquier edad, sean grandes o chicos, sea pequeño o enorme el riesgo sobre cualquier nuevo paso que den por sí mismos, es vital que como padres, les enseñemos que todo lo que hacemos tiene un riesgo y una consecuencia. La escalera puede ser peligrosa si la bajas muy rápidamente, o ir a ese concierto puede ser riesgoso por la multitud… La lista de cada reto que enfrente nuestro hijo puede ser interminable, pero definitivamente nuestra responsabilidad y amor por ellos también lo es.