Había una vez…

Había una vez… Con esperanza y amor redacto desde hoy vivencias cotidianas en una plataforma cibernética con la finalidad de compartir y estrechar redes de la aventura más grande de la Vida – dar vida. Escribir es zigzaguear entre emociones acontecidas de sol a luna. Como madre, hija, amiga, esposa y defensora de los derechos …
Univision
21 Ene | 4:40 AM EST

Había una vez… Con esperanza y amor redacto desde hoy vivencias cotidianas en una plataforma cibernética con la finalidad de compartir y estrechar redes de la aventura más grande de la Vida – dar vida.

Escribir es zigzaguear entre emociones acontecidas de sol a luna. Como madre, hija, amiga, esposa y defensora de los derechos de la niñez comparto la magia de los cuentos vivos.

Contar cuentos a sus hijos desde que navegan en mares amnióticos hasta siempre es fundamental. Abre los canales de espiritualidad para crear mundos y entendimientos no escritos. Contar es crear: al hablar, mientras tejemos sueños dormidos o despiertos, en una canción tarareada al viento, o mirando fijamente uno a otro.

Contar a tus hijos desde lo que piensas hasta lo que inventas, te permite navegar sus mundos. Esa fascinación por contar y que me cuenten nace en mi desde la infancia. Hoy es amor colectivo.

Que maravilla es mirar con tus hijos las nubes, ver formas y construir historias.

Que maravilla ver a tus hijos dibujar y sobre sus ilustraciones – concretas o abstractas – inquirir y saber que ven sus ojos, que ven los tuyos y entre risas hilvanar un cuento de media página.

Que maravilla iniciar oraciones y hacer cadenas de historias grupalmente. Y enaltecer la personalidad de los personajes cocinados en una conversación de mesa, en el carro o esperando en el tránsito.

Que maravilla contar tus dedos y darles un número propio, o dibujar en ellos rostros para hacer teatro.

Que maravilla regalar un diario para que nos cuenten, escondan y confíen las historias de vidas que tejen con ilusión y curiosidad.

Que maravilla contarles un cuento y verlos contar el cuento con voz propia tras descubrir el sonido de las letras.

Que maravilla ver un rostro, o una fotografía y recrear en el imaginario común un cuento de vida.

Había una vez, por siempre es.