El valor de decir la verdad: acabar con la mentira

Decir la verdad es uno de los valores que los padres nos esforzamos más en inculcar y fomentar desde edades tempranas en nuestros hijos porque deseamos que crezcan y se desarrollen como personas dignas que hagan prevalecer las virtudes de la sinceridad y honestidad en un mundo en el que la hipocresía y la mentira …
Univision
5 Feb | 1:57 PM EST

Decir la verdad es uno de los valores que los padres nos esforzamos más en inculcar y fomentar desde edades tempranas en nuestros hijos porque deseamos que crezcan y se desarrollen como personas dignas que hagan prevalecer las virtudes de la sinceridad y honestidad en un mundo en el que la hipocresía y la mentira prevalecen, por desgracia, en muchas relaciones interpersonales.

No nos gusta que nuestros niños mientan y sin embargo no podemos evitar que lo hagan porque no decir la verdad forma parte de su desarrollo psicológico en determinadas etapas de su vida.

¿Sabías que los niños antes de los 6-7 años son incapaces de distinguir la fantasía de la realidad?

Antes de los seis años los pequeños mezclan realidad y ficción pues su pensamiento es subjetivo y su imaginación arrolladora (se inventan amigos imaginarios, por ejemplo). Cuando dicen algo que no es verdad, no lo hacen con una intencionalidad consciente, por lo que en estos casos no podemos hablar de mentiras propiamente dichas.

A partir de los 7 años su intelecto evoluciona tanto que el niño ya es capaz de distorsionar la realidad u omitir información de manera intencionada con el fin de engañar a alguien y conseguir así beneficios o evitar situaciones que le disgustan. Aquí sí podemos hablar de verdaderas mentiras.

La comunicación no verbal y otros signos delatarán a nuestros hijos cada vez que mientan: la respiración acelerada, su sudor, la incapacidad para mantener su mirada frente a la nuestra, los movimientos continuos de manos y pies, el tartamudeo, etc.

Pero, ¿por qué mienten nuestros hijos?

  • Porque nos imitan a nosotros, los padres. Cuando son muy pequeños, su capacidad limitada para distinguir lo que está bien de lo que está mal, lleva a los niños a imitar todo tipo de conductas—sean adecuadas o no. Muchas veces esa doble moral nuestra de “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, es la responsable de las mentiras infantiles. Sirva como ejemplo el caso del padre que pide a su hijo que no diga palabrotas cuando él realmente las emplea a diario durante sus conversaciones con otros adultos.
  • Porque no quieren ofender a alguien diciendo la verdad.
  • Por timidez. Mienten en las situaciones en las que han de demostrar a los demás que poseen alguna habilidad.
  • Para evitar una situación desagradable (un castigo) como consecuencia a una conducta inadecuada (romper un jarrón).
  • Para conseguir algún beneficio: “A mí no me has dado caramelos”, cuando realmente se comió tres.
  • Para quedar bien. Hay niños cuya baja autoestima o complejo de inferioridad les lleva a no decir la verdad para no quedar mal ante sus amigos.

¿Cuándo mienten nuestros niños?

  • Cuando tienen miedo a las consecuencias de alguna conducta que saben que no ha sido adecuada. Decir una mentira les puede librar de un castigo o reprimenda.
  • Cuando somos constantemente prohibitivos con ellos. Lo prohibido les llama la atención y por tal de conseguir lo que desean son capaces de no decir la verdad.
  • Cuando les exigimos demasiado. Los niños recurren a la mentira para no defraudarnos y así estar a la altura de nuestras expectativas porque temen perder nuestro cariño (pueden llegar a falsificar firmas y notas de los boletines, por ejemplo).
  • Cuando invadimos en exceso su intimidad. Los niños cuyos padres quieren saberlo todo sobre ellos se sienten presionados y tienden a mentir para mantener en secreto ciertas informaciones.


Pautas para ayudar a nuestros hijos a decir la verdad

  • Procuraremos crear un clima de confianza y seguridad basado siempre en la sinceridad. Les ayudaremos a distinguir lo que está bien de lo que está mal y seremos un buen ejemplo para ellos.
  • Felicitaremos a nuestro hijo cuando diga la verdad sobre todo si implica tener que ser reprendido (“Mamá, he roto la ventana”).
  • No dejaremos pasar jamás una mentira por muy inocente que nos parezca, pues la estaremos reforzando para que se repita. Las mentiras no se han de tomar como broma. Debemos enfrentar a nuestro hijo con su mentira para que sea consciente del error cometido y rectifique a tiempo. Nunca lo etiquetaremos de mentiroso ni lo avergonzaremos y siempre nos dirigiremos a él con un lenguaje positivo.
  • Evitaremos a toda costa inducirlos a mentir por nosotros.
  • Aunque nos involucremos en sus juegos infantiles, poco a poco debemos ayudarles a distinguir fantasía de realidad.
  • Ante las mentiras exageradas y reiteradas procuraremos averiguar las causas que las provocan y si es necesario recurriremos a un especialista en psicología infantil.
  • Ante el embuste, seremos firmes y adoptaremos de forma inmediata las medidas educativas pertinentes siempre acordes a la edad de nuestro hijo y a la magnitud de su mentira.

¿Y tú cómo previenes las mentiras o actúas ante ellas? Agradecemos que compartas tu experiencia.