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Papás y Mamás

Discusiones infantiles: cuando los chicos se pelean, ¿los padres se pelean?

12 Mar 2015 – 12:44 AM EDT
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Simón estaba jugando tranquilo con un carrito cuando otro nene apareció y a fuerza bruta se lo quitó. En llanto, Simón quiso recuperar lo suyo y, ya iniciada la pelea, aparecieron en escena las madres de ambos quienes—hasta entonces—eran buenas amigas. Lo que era una simple pelea de niños terminó convirtiéndose en una gran pelea de adultos en un intento de defender al hijo de cada una. Hoy estas amigas ni se hablan a raíz de reiteradas discusiones infantiles de este tipo.

Esto de disentir entre padres por riñas de chicos no es raro. Todos criamos distinto a nuestros hijos y siempre habrán padres que se indignen cuando otros padres no ven (o hacen que no ven) a sus hijos empujando, quitando o pegando. Del mismo modo, otros padres se enojarán ante aquellos que salen corriendo al primer grito de su pequeño sin que nada grave haya pasado. Sé de muchos casos de amigos que dejan de verse porque sus hijos se pelean entre sí y el “el padre no hace nada” o “arma demasiado alboroto”. A mí incluso me ha pasado de tener a mi hijo escondido todo un cumpleaños porque una niña le buscaba riña y, aunque siento que era un intento de ella para atraer su atención, me molestaba que la madre se desentendiera y no hiciera nada.

¿Es bueno intervenir en las peleas de chicos?

Depende. En general las peleas entre chicos no suelen ser graves y ellos solos resuelven sus conflictos. Uno cuando es niño tiene lo más valioso del mundo: la inocencia. El rencor es cosa de grandes, el enojo en los niños es un sentimiento fugaz que dura a lo sumo, unos minutos. Los adultos no deberíamos intervenir en sus peleas pero esto no quiere decir que no estemos atentos; si la disputa se vuelve agresiva sí debemos interferir pero como mediadores, como guías; incentivando el diálogo, no el enfrentamiento.

¿Es válida la discusión entre grandes?

¡Claro que no! Somos adultos, no chicos. Las discusiones infantiles son parte del crecimiento; en sus litigios los niños reafirman quiénes son y aprenden a establecer y a respetar límites, a cometer errores, a perdonar, a ser perdonado, a saber que, como todo en la vida, a veces se gana y otras tantas se pierde. Nosotros como personas adultas ya contamos con las herramientas suficientes como para actuar con madurez y ser capaces de solucionar cualquier conflicto sin tener que terminar distanciados. Muchas veces somos los grandes los que sobre-dimensionamos las discusiones infantiles. No vale la pena terminar amistades por ellas. Además, ¿qué le estaríamos enseñando a nuestros hijos si cuando ellos se pelean peleamos los grandes también? En definitiva enseñamos con el ejemplo, ¿no?

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