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Papás y Mamás

Criar hijos y cuidar ancianos

2 Dic 2013 – 03:35 PM EST
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Fui padre a los 21 años y sabía que si iba a lograr mis metas, tenía que contar con la ayuda de mi familia. La madre de mi hija y yo nos separamos siendo muy jóvenes, y yo regresé a la casa de mi niñez, donde vivían mi madre y la tía abuela Lorraine, o Rainy como la llamábamos. Rainy tenía ochenta y tantos años y una salud muy frágil. Su memoria le fallaba y no quería comer. Yo, que apenas podía funcionar como padre, no me sentía capacitado para criar hijos y cuidar ancianos también. Hijos pequeños y familiares ancianos bajo el mismo techo—no lo consideraba posible.

El hecho de criar hijos y cuidar ancianos era un acto de balance delicado, como si fuera un borracho en la cuerda floja. Mi madre y mi abuela me habían criado. Mi abuela había fallecido unos meses antes que mi hija naciera. Cuando yo estaba cursando el primer ciclo de la secundaria, Rainy, hermana menor de mi abuela, enviudó y vino a vivir con nosotros. Ella ayudó a mi crianza y anteriormente a la de mi madre, pero nunca había recibido la bendición de tener sus propios hijos.

A pesar de eso, Rainy y Madison inmediatamente se identificaron mutuamente. A pesar de las huellas del paso de los años, Rainy mantenía su encanto indeleble. Ella y mi hija se hicieron amigas rápidamente.

Una vez, durante un momento de claridad, Rainy preguntó, “¿por qué no me dejan cuidar la bebé mientras ustedes se ocupan de las cosas que tienen que hacer?” Para ser honesto, yo no confiaba en que ella tuviera la capacidad de cuidar a Madison mientras yo estaba fuera lavando la ropa o preparando la comida o cualquiera de la docena de cosas que tenía que hacer. A cualquier excusa que yo le daba como respuesta, ella tenía una reacción casi desdeñosa, y su contraargumento era: “Yo te cuidé a ti y a tu mamá cuando eran bebés, y creo que tengo bastante experiencia.”

Esta conversación se repetía constantemente hasta que, finalmente, cuando Madison era mayorcita, le acepté a Rainy su ofrecimiento. Sorprendentemente, por lo menos para mí, ella tenía una habilidad natural. Podía mantener a Madison entretenida durante horas en actividades infantiles, jugando todo aquello que los niños disfrutan. Al crecer Madison, Rainy pudo dedicarse a cuidar a mi hija durante períodos más largos. Al ir envejeciendo, la salud de Rainy empeoró, y Madison pudo también cuidarla a ella.

Conseguir que Rainy comiera siempre era un reto. Yo la persuadía, le imploraba y algunas veces le gritaba para hacer que comiera. Sin embargo, una vez, Madison, muy quisquillosa para comer, dijo que no comería hasta que Rainy lo hiciera. Rainy se lo comió todo.

Criar hijos y cuidar ancianos al mismo tiempo puede ser fácil si tú recuerdas que tu familiar anciano no es un niño. El anciano, ya débil, muchas veces está batallando mentalmente para encontrarle un sentido a su vida, ya que ellos muchas veces sienten que son una carga para los familiares más jóvenes. Al alentar a Rainy para que nos ayudara con Madison, ella disfrutó sus últimos años con un propósito de vida renovado. Madison y yo éramos muy afortunados de tenerla a nuestro lado.

¿Estás cuidando a familiares ancianos y criando hijos al mismo tiempo? ¿Qué encuentras más satisfactorio? ¿Qué consideras es lo más exigente?

 

 

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