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Bodas

Una boda, dos vestidos de novia y mucha complicidad: así fue el día más esperado por Harry y Meghan

Emoción, sonrisas, un coro de gospel, mucho colorido y sombreros discretos, son algunos de los elementos de la boda más anticipada del año.
19 May 2018 – 12:29 PM EDT

En Londres no hubo una sola nube en el cielo para celebrar la boda del príncipe Harry, el hijo menor del heredero al trono de Inglaterra, el príncipe Carlos y la difunta princesa Diana de Gales, con la actriz estadounidense Meghan Markle, en la capilla de San Jorge, ubicada en los terrenos del castillo de Windsor, la residencia de descanso preferida de la reina Isabel II .

Que la boda fuera el 19 de mayo causó un poco de sorpresa: una ceremonia en sábado no es muy común para la familia real, ya que las bodas reales se hacen usualmente entre semana y se declaran días feriados.

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La fecha también resulta interesante para los aficionados a la historia: el 19 de mayo de 1536, fue decapitada la reina Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII, pero este terrible detalle, pasará a compartir día con la ceremonia nupcial más anticipada de 2018.

Se recordará cuando los ahora duques de Sussex se unieron en matrimonio en presencia de la familia real en pleno, - incluyendo al príncipe Felipe, consorte real, que ha tenido problemas de salud, pero insistió en estar presente en la boda de su nieto- y algunas de las más rutilantes celebridades de Reino Unido y Hollywood.

Tras haberse conocido en una cita a ciegas en el barrio de Soho, Meghan y Harry se han convertido en la pareja más popular del momento. Ella de origen sencillo y él con una infancia muy expuesta, son la nueva cara de la realeza británica. Fueron capaces de reunir a figuras como Amal y George Clooney, Oprah Winfrey, Elton John, David y Victoria Beckham y hasta a la polémica duquesa de York, Sarah Ferguson, en la nave central de la capilla, que data del siglo XII, para atestiguar el "sí quiero" que se dieron ante los ojos del mundo a través de la televisión y las redes sociales.


Esperando a la novia


Siendo una boda real con la presencia de la reina Isabel, la puntualidad fue clave: Desde las 11 de la mañana (hora de Reino Unido) comenzaron a llegar los 600 invitados ; Amal Clooney con un vestido amarillo dorado de Stella McCartney, del brazo de su esposo, George, barbado y sonriente; Victoria Beckham en negro (nuevamente desafiando el protocolo) con tacones altos en color escarlata y poniendo mala cara porque David, su marido futbolista aceptó tomarse selfies -que se había pedido a los participantes que lo evitaran- con gente que esperaba afuera de la capilla; también en un entallado traje color melocotón de Stella McCartney y enormes gafas oscuras, entraba Oprah.

Poco después, llegaron Elton John y su marido, los actores Idris Elba, Carey Mulligan, James Corden y Tom Hardy (todos británicos), el elenco en pleno de la serie ' Suits', que estelarizó Meghan, y una de sus más íntimas amigas: la tenista Serena Williams en un vestido color palo de rosa, acompañada de su marido, el empresario de Internet Alexis Ohanian.

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Además de las celebridades, también llegó la familia real, entre ellas Sarah Ferguson, quien es tía de Harry, acompañada de su exmarido el príncipe Andrés y las hijas de ambos: Eugenie -que se casa en noviembre en el mismo lugar- en un vestido corto en baby blue, con un discreto sombrero estilo pillbox y de la mano de su prometido Jack Brooksbank, mientras que su hermana mayor, la princesa Beatrice iba en en verde esmeralda y con un tocado mucho más discreto que aquél 'fascinator' tan espectacular que llevó a la boda de su primo William en 2011. Según se supo, Sarah estuvo a punto de no ir. Harry exigió que se le invitara a la ceremonia, aunque el príncipe Carlos la excluyó de la fiesta privada de la noche en Frogmore House,

Mientras esto ocurría, Meghan y su madre, Doria Raglan se dirigían a la capilla en un Rolls-Royce Phantom IV color chocolate, perteneciente a la reina. Mientras hacía su recorrido escoltada por un cuerpo de seguridad en seis vehículos, Meghan había logrado ocultar su vestido, lo que causaba mucha expectación.


A la capilla ya llegaba la princesa Ana, única hija de la reina, en un elegante traje color rojo oscuro. El príncipe Eduardo, duque de Wessex, llegó con su esposa, Lady Sophie, a quien seguramente le trajo recuerdos la ceremonia, ya que ellos se casaron en la misma capilla el 19 de junio de 1999.

Harry llegó a pie acompañado por su hermano William. Ambos en el uniforme del regimiento de caballería ' Blues Royals' del ejército británico, se vieron muy sonrientes y bromistas. Harry finalmente conservó su barba roja, aunque se había especulado que se la quitaría para la ceremonia.

Después de dejar a su hija, Raglan llegó en otro auto a la capilla vestida con un traje en color menta de Oscar de la Renta, y seguida por el príncipe Carlos, acompañado por Lady Camilla, duquesa de Cornwall, ella en rosa pastel con una pamela idónea para la ceremonia.

La última en llegar fue Isabel II, acompañada del príncipe Felipe de 96 años. El protocolo real dicta que siempre la reina, como la persona de mayor rango, debe ser la última en entrar y la primera en salir. Pero esto se obvia en la ocasión de las bodas, cuando la soberana cede el protagonismo -y el derecho de entrar tarde y salir antes- a los contrayentes, en especial a la novia.

Con un traje sastre color verde lima con acentos en lavanda, la reina entró a la capilla y ocupó su sitio detrás de Carlos, en la segunda fila del lado derecho -no ocupó la primera, al no ser madre o padre del novio-, con su expresión serena y muy atenta a lo que ocurría mientras llegaba la novia, que naturalmente paralizó el tiempo unos segundos, al hacer su aparición.



Al pie del altar


La especulación sobre el atuendo y estilo de Meghan, de 36 años, para su boda terminó cuando ella llegó a la capilla, acompañada por su séquito de pajes que incluyó a sus ahora sobrinos, George y Charlotte, de la mano de su madre, Kate Middleton, en un conjunto (usado en otras ocasiones) en tonos de marfil en la que es su primera aparición pública después del nacimiento de su tercer bebé, Louis.

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El vestido, del que tanto se había especulado, finalmente inició su historia. Una mujer fue la encargada del diseño: Clare Waight Keller de la casa Givenchy, hizo una creación elegante y simple con manga tres cuartos, un largo velo de encaje decorado con motivos que representaban todas las flores de los países que conforman el Reino Unido; realizado en seda, el vestido era de un blanco suave, con escote boatneck y cintura ajustada.

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Como un ingrediente especial se destacan las joyas. Meghan llevaba un brazalete de diamantes que le obsequió Harry, su anillo de compromiso (que incluye dos diamantes de la colección personal de la princesa Diana) y lo más anticipado: la tiara.

En esta ocasión, la novia lució la bella y discreta tiara estilo ' bandeau' conocida como la filigrana floral, creada en 1932 con un broche al centro para la reina María ( María de Teck, viuda del rey Jorge V), abuela de la reina Isabel II y a quien le obsequió esta pieza en 1953 en vísperas de su coronación.

Meghan llevaba el cabello recogido en un moño muy sencillo, fresco, sin complicaciones. Su maquillaje fue natural también. Ambos fueron creación de Serge Normant, quien viajó directamente a Windsor para maquillarla.

Al hacer su entrada a la capilla, del brazo de su ahora suegro, Meghan causó un gran silencio. Hizo notar la discreción en los tocados de las invitadas y la belleza de las flores de Philippa Craddock que al final de la ceremonia serían donadas a hospitales y centros de reposo en esa zona.

Cuando el Príncipe Harry vio a su novia desde el altar, se le rasaron los ojos de lágrimas; ella le sonrió desde lejos y murmuró " Hi" (Hola). Cuando acercándose al altar llegaba Meghan, él sonriente y nervioso, le dijo: " You look amazing. And I'm su lucky " (Te ves increíble. Tengo mucha suerte). Así comenzaba la ceremonia nupcial más esperada del 2018.


El poder del amor


Uno de los detalles más significativos fue que la primera lectura la hizo Lady Jane Fellowes (hermana mayor de Lady Diana) recitando pasajes de ' El cantar de los cantares'.

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Después, el obispo Michael Curry hizo una homilía en la que citó a Martin Luther King, hablándoles del poder del amor y después de su emotivo sermón, el coro gospel The Kingdom interpretó Stand by me, de Ben E. King, una canción que sorprendió a muchos, al ser un tema de los 60 e interpretada en algunas protestas a favor de la igualdad racial y no un himno. Pronto, los novios y sus allegados la coreaban en conjunto.

Tras el intercambio de votos -en los que Meghan prometió amor y lealtad a Harry, mas no obediencia- y anillos, todos los presentes entonaron el himno real ' God Save The Queen'. En ese momento, la flamante duquesa de Sussex aprovechó para sonreír y mirar dirtectamente a su nueva abuela política, rompiendo un poco el protocolo; y así el servicio religioso encabezado por el arzobispo de Canterbury terminó.


La familia salió siguiendo a Meghan -con la reina nuevamente siendo la última del cortejo-; y no faltaron detalles simpáticos: el principito George quiso salir con sus padres y no con los otros pajes, donde su hermanita Charlotte saludaba a diestra y siniestra, como toda una diplomática.

Si bien no habría el beso oficial en un balcón, a la 1:05 pm, la nueva pareja se dio un beso en la escalinata de la capilla; Meghan portaba un ramo con el tradicional mirto, toques de no-me-olvides (flor favorita de Diana) y unas rosas que el propio Harry recogió del jardín del palacio de Kensington, donde vivirán como marido y mujer.

Ya casados, Meghan y Harry pasearon por el pueblo, saludando a quienes se reunieron en las calles para deearles felicidad. Luego de su circuito, volvieron al St. George's Hall, donde los 600 invitados almorzaron con la reina como anfitriona, celebrando lo que indica ser un auténtico cuento de hadas hecho realidad. Durante este convivio, fue el Príncipe Harry el que tomó la palabra y deleitó a los presentes al usar en su discurso la frase: "Mi esposa y yo".

Más tarde, y siguiendo la tradición, Meghan Markle eligió un segundo vestido de novia para la fiesta ofrecida por el Príncipe Carlos en Frogmore House a los nuevos esposos. El vestido diseñado por la célebre británica Stella McCartney era de un tono blanco azulado con corte halter y cuello alto hecho en crepé de seda.

El príncipe Harry también cambió su atuendo militar por un elegante esmoquin negro. Ambos se retiraron en un Jaguar decapotable azul metálico de 1968. La placa del auto fue acuñada como "E190518" en honor a la fecha de la boda.

Al acercarse el final de un espléndido día para la realeza británica, los nuevos esposos convivieron en Frogmore House con unos 200 invitados. Trascendió entre la prensa que se esperaba que Meghan ofreciera un discurso en ausencia de su padre. Ahora era su turno para hablar y una vez más, de manera muy elegante, se rompía otro tradición de la corona del Reino Unido.

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